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Inglaterra derrotó 6-4 a Francia en un encuentro inolvidable y se quedó con el tercer puesto del Mundial. El duelo, disputado en Miami, tuvo un desarrollo inesperado: diez goles en poco más de 90 minutos, una ráfaga inglesa en la primera mitad y una gran reacción francesa que transformó el cierre en un espectáculo lleno de emociones.
El resultado parecía impensado antes del inicio, ya que enfrentar a dos selecciones históricas por el último lugar del podio podía esperarse, pero un marcador con semejante cantidad de goles quedó fuera de cualquier pronóstico.
Durante el primer tiempo, Inglaterra mostró una superioridad contundente y aprovechó los errores defensivos de Francia, que evidenció desconcentración tras la eliminación en semifinales. El equipo dirigido por Thomas Tuchel encontró espacios constantes con Marcus Rashford, Bukayo Saka y sus compañeros, incluso sin contar desde el inicio con figuras como Jude Bellingham y Harry Kane.
Apenas transcurrieron tres minutos cuando Declan Rice, capitán del conjunto británico en Miami, recibió con libertad dentro del área y definió con precisión para abrir el marcador. La diferencia se amplió antes del descanso con un cabezazo de Ezri Konsa, una asistencia clave de Rashford y un doblete de Saka, que dejaron el marcador 4-0 al finalizar la primera parte.
Francia, por su parte, no encontraba respuestas. Incluso Kylian Mbappé tuvo oportunidades para descontar, pero no logró superar al arquero Jordan Henderson. Ante ese panorama, Didier Deschamps realizó cuatro modificaciones para el complemento y los ingresos de Ousmane Dembélé, Bradley Barcola, Digne y Dayot Upamecano cambiaron la dinámica del encuentro.
La reacción francesa comenzó rápidamente. A los tres minutos del segundo tiempo, Mbappé convirtió con un remate de zurda tras una asistencia precisa y renovó las esperanzas de su equipo. Poco después, Barcola marcó el segundo descuento y nuevamente el delantero francés apareció para anotar su décimo gol en el Mundial, ubicándose como máximo goleador del torneo hasta ese momento.
Con el 4-3 en el marcador, el partido se transformó en un ida y vuelta permanente. Sin embargo, Inglaterra volvió a golpear: Malo Gusto cometió una falta dentro del área y Saka convirtió el penal para completar su triplete y quedarse con la pelota del partido.
Francia no se rindió y Dembélé finalmente encontró el arco para mantener la incertidumbre hasta los minutos finales. Cuando todo parecía definido, apareció Bellingham, quien había ingresado poco antes, para protagonizar una corrida desde su propio campo, superar a Konaté y marcar un golazo que selló el 6-4 definitivo.
Con esta victoria, Inglaterra cerró su participación mundialista en el tercer lugar, mientras Francia terminó una campaña marcada por la reacción tardía en un partido que quedó registrado como uno de los más vibrantes del torneo.
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