Your browser doesn’t support HTML5 audio
Las elecciones de medio término en Estados Unidos reconfiguraron el mapa político de ése país. El Partido Demócrata logró una amplia victoria electoral tras quedarse con el control de la Cámara de Representantes y alcanzar la mayoría en el Senado, un escenario que limita severamente el margen de maniobra legislativo del presidente Donald Trump para los últimos dos años de su mandato. La derrota republicana estuvo impulsada por el descontento social frente al alza en los precios de alimentos y combustibles, las políticas migratorias y la creciente tensión por el conflicto en Medio Oriente.
En diálogo con LU12 AM680 Río Gallegos, el analista internacional Diego Gutiérrez examinó las claves del nuevo escenario político norteamericano y evaluó las consecuencias directas que este revés oficialista proyecta sobre la política regional y la estabilidad financiera de la Argentina.
Contexto continental
“En los últimos 2 años, el gobierno de Donald Trump tuvo una retracción hacia el continente americano, hacia Latinoamérica, muy importante, dejando un poco de lado a Europa, aunque con una presencia muy fuerte en Medio Oriente. Se ha recostado sobre nuestro continente como para rearmarse, tratar de rearmar su poder para enfrentar el enfrentamiento geopolítico que tiene con China“, explicó el especialista.
Al referirse a la dinámica electoral en la región, indicó que las victorias de administraciones afines a la agenda de la Casa Blanca venían consolidando esa postura, aunque el ciclo político comenzó a virar. “Esto parece haber terminado por lo menos con la elección en Brasil, donde Lula da vuelta una elección que parecía perdida. Y ahora tiene un problema interno directamente, porque el resultado de las elecciones de ayer lo podemos calificar casi como una paliza histórica del Partido Demócrata“, afirmó.
Debes interno
Respecto a la reacción de la conducción republicana frente a los cómputos oficiales, el analista repasó las resistencias iniciales a convalidar los datos de las urnas. “Él todavía no reconoce la derrota con Joe Biden del 2020 y entonces había muchas dudas sobre cuál iba a ser la actitud si perdía las elecciones, sobre todo en la Cámara de Senadores, si iba a reconocerlo o si iba a intentar alguna maniobra judicial en algún Estado. La derrota fue tan grande que no le quedó otra cuestión que reconocerlo“, precisó.
En relación con los argumentos esgrimidos desde el entorno presidencial, el analista puntualizó: “Él ya en campaña venía diciendo que no estaba en la boleta, pero piensen que estoy y que me están votando a mí, como para incentivar a la gente. Eso parece haber sido contraproducente y los estados que tenían en juego la Cámara de Senadores y representantes republicanos que estaban muy disputados los perdió. Salió a reconocer la derrota diciendo que en realidad se perdió porque él no estaba en la boleta y si hubiera estado ganaba caminando. Es una forma de reconocerlo, la derrota es tan aplastante que no le queda ni siquiera margen para poder cuestionarla“.
Consultado sobre las implicancias en la gestión cotidiana, el especialista remarcó que la agenda legislativa parlamentaria absorberá la atención de la administración. “Los legisladores demócratas lo van a tener bastante ocupado con cuestiones internas de su gobierno. Vimos que durante la elección anunció que a partir de diciembre va a dejar de enviar ese presupuesto que le daba a Israel de unos 3.800 millones de dólares. ¿Por qué? Porque hay una cuestión interna de que la gente en Estados Unidos está empezando a ver con menos cariño a Israel y con mayor simpatía a los palestinos“, detalló.
Sobre los factores puntuales que desgastaron la gestión oficialista, situó tres variables centrales en el plano local. “Aparte de que se ocupa de cuestiones externas y no se ocupa del frente interno, que es la economía, los tres factores principales de la derrota tienen que ver con la economía, con el valor de los precios de los alimentos y el valor de los combustibles. La otra cuestión muy fuerte fue la de la inmigración, que también le pegó: perdió el estado de Texas con una gobernadora demócrata y con un candidato como James Talarico, donde no se ganaba un representante en el Senado por Texas desde el año 1988, hace casi 40 años”, señaló.
En cuanto a la posibilidad de buscar una nueva reelección hacia el año 2028, sostuvo: “Por ahora ese camino está cerrado, constitucionalmente no podría hacerlo. Yo creo que con esta derrota tan contundente no le queda ni siquiera el margen para intentarlo. Esto es una derrota de su gestión y seguramente se abrirán las líneas internas de sucesión entre quienes hoy son los más firmes candidatos, que son el vicepresidente James Vance y el secretario de Estado Marco Rubio“.
Pugna política
Frente al reordenamiento de las bancadas en el Capitolio, Gutiérrez describió las corrientes internas en disputa dentro de cada espacio político. “En lo interno hay una buena disputa entre este creciente movimiento de socialismo democrático dentro del Partido Demócrata y los demócratas más centristas o más proestablishment, hay que ver eso cómo se abre en torno a la disputa de los candidatos para la presidencia dentro de 2 años. Para los republicanos también va a haber cuestionamientos para el movimiento MAGA y quizás los republicanos que son más críticos, como los que se hacían llamar neoconservadores, tendrán esa disputa. Esas dos ramas las representan Marco Rubio por un lado y James Vance por el otro”, evaluó.
En materia de política exterior, distinguió las coincidencias bipartidistas de las diferencias de enfoque: “Hay algunas cuestiones que son bipartidistas, como la competencia con China, lo que pasa es que las formas o los instrumentos varían. El Partido Demócrata tiene una línea muy diferente en su relación con Europa; los Estados Unidos con Trump es más de dejarlos de lado, en cambio el Partido Demócrata estaba con una política de reforzar la unidad con la Unión Europea“.
Asimismo, situó el escenario energético como una prioridad ineludible. “La cuestión más prioritaria ahora es la cuestión del estrecho de Ormuz, porque mientras siga cerrado los precios de los combustibles van a seguir altos e influenciando en la inflación norteamericana y en los precios globales. Tendrán que resolverlo de alguna manera. Yo no creo que vayamos a una guerra abierta de vuelta como la que se produjo contra Irán, pero también está jugando el factor Israel y cómo presiona a Estados Unidos para que lo apoye en nuevos ataques”, expuso.
Impacto argentino
En el tramo final de la entrevista, el analista vinculó las derivaciones del proceso electoral norteamericano con la situación económica y fiscal de la Argentina de cara a los próximos compromisos financieros.
“De acá a un año se vienen las elecciones en Argentina y lo que vemos que viene pasando en estos momentos es un aumento del riesgo país y un aumento del tipo de cambio. Las políticas del tipo de cambio pisado del gobierno son una política central desinflacionaria, y para mantenerlo tiene que tener un ingreso de divisas constante“, advirtió.
En relación con el margen de asistencia multilateral por parte de la administración estadounidense, Gutiérrez concluyó: “El aumento del riesgo país se vincula con las dudas sobre el pago de vencimientos de deuda el año que viene, que ascienden a unos 20.000 millones de dólares. Lo que se pone en juego es el margen del Secretario del Tesoro, Scott Bessent, para asistir al gobierno en caso de requerir divisas. En épocas electorales aumenta la formación de activos externos —la fuga de capitales—, lo que puede perjudicar la política cambiaria, acelerar la inflación y restar chances electorales al oficialismo“.
Leé más notas de La Opinión Austral
Compartir esta noticia

