Héctor Perincioli, casado con Norma Segovia, una de las dos hijas de don Alberto, fue el primero de la “segunda generación” de la familia en sumarse al diario. Para él significó dejar Buenos Aires. Lo hizo a pedido de su suegro, que había atravesado un ACV que le demandó casi un año de tratamiento. Corría el año 1988. “Mi suegro empezó a compartirme el lugar en La Opinión”, recuerda Perincioli. De a poco “empecé a ver el manejo del diario”, del que no sabía nada, ya que como arquitecto “yo me dedicaba a una empresa constructora. A mí, simplemente, me gustaba escuchar la radio y leer el diario”.
Le tocó vivir de cerca las primeras transformaciones radicales de la empresa. Llegaron las computadoras y el sistema offset. “Fue un cambio muy importante y con eso la gente colaboró mucho. Pero fue bravo”.
DICIEMBRE 1992. Brindis de fin de año con Alberto Segovia y Héctor Perincioli.
Pocos años después, don Alberto decidió retirarse y “me dijo que me hiciera cargo”. Lo recuerda como una gran responsabilidad, “tanto en lo técnico como en lo profesional”. Era mucho para administrar. “Era demasiado para mí. Por suerte, Mabel (Segovia) pudo integrarse, fue un gran alivio para mí”.
En aquel momento la dirección estaba a cargo de Rafael “Rody” Rodríguez, pero unos años después él se retiró y desde entonces y hasta que la empresa cambió de manos, la dirección quedó a cargo de “El Arquitecto”, como se lo llamaba internamente.
También la era digital fue un desafío que le tocó afrontar. “Nos preguntábamos qué era lo que iba a pasar, cómo repercutiría Internet en los diarios”. Fueron tiempos de mucha inversión. “Lo bueno es que se pudo alcanzar la virtualidad, fue una etapa dura. Hoy las redes dominan todo”.

Remarca, igualmente, que “la radio es algo que no hay que dejar olvidado, hoy pasa a jugar un papel fundamental. En algún momento se va a comer al diario y tendrá, bajo el nuevo formato audiovisual, una competencia enorme con la televisión”.
Al consultarle sobre qué significó el diario para él, la respuesta fue clara: “La Opinión Austral significó un cambio en mi vida. Tuve momentos hermosos y muy tristes. Desde lo familiar, desde lo que se hizo, lo que se intentó y lo que no se pudo”.
“Si Alberto no me hubiese convocado, no sé qué hubiese sido de mi vida. Fue de un día para otro, fue un quiebre total”. “Me dejó eso, un cambio total en mi vida”, reitera. Cuando ingresó “tenía la mitad de la edad que hoy tengo, la otra mitad fue el diario. Me marcó enormemente, me cuesta hablar porque los recuerdos son hermosos, con peleas y angustias incluidas”.
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