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El noveno informe sobre el progreso de la Agenda 2030 en América Latina y el Caribe, publicado en abril de 2026 por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), presenta un balance que empeora respecto del año anterior. Con el ritmo de avance actual, solo el 19% de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se alcanzarían en 2030, un porcentaje inferior al 23% proyectado hace apenas un año. El 42% de las metas avanza en la dirección correcta pero a un ritmo insuficiente, y el 39% se encuentra estancado o en retroceso respecto de 2015. “Estos resultados son más desfavorables que los proyectados hace apenas un año, lo que refleja el impacto negativo del complejo escenario internacional actual”, señala el informe.
El secretario ejecutivo de la CEPAL, José Manuel Salazar-Xirinachs, advierte en el prólogo del documento que “el año 2025 ha demostrado ser un punto de inflexión en la economía y la geopolítica mundiales”, caracterizado por un giro hacia el proteccionismo, el debilitamiento del sistema multilateral y la transición hacia lo que el informe denomina “interdependencia instrumentalizada”: la práctica de los Estados de convertir las redes económicas y tecnológicas en instrumentos de poder coercitivo. Para la región, este contexto externo se suma a problemas internos de larga data: débiles capacidades institucionales, financiamiento limitado, alto endeudamiento y un crecimiento económico que en el período 2015-2025 apenas promedió el 1,1% anual, prácticamente la mitad del registrado en la llamada “década perdida” de los años ochenta.
Un continente rezagado en lo social y lo ambiental
El informe traza un mapa detallado de los déficits regionales. En lo social, el 25,5% de la población vive en situación de pobreza y el 9,8% en pobreza extrema, mientras que la inseguridad alimentaria afecta al 28,2% de los habitantes, unos 187,6 millones de personas, cifra superior a la de antes de la pandemia. La desigualdad sigue siendo estructural: el 10% más rico concentra el 34,2% del ingreso total, mientras que el 10% más pobre capta apenas el 1,7%. En educación, el 71,2% de los estudiantes de 15 años no alcanza competencias básicas en matemáticas según las pruebas PISA 2022, con una brecha pronunciada entre el cuartil socioeconómico más bajo (86,7%) y el más alto (47,3%). La informalidad laboral afecta al 47% de la población ocupada y el desempleo juvenil se ubica en torno al 15%, el doble del promedio de los mayores de 24 años.
En lo ambiental, el panorama también es alarmante. En 2024 se perdieron aproximadamente 67.000 km² de áreas selváticas en todo el planeta -casi el doble que en 2023-, y el 71% de esa destrucción se concentró en seis países latinoamericanos, encabezados por Brasil y Bolivia. El informe señala que, por primera vez en la historia, los incendios superaron a la tala como principal causa de deforestación. A esto se suma que 2024 fue el año más cálido jamás registrado en la región, con una temperatura media 1,47°C superior a la del período de referencia 1961-1990, y que el 82,1% del territorio regional se ha vuelto más árido al comparar los períodos 1961-1990 y 1991-2020.
Entre los objetivos con mejor desempeño se destaca el ODS 7 (energía asequible y no contaminante), el único donde ninguna meta se encuentra estancada o en retroceso: el 80% de sus metas tienen altas probabilidades de cumplirse en 2030, impulsadas por décadas de inversión en energías renovables. En el extremo opuesto, los objetivos sobre fin de la pobreza, reducción de las desigualdades, acción climática, paz e instituciones sólidas e industria e innovación no alcanzarían ninguna de sus metas para 2030.
Geopolítica, deuda y el llamado a no bajar los brazos
El informe dedica un capítulo central a los nuevos obstáculos geopolíticos. El aumento unilateral de aranceles por parte de Estados Unidos -cuya tasa promedio efectiva pasó del 2,7% en 2022-2024 al 16,9% en febrero de 2026- y la erosión de las normas de la Organización Mundial del Comercio plantean riesgos directos para las exportaciones regionales. A esto se suma la caída en la asistencia oficial para el desarrollo y la brecha de financiamiento para los ODS, estimada en 650.000 millones de dólares anuales, equivalente al 15% del PIB regional. El servicio de la deuda representa el 2,9% del PIB y en 2023 esto ha equivalido al 70% del gasto en educación, al 86% del gasto en salud y al 57% del gasto en protección social.
Sin embargo, el informe evita el tono catastrofista. “El mayor riesgo es bajar los brazos y caer en la desesperanza”, sostiene el documento. El desarrollo sostenible, argumenta la CEPAL, “no funciona de manera binaria (todo o nada), ya que se trata de un proceso multidimensional en el que los progresos importan y pueden transformar la vida de millones de personas”. El organismo llama a fortalecer la cooperación internacional, implementar reformas fiscales progresivas, reducir la evasión tributaria -que en 2023 llegó a 433.000 millones de dólares, equivalente al 6,7% del PIB regional- y articular alianzas entre gobiernos, sector privado, sociedad civil y academia. “La cooperación y la colaboración son el mayor contrapeso frente a un mundo cada vez más definido por el poder y la fuerza”, concluye el informe.
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