El fútbol barrial volvió a demostrar que, mucho más allá de una pelota y un resultado, también es memoria, pertenencia, amistad y familia. En la cancha Nora Vera, la comunidad del fútbol de los barrios se reunió para despedir a Raúl Oscar Sandoval (1960-2026), un hombre profundamente ligado a la actividad y que dejó una huella imborrable entre quienes compartieron con él su pasión por la redonda.

El homenaje fue organizado por la Asociación Independiente del Fútbol de los Barrios y contó con la presencia del presidente de la Liga, Martín Cortés. En ese marco, los clubes Cóndor y Arcoíris se unieron para protagonizar un partido que tuvo un significado especial: salir a la cancha no solamente para competir, sino también para honrar la memoria de un hombre que encontró en el fútbol uno de los grandes motivos de felicidad de su vida.

Fue una jornada atravesada por la emoción. Familiares, amigos, allegados y numerosos integrantes de la comunidad futbolera acompañaron a los seres queridos de Raúl en una despedida que tuvo como escenario el mismo lugar que tantas veces lo vio jugar, compartir y disfrutar.

Y allí ocurrió uno de los momentos más significativos del homenaje: sus cenizas fueron esparcidas sobre el césped de la cancha Nora Vera, cumpliendo así uno de los últimos deseos que había expresado en vida.

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Los equipos súper senior de El Cóndor y Arcoíris jugaron un partido homenaje en memoria de Raúl “El Correntino” Sandoval.

“Papá fue muy feliz con una redonda en los pies y su gente”

Su hija, Nahiara Sandoval, expresó el profundo agradecimiento de la familia por el gesto de toda la comunidad del fútbol barrial.

Agradecidos a todos por el espacio, el respeto y el amor con que se brindó el homenaje. Gracias. Papá fue muy feliz con una redonda en los pies y su gente; no iba a ser algo menor. Gracias”, manifestó.

Sus palabras resumieron el sentido de una despedida que, lejos de quedar solamente en la tristeza, buscó recordar a Raúl desde aquello que lo hizo feliz: el fútbol y la gente que lo acompañó durante tantos años.

También Norma Calisto, su esposa, destacó el cariño recibido durante la jornada.

Simplemente, muchas gracias por tanto cariño. Lo hicieron muy feliz a mi amor, donde él siempre lo disfrutó, y estoy eternamente agradecida por toda mi vida”, expresó con emoción.

El deseo de Raúl, cumplido en la cancha

Uno de los testimonios más conmovedores fue el de su hijo, Franco Sandoval, quien recordó una conversación en la que su padre había expresado claramente cómo quería ser despedido.

Mi viejo fue feliz jugando al fútbol. En una de sus charlas, su deseo era esto: que sus cenizas se desparramaran en una cancha de fútbol”, contó.

Franco también reconoció la dificultad de atravesar la pérdida y explicó que todavía resulta difícil asimilar lo ocurrido.

La verdad es poco creíble cómo se dio la situación de mi viejo. Cuesta asimilarlo. Uno, de a poco, lo va asimilando, pero ver a toda esta gente, a la gente que está afuera igual acompañando, la verdad que emociona mucho y uno se siente feliz y agradecido hacia todos ustedes”, señaló.

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Franco, hijo de Raúl, cumpliendo el último deseo de su papá: que sus cenizas sean esparcidas en una cancha de fútbol.

En medio del dolor, la presencia de tantos compañeros, amigos y vecinos del fútbol barrial representó también una forma de acompañar a la familia y de mantener vivo el recuerdo de Raúl.

La cancha Nora Vera, ese lugar que durante tantos años fue parte de su vida, se transformó así en su última casa futbolera. Sobre el mismo césped donde tantas veces dejó el alma jugando, quedaron esparcidas sus cenizas y, con ellas, parte de una historia construida alrededor de una pasión compartida.

Porque hay futbolistas que se recuerdan por sus goles, otros por sus partidos y otros por los títulos. Y están aquellos que permanecen en la memoria por algo mucho más grande: por la gente, por los afectos y por la huella que dejaron dentro y fuera de la cancha.

Para Raúl Sandoval, el fútbol fue felicidad. Y el fútbol barrial, junto a su familia y sus amigos, fue el encargado de darle la despedida que alguna vez había imaginado.

 

 

 

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