“Te voy a matar, hija de p… te voy a matar”, le dijo AR a Anahí, su expareja, cuando era reducido por la Policía de Río Gallegos, tras protagonizar destrozos en una casa y golpearla a ella.
AR es un hombre de 28 años que se encuentra sin trabajo y se gana algunos pesos “haciendo changas”. Sobre él pesa una orden de restricción de acercamiento a su expareja: Anahí, una chica de 23 años, que vive en el barrio Belgrano de la capital santacruceña.
En su momento, allá por el 2018, AR y Anahí terminaron su relación luego de que él le pegara en el interior de la casa en la que vivían, ubicada en Marcelino López y Hernán Cortez, a media cuadra de la Comisaría Cuarta.
Luego de ello, Anahí decidió volver a la casa de su madre junto a la hija que había sido fruto de la relación con AR. La vivienda de su mamá no quedaba muy lejos: en el pasaje Fenton, apenas a dos cuadras del lugar donde pasó el primer hecho de violencia de género.
“Yo me fui para que no me siga pegando, yo estaba empezando a estudiar”, indicó Anahí en declaraciones a La Opinión Austral. Anahí es el nombre verdadero de la sobreviviente, que no tuvo problemas para que se conozca cómo se llama, ya que teme por su vida.
Desde el momento en el que Anahí se fue al pasaje Fenton, el asedio por parte de AR fue sistemático, incluso en el 2018 el hombre incendió de manera intencional el auto de la madre de la víctima.
Las denuncias por parte de Anahí también fueron constantes y, tras haberlas hecho en la Policía, la Justicia sólo otorgó una medida cautelar: la restricción de acercamiento.
De igual manera, AR, las viola de manera sistemática: al menos cinco veces fue demorado por el personal de la Comisaría Cuarta. “Una vez, mis hermanos le tuvieron que pegar porque andaba por acá, ellos en realidad se defendieron porque él los empezó a insultar, por la esquina, caminando o pasa en un Ford Escort gritándome cosas”, aseguró Anahí.
Con la llegada de la pandemia, los plazos de las restricciones de acercamiento se extendieron. Pero en septiembre del año pasado se registró uno de los hechos más violentos entre AR y Anahí.
Cerca de las cinco de la mañana del 2 de septiembre, AR se metió en la casa del pasaje Fenton. Realizó destrozos, golpeó a Anahí y luego la Policía lo detuvo. El violento sólo estuvo seis horas en la Comisaría Cuarta. Por decisión del Juzgado de Instrucción Nº 2, a cargo de Valeria López Lestón, recuperó su libertad y, lejos de calmarse, volvió a la casa de la joven y destrozó los vidrios de la morada para luego darse a la fuga.
A principios de este mes, marzo, finalizó el plazo de la restricción de acercamiento y AR volvió a contactarse con Anahí. “Quiero ver a mi hija”, le dijo él. “Vos la ves siempre cuando tu mamá se la lleva dos veces por mes”, contestó ella.
La exsuegra de Anahí se contactó con ella para decirle que no le escriba más a AR. Ella quedó anonadada, ella no le escribe a su ex. “Tengo mucho miedo porque sé que también le llenó la cabeza a ella”, aseguró la sobreviviente.
“Yo no puedo dormir tranquila, me dejó traumada, no quiero seguir sufriendo. Él siempre pasa por acá afuera diciendo cosas, no quiero que me mate, no quiero terminar en un ataúd”, dijo Anahí sobre el porqué de dar a conocer su caso a través de La Opinión Austral.
“La única respuesta que me dieron es la restricción, pero él siempre la incumple, tengo miedo que me mate. Me dijo que me iba a prender fuego la casa. Yo pedí el botón antipánico, pero en la Oficina de Violencia Doméstica me dijeron que recién los están implementando, no sé qué esperan”, dijo desesperanzada la joven y agregó: “Me dijeron que tengo que conseguirme un abogado, pero no tengo plata, entonces ¿qué tengo que hacer?”, concluyó.
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