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Aun así, hay casos en los que un Estado interviene y el acuerdo se cae. El fútbol chileno atravesó uno de esos episodios y dejó un antecedente que se sigue citando en la región cada vez que se discute qué puede anunciarse en una camiseta.
La pregunta de fondo no es deportiva ni comercial. Es sobre los límites de la publicidad cuando el producto anunciado está en discusión legislativa.
El caso chileno, de contrato millonario a marcha atrás
En enero de 2023 la Asociación Nacional de Fútbol Profesional confirmó a una casa de apuestas como auspiciante principal del Campeonato Nacional. El anuncio llegó en un momento incómodo: el Congreso debatía simultáneamente el marco del juego en línea y una norma sobre su publicidad. La contradicción entre lo que el Estado discutía prohibir y lo que la liga acababa de firmar fue inmediata.
El acuerdo se deshizo ese mismo año. La ANFP perdió un contrato plurianual que proyectaba alcanzar los ocho millones de dólares en su tercera temporada, y varios clubes retiraron los logotipos de la indumentaria mientras se resolvía la situación.
Lo que no cambió fue el mercado. Los operadores siguieron llegando a los clubes de forma individual, y las comparativas de casas de apuestas deportivas que publica la prensa chilena mantuvieron su público, ordenando la oferta por cobertura de mercados, plazos de retiro y licencia extranjera de cada operador, en un país donde el juego en línea aún no cuenta con licencia local y donde toda mención al sector se acompaña de advertencias de juego responsable. La intervención estatal alcanzó al contrato de la liga, no al vínculo entre marcas y clubes.
En diciembre de 2025 la asociación cerró el ciclo con un auspiciante ajeno al rubro: Mercado Libre pasó a nombrar el torneo para las temporadas 2026 y 2027.
Antecedentes en Italia e Inglaterra
Chile no inventó el problema. Italia lo abordó en 2018 con el Decreto Dignità, que prohibió la publicidad de juego y apuestas en prácticamente todos los soportes, incluida la indumentaria deportiva. El impacto sobre la Serie A fue directo y obligó a los clubes a reconstruir su cartera comercial en un plazo corto.
Inglaterra eligió una vía distinta: en lugar de una prohibición legal, un acuerdo voluntario entre los clubes de la Premier League para retirar las marcas de apuestas del frente de la camiseta, manteniendo su presencia en mangas y publicidad perimetral. El resultado práctico es una restricción parcial, negociada por la propia industria antes de que llegara la ley.
Los tres modelos, prohibición general, autorregulación sectorial e intervención sobre un contrato puntual, producen efectos distintos. El italiano es el más contundente y el que más ingresos desplazó. El inglés es el más estable en el tiempo. El chileno es el más rápido de aplicar y también el más fácil de eludir, porque deja intacto el canal principal.
Qué queda en discusión
El punto no resuelto es la asimetría. Cuando la norma alcanza al torneo pero no a los clubes, la exposición publicitaria se redistribuye en lugar de reducirse, y termina concentrada en las instituciones con menos capacidad de negociar alternativas.
Para las ligas del sur de la región la discusión no es teórica. Los presupuestos de los clubes medianos dependen de acuerdos comerciales que se renegocian cada temporada, y una restricción publicitaria sin plazo de transición no reduce el gasto: reduce el ingreso.
Un Estado puede voltear un contrato. Lo que no puede hacer con la misma facilidad es reemplazar lo que ese contrato financiaba.
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