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El mercado energético atraviesa días de extrema volatilidad. Este viernes, el barril de petróleo crudo WTI se ubicó en 111,54 dólares, mientras que el Brent registró un fuerte incremento del 7,99%, alcanzando los 109,24 dólares por barril.
Desde el inicio del conflicto en Medio Oriente a principios de marzo, el precio del crudo acumuló subas de entre el 40% y el 50%, impulsando aumentos en múltiples sectores de la economía mundial. La energía, el transporte y los alimentos son algunos de los rubros más afectados por este fenómeno.
El impacto global: inflación y temor en los mercados
El incremento del petróleo repercute de manera directa en los precios internacionales. En países como Estados Unidos, el encarecimiento del combustible ya se traduce en subas generalizadas, lo que incrementa el malestar social y económico.
En este contexto, el presidente Donald Trump enfrenta una creciente presión interna para encontrar una salida al conflicto, ante el temor de que la crisis energética profundice la inflación y desacelere la actividad económica.
Analistas advierten que, de prolongarse el escenario bélico, el impacto podría escalar a una crisis global de mayor magnitud.
El estrecho de Ormuz, punto clave de la crisis
Uno de los factores determinantes en la escalada de precios es el control estratégico que ejerce Irán sobre el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas de transporte de petróleo y gas del mundo.
Cualquier interrupción en esta vía marítima implica un fuerte impacto en el suministro energético global. Las tensiones militares en la zona, sumadas a restricciones logísticas y recortes de producción, generan un shock de oferta que los mercados reflejan con fuertes subas.
Escalada bélica y ataques a infraestructura clave
En las primeras horas de este viernes, Irán intensificó su ofensiva contra Israel y aliados de Washington en el Golfo Pérsico. Los bombardeos alcanzaron una planta desalinizadora y una refinería en Kuwait, elevando aún más la tensión regional.
Estos ataques a infraestructuras críticas —energía, transporte y suministro de agua— incrementan el riesgo de una guerra prolongada y con consecuencias devastadoras tanto para la población como para la economía internacional.
Las amenazas de Trump y el endurecimiento del conflicto
El jueves, Donald Trump difundió en su red social Truth un video del ataque estadounidense a un puente que conecta Teherán con la ciudad de Karaj. Las imágenes mostraban una densa nube de polvo y humo en una estructura clave que aún no había sido inaugurada.
En una publicación posterior, el mandatario lanzó una advertencia que elevó aún más la tensión: aseguró que el Ejército estadounidense “ni siquiera ha comenzado a destruir lo que queda” en Irán y anticipó posibles ataques a infraestructuras energéticas.
Un escenario incierto para la economía mundial
La combinación de tensiones militares, ataques a instalaciones estratégicas y amenazas cruzadas mantiene en vilo a los mercados internacionales. La incertidumbre sobre el futuro del suministro energético es uno de los principales factores que explican la volatilidad actual.
Especialistas coinciden en que, si el conflicto se intensifica o se prolonga en el tiempo, el precio del petróleo podría continuar en ascenso, profundizando el impacto en la inflación global y en el costo de vida de millones de personas.
En este contexto, el petróleo vuelve a posicionarse como el eje central de una crisis que combina geopolítica, economía y seguridad internacional.
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