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El cierre del estrecho de Ormuz durante los últimos nueve días, tras el estallido de la guerra en Irán, ha encendido alarmas en todo el mundo. En principio, la preocupación se concentra en el petróleo: cerca del 20% del crudo mundial atraviesa este paso marítimo entre Irán y Omán. Pero la magnitud del problema excede ampliamente al combustible.

Este estrecho de apenas 21 millas náuticas de ancho funciona como una arteria crítica del sistema económico global. Su bloqueo amenaza cadenas de suministro que sostienen desde la producción de chips y baterías hasta la agricultura mundial.

La crisis revela algo más profundo: la dependencia del planeta de un único cuello de botella logístico.

El corredor por donde pasa una quinta parte del petróleo mundial es clave para la seguridad energética europea y para la economía global.

El azufre invisible que sostiene la industria global

Uno de los efectos menos visibles del cierre del estrecho de Ormuz es el impacto sobre el azufre, un subproducto clave de la refinación de petróleo y gas.

A nivel global, el 92% del azufre se obtiene del refinado de hidrocarburos. Este elemento es la materia prima del ácido sulfúrico, considerado el químico más producido del planeta.

Su importancia es enorme. Es esencial para extraer cobre en la minería, permite la extracción de cobalto, clave para baterías y se utiliza en fertilizantes y procesos industriales.

Sin ácido sulfúrico, se paralizan industrias completas. Las minas de cobre de América Latina o las de cobalto en África dependen de este reactivo para operar.

El resultado sería un freno inmediato a la electrificación global, afectando la fabricación de transformadores, cables de alta tensión y baterías para vehículos eléctricos.

El riesgo de un apagón en la fábrica mundial de chips

El bloqueo de Ormuz también amenaza el corazón de la economía digital.

Qatar envía alrededor del 30% del gas natural licuado (GNL) que consume Taiwán a través de este paso estratégico. Según estimaciones recientes, la isla cuenta con aproximadamente 11 días de reservas.

Esto es crítico porque la pequeña nación insular alberga a TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company), responsable de cerca del 90% de los chips avanzados del mundo. Desde sus fábricas salen piezas clave para compañías como Apple, Nvidia, AMD y Qualcomm, que dependen de la firma taiwanesa para sus productos más sofisticados.

El edificio de Taiwan Semiconductor Manufacturing Co. (TSMC) en el Parque Científico Central de Taiwán en Taichung.

La producción de semiconductores consume enormes cantidades de energía. Solo TSMC utiliza casi el 9% de toda la electricidad de Taiwán.

El escenario es preocupante:

  • Sin gas natural, no hay electricidad suficiente.
  • Sin electricidad, las fábricas de chips se detienen.
  • Sin chips, se paralizan industrias enteras: desde smartphones y automóviles hasta servidores de inteligencia artificial.

En otras palabras, el cierre de Ormuz podría convertirse en un golpe indirecto al ecosistema tecnológico global.

El impacto en los fertilizantes y la seguridad alimentaria

El tercer frente de impacto es quizá el más alarmante: la producción de alimentos.

Alrededor del 33% de la materia prima mundial para fertilizantes nitrogenados transita por el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz.

Estos fertilizantes son esenciales porque el nitrógeno sintético permite alimentar a casi la mitad de la población del planeta. Sin él, los rendimientos agrícolas se desploman.

Un bloqueo prolongado podría provocar escasez de fertilizantes, aumento de costos agrícolas y reducción de las cosechas globales.

No se trataría solo de inflación en los supermercados, sino de riesgos reales de escasez alimentaria en los próximos meses.

Un efecto dominó en las cadenas de suministro

La crisis ya está afectando la logística mundial. Más de 3.200 barcos permanecen inactivos dentro del Golfo Pérsico, cerca de 500 buques esperan fuera de la región para ingresar y muchas rutas marítimas están siendo desviadas alrededor del Cabo de Buena Esperanza, en el sur de África.

Ese desvío puede añadir 10 a 14 días de viaje y cerca de 1 millón de dólares adicionales en combustible por barco.

La congestión se amplifica porque la cadena logística funciona como un sistema interconectado: un bloqueo en un punto provoca retrasos en decenas de puertos y rutas comerciales.

En pocas palabras, el estrecho de Ormuz no es simplemente una ruta petrolera: es uno de los interruptores más críticos del mundo moderno.

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