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Francia amaneció con un escenario de destrucción tras una jornada de multitudinarias protestas que derivaron en enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad. Según el balance provisional de las autoridades, unas 1.800 personas fueron detenidas y alrededor de 600 policías, gendarmes y bomberos resultaron heridos.
Las movilizaciones de este fin de semana reunieron a más de 550.000 personas en distintos puntos del país, en rechazo al aumento del costo de vida, el deterioro de los servicios públicos y la falta de inversión en educación. Aunque gran parte de las marchas se desarrolló de manera pacífica, se registraron incendios, saqueos y enfrentamientos en varias ciudades.
En París, las calles quedaron marcadas por vehículos incendiados, comercios destrozados y restos de vidrios y residuos. La violencia también se extendió a localidades como Marsella, Lyon, Limoges, Nantes, Toulouse y Ruan.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, afirmó que, junto con las movilizaciones, se sumaron grupos que vandalizaron y saquearon numerosos comercios. Además, advirtió que los daños materiales son considerables, especialmente por los ataques contra cientos de establecimientos.
La Federación del Comercio y de la Distribución estimó que las pérdidas podrían ascender a cientos de millones de euros y calculó que alrededor de 1.500 locales fueron vandalizados.
Incendios en edificios históricos y ataques a comisarías
Entre los episodios más graves se destacó el incendio que afectó al ayuntamiento de Limoges, una construcción del siglo XIX. Los bomberos debieron intervenir para contener las llamas, mientras las autoridades locales informaron que dos tercios de la fachada habían desaparecido y que el edificio estaba prácticamente perdido.
En Saint-Étienne, un joven perdió una mano por la explosión de un artefacto, según informó el alcalde de la ciudad, Régis Juanico, quien calificó el episodio como una tragedia.
En Marsella también se registraron daños en una comisaría. De acuerdo con las autoridades locales, 107 efectivos policiales resultaron heridos durante los disturbios, tres de ellos de gravedad.
Por su parte, en Lyon fue incendiada la oficina de turismo, mientras que en otras localidades se denunciaron ataques contra edificios públicos, vehículos policiales y mobiliario urbano.
El Gobierno anunció medidas contra los responsables
Ante la magnitud de los incidentes, el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, convocó a una célula interministerial de crisis para evaluar las consecuencias de los disturbios y coordinar las medidas correspondientes.
Además, pidió a las fiscalías que soliciten la prisión preventiva para las personas detenidas durante los enfrentamientos.
El presidente Emmanuel Macron condenó los ataques y aseguró que no hay lugar para la violencia en el país. También advirtió que quienes hayan destruido edificios públicos, atacado comercios o participado de saqueos serán procesados y castigados.
El mandatario tenía previsto dirigirse a la población mediante un discurso televisado, en medio de la preocupación por la escalada de los incidentes y sus consecuencias económicas y sociales.
Desde el Gobierno, Nuñez responsabilizó a sectores de la extrema izquierda por alentar los disturbios. Lecornu, por su parte, sostuvo que la violencia no puede utilizarse para imponer una agenda política, especialmente en la antesala de las elecciones presidenciales previstas para abril.
Reclamos sociales y cruces políticos
Las protestas comenzaron el mes pasado en escuelas de barrios periféricos del norte de París, donde las denuncias por la falta de docentes y el deterioro de las instalaciones educativas impulsaron las primeras movilizaciones.
Con el correr de las semanas, los reclamos se extendieron a distintos sectores de la sociedad y se transformaron en un movimiento nacional contra la desigualdad, la escasa inversión pública y el aumento del costo de vida.
Entre los manifestantes se encontraban estudiantes, sindicatos y los denominados chalecos amarillos, un movimiento que adquirió notoriedad en Francia por sus protestas contra el aumento de los precios del combustible.
La Confederación General del Trabajo (CGT) calificó la nueva ola de manifestaciones como una etapa más del proceso de movilización y exigió al Gobierno que responda sin demoras a las demandas de la población. Entre sus principales reclamos figuran aumentos salariales y de las pensiones, además del restablecimiento de un impuesto sobre la riqueza.
El sindicato también convocó a continuar con las movilizaciones pacíficas y anunció una jornada de huelga intersindical para el 5 de noviembre.
Desde la oposición, Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, acusó al Gobierno de agravar el conflicto con sus decisiones y cuestionó la respuesta de las fuerzas de seguridad. En tanto, Marine Le Pen, referente de Agrupación Nacional, sostuvo que los episodios violentos desvirtuaron las manifestaciones y responsabilizó a sectores de la extrema izquierda.
Trump vinculó los disturbios con la inmigración
La crisis también tuvo repercusiones internacionales. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se refirió a los episodios de violencia registrados en Francia y vinculó los disturbios con la inmigración.
“¡Francia está en llamas!”, expresó el mandatario, quien instó al país europeo a endurecer sus normas migratorias.
“La inmigración de personas de un mundo completamente diferente, personas con odio en sus corazones, ha destrozado a ese país que alguna vez fue grande. ¡Cierren sus fronteras y tomen el control antes de que sea demasiado tarde!”, expresó Trump.
Mientras las autoridades francesas avanzan con las medidas judiciales y buscan contener los incidentes, el Gobierno enfrenta el desafío de responder a los reclamos sociales y evitar una mayor escalada de violencia en un contexto de creciente tensión política.
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