La historia señala que en los albores del siglo pasado, la colectividad británica era una de las más importantes en Santa Cruz. Y ya en 1911, Río Gallegos iba transformándose en un pueblo que tenía la plaza, la iglesia, la escuela, dos bancos, el Juzgado, el correo, un frigorífico, unos pocos negocios y los clubes.
El Club Británico surgió entonces cuando nuestra ciudad daba sus primeros pasos y para generar un espacio de encuentro e intercambio que reunía a ingleses, escoceses, irlandeses, galeses, norteamericanos y también a quienes provenían de las colonias británicas.
Cuarenta y nueve hombres se reunieron aquel día en el Consulado local para formar el club que los iba a representar, naciendo una historia que hoy llega a los 110 años de tradición de la colectividad e integración con las demás comunidades.
Cuarenta y nueve hombres se reunieron aquel día del mes de abril
Al principio fue llamado “Coronation Club” en homenaje a la coronación del Rey Jorge V de Gran Bretaña, motivo que los había nucleado, pero con el tiempo se haría más representativo el nombre “British Club”. Fue el ganadero George Mc George quien facilitó un edificio de su propiedad donde funcionaba una posada de madera y chapa ubicada en la principal arteria del pueblo, Julio Argentino Roca, y donde actualmente funciona la institución luego de que los descendientes efectuaran la correspondiente donación.
El Club Británico cumple 110 años. Fachada actual.
Entre tanto, en el capítulo que abre el libro “Cien años del Club Británico de Río Gallegos: los británicos en Santa Cruz: 1911-2011” escrito por Milagros Pierini y Pablo Beecher, se señala que: “El Club se constituyó en un centro de reunión y esparcimiento de los residentes británicos y sus descendientes. Son muy recordados los festejos del 24 de mayo – Día del Imperio – especialmente la cena y los bailes de gala y de disfraces que se prolongaban hasta el 25, la fecha patria argentina – que inicialmente se habían realizado en el hotel Argentino .
Quedan también en el recuerdo de sus asistentes las interpretaciones musicales realizadas por las orquestas de Marcelo Merino y, posteriormente, de Nicolás Zuvic”.
Las mujeres del club y otras festividades
En sus inicios, “las actividades también incluían entretenimientos para los niños como la merienda, juegos y canciones tradicionales y el reparto de juguetes.
Durante muchos años, Laurita Beheran y Harriet Suárez estuvieron a cargo de la fiesta para los niños de la colectividad. En la Comisión de Damas también estuvieron Dilly Smith, Francis Martin y Louie Rudd. Más tarde, Pat Aldridge y Anne Bain coincidieron en esa comisión encargándose de la misma tarea. En los años ´70, John Fenton proyectaba para los chicos las películas de Walt Disney”.
Además, “la coronación de un monarca era siempre motivo de festejo. En 1953, Pat y Jesse Aldridge, Anne y Bobby Bain acondicionaron el club para celebrar la coronación de la reina Isabel II. Además del Día del Imperio también se celebraba en el Club el 30 de noviembre, día de San Andrés, Patrono de Escocia”.
Asimismo, la cena de los rotarios se hizo muchos años en el Club y a ella asistían también rotarios de Punta Arenas. “En años más recientes, son tradicionales y muy convocantes los típicos bailes, asados y tallarineadas que reúnen a buena parte de los socios y amigos del Club”.
“Es interesante destacar que el Club era prácticamente una institución de hombres. Durante muchos años las mujeres participaban exclusivamente en las Comisiones de Damas”.
Guerras Mundiales y el Conflicto del Atlántico Sur
También en el primer capítulo del libro, se puede encontrar un esbozo de lo que luego es el desarrollo más amplio acerca cómo la colectividad vivió ambas guerras mundiales, y por supuesto, la Guerra de Malvinas.
“En el primer caso (…) además de transmitirse todas las novedades relacionadas con las Guerras -se realizaron actividades para recaudar fondos para enviar a Gran Bretaña. Durante la Segunda Guerra Mundial la Comisión Directiva decidió no aceptar nuevos asociados hasta que no terminara la contienda. Asimismo fue inevitable el distanciamiento con los asociados de ascendencia germana. Un caso emblemático al respecto fue el de Federico Bitsch quien en el año 1920 al regresar de estudiar en Alemania, como le gustaba bailar quiso ingresar al Club Británico que era lo máximo socialmente en el pueblo, pero no se lo permitieron debido a que era alemán”.
“Por su parte, la Guerra de Malvinas (…) provocó en los socios sentimientos encontrados ya que si bien muchos de ellos se sentían más argentinos que británicos se dieron cuenta de que para muchos miembros de la comunidad de Río Gallegos ellos continuaban siendo británicos y, por ende, pertenecientes al bando del invasor. De resultas de esto, una vez terminada la guerra la actividad de la institución decayó notablemente por lo que habría que esperar varios años hasta que recién se pudiera dar un nuevo impulso al club”.
Podría decirse que desde su fundación, el Club Británico llevó adelante un sin número de actividades y tantas otras reuniones que simbolizaban la tradición de la colectividad y reafirman su integración con las demás comunidades.
Con el correr de los años, distintos cambios sociales y económicos hicieron que sucumbieran otras instituciones sociales de la zona, pero el Club Británico de Río Gallegos supo acomodarse al desafío de los nuevos tiempos y luego del letargo que le produjera la Guerra de Malvinas, volvió a ocupar protagonismo, seguramente porque la población británica constituyó un importante factor de progreso rural, comercial, edilicio, profesional, laboral y por ende: cultural.
No obstante, durante el pasado año 2020, el club, como otras instituciones de nuestra ciudad, permaneció cerrado durante la etapa de remodelación que coincidió con el aislamiento social y preventivo.
Aún así, los nuevos concesionarios trabajaron para su reapertura y para poder llegar a vivir el reencuentro de las familias, como en los viejos tiempos. Para recordar a los que ya han partido y a brindar por el futuro de familias y amigos.
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