Your browser doesn’t support HTML5 audio
A diez años de la firma del Acuerdo de París, el escenario climático en América Latina y el Caribe no solo no mejora: se agrava. Así lo documenta La economía del cambio climático en América Latina y el Caribe, 2025: la acción climática para superar las trampas del desarrollo, publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) a comienzos de 2026. Elaborado por la División de Desarrollo Sostenible y Asentamientos Humanos del organismo con financiamiento de la Unión Europea y la Red Iberoamericana de Oficinas de Cambio Climático, el informe argumenta que el calentamiento global no es solo una crisis ambiental: es un obstáculo estructural para el desarrollo de la región.
El punto de partida es contundente. En 2024, la concentración de CO2 llegó a 422 partes por millón, muy por encima del límite recomendado de 350 ppm. La temperatura media global superó por primera vez el umbral de 1,5 °C respecto a la era preindustrial, convirtiendo a 2024 en el año más caluroso desde al menos 1850. En América Latina y el Caribe, la temperatura media fue 1,47 °C superior al promedio del período 1961-1990. Más alarmante aún: la tasa de calentamiento casi se duplicó entre 2010 y 2023 -0,33 °C por década frente a 0,18 °C entre 1970 y 2010-, y “de mantenerse este ritmo, se alcanzaría el umbral de 2 °C dentro de los próximos 20 años”, advierte el documento.
Desastres en cifras
Las consecuencias ya son concretas. La Amazonía y el Pantanal sufrieron en 2024 la sequía más grave de los últimos 70 años, que afectó a 745.000 personas. Los incendios forestales quemaron una superficie récord de 85,8 millones de hectáreas -más que el territorio total de Chile-, con un costo estimado de 134.000 millones de dólares, equivalente al 1,8% del PIB regional. Las inundaciones en Rio Grande do Sul causaron más de 180 muertes y pérdidas cercanas a los 8.500 millones de reales brasileños. Venezuela se convirtió en el segundo país del mundo en perder todos sus glaciares, con la desaparición del glaciar Humboldt. Entre 2000 y 2022, la región experimentó más de 1.500 desastres que afectaron a más de 190 millones de personas, concentrando el 53% de las pérdidas económicas mundiales por desastres en ese período.
Las transformaciones solo serán sostenibles si los beneficios llegan a las poblaciones más vulnerables y se reconoce que el clima y la naturaleza están indisolublemente conectados.
Las trampas del desarrollo
El núcleo conceptual del informe es la relación entre el cambio climático y lo que la CEPAL llama “trampas del desarrollo”: baja capacidad para crecer, desigualdad estructural y debilidad institucional. El organismo sostiene que el calentamiento global actúa como “una caja de resonancia” que exacerba estos problemas y los hace más difíciles de superar.
Los números son ilustrativos. En los últimos 25 años (1998-2023), el PIB per cápita de la región creció apenas un 1,25% anual, por debajo de cualquier otra región del mundo y del promedio global del 2,2%. Con las políticas actuales -que implican un aumento de temperatura de alrededor de 3 °C-, la pérdida anual en el PIB regional por riesgos físicos llegaría al 17% hacia 2050. Incluso en el escenario de 1,5 °C, esa pérdida sería del 6% anual durante la próxima década.
Las implicancias sobre el desarrollo humano son directas y asi lo describe el informe. Se calcula que el umbral de PIB per cápita necesario para alcanzar un Índice de Desarrollo Humano (IDH) muy alto es de 22.800 dólares. Dos tercios de los 31 países analizados aún no lo han alcanzado. Con las políticas climáticas vigentes, países como Brasil, Dominica, México y Paraguay no lograrán ese nivel antes de 2050, aunque sí lo habrían alcanzado sin los efectos del cambio climático. Los cuatro países que sí lo superarán lo harán en promedio cinco años más tarde de lo proyectado.
En este marco, la distribución de responsabilidades e impactos es profundamente asimétrica. En América Latina y el Caribe, el 10% de la población con mayores ingresos produce nueve veces más emisiones de gases de efecto invernadero per cápita que el 50% más pobre. A escala global, el 1% más rico de la población mundial es responsable del 15% de las emisiones totales, mientras que el 50% más pobre emite solo el 10%.
Sin embargo, quienes menos contribuyen al problema son quienes más lo padecen. Cerca del 55% de la población regional vive con ingresos por debajo o apenas por encima de la línea de pobreza. El calor extremo reduce la productividad laboral de manera desproporcionada entre trabajadores de mayor exposición física, que son a su vez los peor remunerados. A eso se suma la “doble vulnerabilidad climática y financiera”: 17 de los 33 países de la región son altamente vulnerables a fenómenos meteorológicos extremos, y la mayoría enfrenta también limitaciones fiscales severas. Los pagos de deuda consumen en promedio el 16% de los ingresos fiscales regionales, superando con frecuencia las asignaciones a salud, educación y protección social.
Con los niveles actuales de emisiones -57 gigatoneladas de CO2 equivalente en 2023, un 16% más que en 2010-, el margen para mantener el calentamiento por debajo de 1,5 °C se agotaría en apenas seis años. Las metas climáticas vigentes llevarían a un aumento de temperatura de entre 2 y 2,9 °C. Para alcanzar el objetivo planteado en el Acuerdo de París, las emisiones globales deberían reducirse un 43% para 2030 y llegar a cero emisiones netas para 2050.
La CEPAL señala, sin embargo, una salida posible. El informe sostiene que la acción climática puede convertirse en motor de transformación estructural si la región aprovecha sus ventajas en transición energética, bioeconomía y soluciones basadas en la naturaleza. Pero pone una condición innegociable: “Esas transformaciones solo serán sostenibles si los beneficios llegan a las poblaciones más vulnerables y se reconoce que el clima y la naturaleza están indisolublemente conectados: no basta con reducir emisiones si no protegemos, restauramos y preservamos los ecosistemas que hoy nos sostienen.”
Fuente: CEPAL. La economía del cambio climático en América Latina y el Caribe, 2025 (LC/TS.2025/86/Rev.1). Naciones Unidas, Santiago, 2026.
Leé más notas de La Opinión Austral
Compartir esta noticia
Dejanos tu comentario