Santa Cruz es la provincia con mayor cantidad de áreas protegidas del país. En su anteúltima visita a nuestro distrito, el ministro de Ambiente Juan Cabandié reconoció esta característica al considerar que: “Es la provincia que más parques nacionales tiene” y que “si sumamos los parques provinciales, hay un conjunto de áreas protegidas muy distinguidas, características y muy necesarias de preservar”.
Diputado Jorge Arabel.
No por casualidad este mes se presentaron dos iniciativas en la Cámara de Diputados pidiendo declarar dos sitios como reservas naturales y áreas protegidas: la isla Solitaria del lago Argentino (El Calafate) y la bahía de San Julián, islas Cormorán e islas Justicia (Puerto San Julián). Ambos proyectos comenzarán a ser analizados en comisiones, discusión que no será sencilla, ya que la enajenación de tierras para áreas protegidas viene siendo debatida intensamente en la Legislatura santacruceña.
Isla Solitaria
Las dos iniciativas parlamentarias están firmadas por los diputados Jorge Arabel, Carlos Santi y Juan Manuel Miñones (todos del bloque del Frente de Todos). Y en el caso del área protegida de San Julián, a esas firmas se le agrega la de la legisladora Patricia Inés Moreyra (también del FdT), oriunda de esa ciudad.
En el caso del proyecto 298, pide crear, en el marco de la Ley N° 3.466, la Reserva Natural Isla Solitaria, ubicada en el departamento Lago Argentino. La iniciativa detalla que se trata de un lugar de una superficie de 10,14 hectáreas (11.1430 m2), “conformando la misma un área protegida manejada principalmente con fines científicos”.
En este sentido, hay que mencionar que por Disposición Nº 012-2005 del Consejo Agrario Provincial (CAP), ya se procedió a declarar “Área de uso científico bajo protección especial” a la isla Solitaria, quedando a partir de tal medida “estrictamente prohibida toda alteración por parte de actividades antrópicas de los sistemas ecológicos existentes, excepto la actividad científica que utilice criterio conservacionista”.
Por intermedio de CAP, son áreas de “uso científico bajo protección especial”
De hecho, en 1991 CAP otorgó, por el término de un año, un permiso precario de ocupación que le imponía al beneficiario la obligación de realizar un plan de trabajo. Dicho permiso fue dejado sin efecto al comprobar mediante una inspección la inexistencia de dichos trabajos.
En 1997 se procedió a declarar fiscal y libre de ocupación a las tierras. Mientras que en 1999, como parte de los eventos conmemorativos de los dos mil años de cristianismo, la Municipalidad de El Calafate encargó la construcción e instalación de una cruz de 20 metros de alto por 10 metros de ancho y organizó un festejo con fuegos artificiales que provocaron un incendio, causando la quema de la vegetación natural de la isla.
Ya en el año 2001, el Municipio local otorgó a un particular una autorización provisoria para la explotación turística, lo que causó una degradación con diferentes grados de intensidad.
Lo cierto es que como resultado de todas estas intervenciones, según el proyecto de ley, quedaron restos de los alambres, partes de tambores oxidados de lo que fuera el muelle de amarre que se construyó en la isla y restos de la cruz, cuya estructura se cayó en el año 2011.
“Es nuestra intención, al impulsar la sanción de la presente, atendiendo de esta manera lo previsto oportunamente, salvar el aspecto legal, a fin de dotar a dicha zona del status jurídico contemplado por la Ley N° 3.466 de Áreas Protegidas, que establece la obligación de que la afectación y desafectación de las áreas protegidas se efectivice por ley”, reza el texto.
Bahía de San Julián
La otra iniciativa busca la creación de la reserva natural bahía de San Julián, islas Cormorán e islas Justicia como área protegida, también manejada principalmente con fines científicos.
Según especifica, un relevamiento realizado por la Dirección de Fauna Silvestre determinó que las mismas son utilizadas como hábitat, nidificando numerosas especies de aves marinas y costeras, como el “pingüino de Magallanes”, “cormorán de cuello negro”, “cormorán real”, “biguá”, “gaviota cocinera”, “gaviota austral” y otras aves menores; además residen en forma permanente en las aguas de la bahía cetáceos, como las “toninas overas” en número considerable.
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