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ComunicarSe, portal especializado en desarrollo sustentable, presentó su edición 2026 del estudio Tendencias en Sostenibilidad Empresaria en América Latina. El trabajo de investigación sintetiza el monitoreo de casi 200 fuentes globales de información, el seguimiento de estrategias corporativas de las organizaciones más relevantes del mundo, y la cobertura presencial de eventos internacionales como las COP de Cambio Climático. El resultado es un documento de 35 páginas que identifica diez tendencias con potencial de impacto directo sobre el accionar empresarial en la región.

El informe parte de un diagnóstico preciso: la sostenibilidad en América Latina ha dejado de ser tema emergente para convertirse en eje estratégico de la gestión corporativa. Pero esa maduración exige más. “Hoy esa etapa de expansión da lugar a una fase más exigente: la del realismo estratégico”, señala el documento. En ese marco, recupera el concepto de greenhushing: según MIT Sloan Management Review 2025, el 99% de los líderes empresariales planea mantener sus compromisos ambientales, pero comunica cada vez menos, por temor a la polarización o al escrutinio público.

Uno de los temas que abre el análisis es el financiamiento del desarrollo. Con un crecimiento proyectado del PIB regional del 2,2% en 2025, la brecha de financiamiento para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible se amplió de 2,5 billones de dólares anuales antes de la pandemia a entre 3 y 4 billones en 2025. El informe destaca el creciente protagonismo del blended finance, mecanismo que usa recursos públicos como catalizador para atraer inversión privada. En 2024, la región emitió 33.130 millones de dólares en bonos temáticos, el mayor volumen desde 2021.

Quizás la apuesta más inesperada del informe sea la que coloca a la energía nuclear en el centro de la conversación energética. Lo que hace unos años era una opción descartada, hoy regresa con fuerza. El Banco Mundial evalúa levantar su histórica restricción para financiar proyectos nucleares, un grupo de empresas tecnológicas firmó un acuerdo para triplicar la capacidad nuclear mundial hacia 2050, y Meta recurrió a esa fuente para sostener el consumo de sus centros de datos vinculados a la inteligencia artificial. La demanda energética creciente, la urgencia climática y la necesidad de un suministro confiable están detrás de este giro.

Emoción, naturaleza y tecnología como nuevos ejes de gestión

El informe también presta atención a transformaciones más sutiles pero igualmente significativas. En un escenario saturado de métricas e informes, crece lo que el documento llama “sostenibilidad emocional”: en un escenario de fatiga informativa, la nueva generación de iniciativas sostenibles apuesta por la belleza, la pertenencia y la esperanza como motores de acción. Marcas como Patagonia, IKEA y el Grupo Hinojosa son citadas como ejemplos que apostaron por el storytelling íntimo -relatos de trabajadores, comunidades y territorios- para construir legitimidad.

En el plano tecnológico, la inteligencia artificial aparece como un territorio en redefinición. Los centros de datos ya consumen más de 460 teravatios-hora al año —más que toda la demanda eléctrica de Suecia— y se proyecta que superen los 1.000 TWh para 2030. La optimización de modelos, según investigaciones citadas en el informe, puede reducir ese consumo en más del 50% sin pérdida de precisión. El documento advierte además que América Latina enfrenta rezagos estructurales en infraestructura digital que amenazan con profundizar las desigualdades del conocimiento.

La sostenibilidad deja de ser un compromiso reputacional para convertirse en una estrategia de competitividad y transformación sistémica.

Otra tendencia que el informe jerarquiza es la irrupción de las llamadas “empresas biofílicas”: organizaciones que integran conscientemente la naturaleza en el diseño de sus espacios, productos y procesos. Lejos de ser una moda estética, el Foro Económico Mundial sostiene que este enfoque promueve: productividad, salud y creatividad, al tiempo que impulsa modelos de negocio más resilientes. El mercado global de soluciones de diseño biofílico podría superar los 150.000 millones de dólares en 2026. Junto a esto, el documento plantea la “Sociedad del Cuidado” como un nuevo horizonte de inversión: según la CEPAL, apostar por la economía del cuidado podría generar más de 31 millones de empleos para 2035, mientras que la OIT advierte que los países que ignoran este sector pierden hasta 4,5 puntos del PIB anual en productividad.

ESG, océanos y la nueva regulación del envase

El informe ofrece una lectura matizada sobre el ESG. El número de fondos con esa etiqueta pasó de 1.000 en 2018 a más de 5.800 en 2023, con activos superiores a 3,2 billones de dólares. Sin embargo, en Estados Unidos el término se politizó profundamente y gestoras como BlackRock optaron por reemplazarlo por expresiones más neutras. En América Latina, en cambio, la tendencia es de institucionalización regulatoria. El futuro, concluye el documento, no será post-ESG sino trans-ESG: un terreno donde sostenibilidad, propósito y desempeño convergen en una nueva forma de hacer negocios.

La salud oceánica emerge en el informe como un riesgo económico que ya no puede ignorarse. En América Latina y el Caribe, el Índice de Salud del Océano cayó de 71 a 68 en la última década. La contaminación plástica le cuesta a la economía global más de 13 mil millones de dólares anuales, según el PNUMA. Ante esto, los mercados financieros comienzan a reaccionar: el volumen de bonos azules emitidos en 2024 superó los 8.000 millones de dólares, el doble que el año anterior.

Por último, el documento analiza el avance de la Responsabilidad Extendida del Productor (EPR), regulación que obliga a las empresas a hacerse cargo de los residuos que generan sus productos y envases. Colombia y Chile ya cuentan con esquemas obligatorios en funcionamiento; Brasil, México, Ecuador y Perú avanzan en nuevos marcos normativos. La UNEP estima que su aplicación efectiva podría reducir en 45% la contaminación plástica marina para 2030 y generar 500.000 empleos verdes en sectores de recolección, clasificación y reciclaje.

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