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La Copa del Mundo de fútbol masculino que comenzará en junio próximo en Estados Unidos, Canadá y México generará al menos 9 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente, casi el doble del promedio histórico de los últimos cuatro torneos. Así lo revela un informe publicado en julio de 2025 por el New Weather Institute, en asociación con Scientists for Global Responsibility, el Environmental Defense Fund y Cool Down, la red deportiva por la acción climática.

El número equivale a mantener en circulación durante un año más de 6,4 millones de automóviles promedio del Reino Unido, o casi 2 millones de vehículos al estilo estadounidense. Estos datos son el resultado directo de decisiones institucionales adoptadas por la FIFA que el informe documenta con detalle y que, según sus autores, revelan “una despreocupación imprudente por sus consecuencias climáticas”.

El documento, titulado en inglés FIFA’s Climate Blind Spot: the men’s world cup in a warming world (El punto ciego climático de la FIFA: la Copa del Mundo masculina en un mundo que se calienta), analiza el impacto ambiental de los tres próximos Mundiales masculinos: 2026 en América del Norte, 2030 en España, Portugal y Marruecos, y 2034 en Arabia Saudita. La conclusión central es contundente: la expansión del torneo de 32 a 48 equipos, (el número de partidos pasa de 64 a 104), vigente desde 2026, disparará las emisiones de transporte aéreo entre un 160% y un 325% respecto al promedio de los últimos cuatro torneos. El transporte aéreo representa la mayor fuente individual de emisiones asociadas al evento y, en el caso del Mundial 2026, alcanzará 7,72 millones de toneladas de CO2 equivalente, más de cuatro veces el nivel típico de competiciones anteriores. La ausencia de alternativas de bajo impacto como redes ferroviarias de alta velocidad entre las ciudades sede profundiza el problema: el avión será, por defecto, el medio de transporte dominante en un torneo que se extiende desde Vancouver hasta Miami.

El transporte aéreo del Mundial 2026 emitiría más de cuatro veces el promedio histórico de los torneos anteriores.

Los patrocinadores que alimentan el problema

Las emisiones directas del torneo son solo una parte del cuadro. El informe introduce una categoría que suele quedar fuera del debate: las emisiones “inducidas” por los contratos de patrocinio con empresas de alto impacto ambiental. Según la metodología desarrollada por los autores, el acuerdo entre la FIFA y Aramco, la compañía petrolera estatal saudita, considerada la mayor emisora individual de CO2 de la historia, generará emisiones adicionales de aproximadamente 30 millones de toneladas de CO2 equivalente, derivadas del aumento de ventas que produce la visibilidad global del patrocinio. Esa cifra triplica las emisiones directas del propio torneo. El informe también estima que el patrocinio de Qatar Airways para el Mundial 2026 podría inducir entre 3,3 y 5,8 millones de toneladas adicionales, según el factor de calentamiento en altura que se aplique.

La trayectoria no mejora en los torneos siguientes. El Mundial 2034 en Arabia Saudita producirá alrededor de 8,55 millones de toneladas de CO2 equivalente, cifra que incluye 2,97 millones provenientes de la construcción de 11 estadios nuevos en un país que carece de infraestructura futbolística preexistente. El informe describe el proceso de adjudicación como “apresurado y opaco” y señala que la promesa saudita de un torneo “sostenible” resulta difícil de sostener frente a la expansión activa de la producción de combustibles fósiles del país.

Estadios en riesgo: el calor como amenaza sanitaria

El documento no se limita a las emisiones. Una evaluación de riesgo climático elaborada por el Environmental Defense Fund sobre los 16 estadios sede del Mundial 2026 documenta un panorama alarmante: 8 de ellos requieren intervención ambiental inmediata, y 4 son clasificados como situaciones críticas. Seis enfrentan estrés térmico extremo, con índices de temperatura de globo húmedo (WBGT, por sus siglas en inglés) superiores a los 26,67°C.

El NRG Stadium de Houston registra el índice más elevado de todos los recintos: 84,12°F (28,96°C) en julio. Esa cifra supera el umbral fijado por el Colegio Americano de Medicina del Deporte, que recomienda suspender la actividad deportiva cuando el WBGT supera los 82°F (27,78°C). El AT&T Stadium de Dallas acumula en promedio 37 días anuales con temperaturas máximas por encima de los 35°C. “Estas condiciones podrían transformar la celebración de la FIFA en una emergencia de salud pública”, advierte el documento.

A los riesgos térmicos se suman otras amenazas. El Hard Rock Stadium de Miami presenta una puntuación de riesgo de inundación de 8,1 sobre 10 en propiedades circundantes, combinada con mayor exposición a huracanes durante el período junio-julio. El Levi’s Stadium de San Francisco combina estrés térmico con riesgo de incendios forestales en una región cada vez más afectada por ese fenómeno. El informe estima que adaptar los seis estadios de mayor riesgo térmico requeriría una inversión total de 171 millones de dólares.

Frente a este panorama, los autores cuestionan el historial de compromisos de la FIFA en materia climática. En 2021, durante la COP26, la organización lanzó una estrategia con 18 acciones concretas para reducir a la mitad sus emisiones hacia 2030 y alcanzar cero neto en 2040. Sin embargo, el informe constata que, tres años después, solo 2 de esas acciones han sido completadas, 2 muestran avances limitados y 14 no registran progreso visible. Además, los objetivos de reducción no cubren las emisiones de los torneos que la propia entidad coordina, pese a que la FIFA contaba con 11.000 millones de dólares presupuestados para el período 2023-2026.

“La FIFA ejemplifica una crisis más amplia en la gobernanza climática de los megaeventos deportivos, donde los incentivos empujan a los organizadores hacia altas emisiones, baja ambición y escasa rendición de cuentas”, concluye el documento.

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