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La NASA marcó un nuevo hito en la exploración espacial con la misión Artemis II: su tripulación logró convertirse en la más alejada de la Tierra en toda la historia, superando el récord vigente desde 1970 de Apollo 13.

Los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen alcanzaron una distancia máxima de 406.777,9 kilómetros, superando ampliamente los 400.171,5 kilómetros de Apollo 13. De este modo, se convirtieron en los seres humanos que más lejos han viajado desde nuestro planeta.

Este logro se enmarca en el objetivo mayor del programa Artemis program: retomar la exploración tripulada de la Luna, establecer una presencia sostenida y preparar el camino hacia futuras misiones a Marte.

Un sobrevuelo histórico: ciencia, pruebas y regreso a la Luna

A más de cinco décadas del último vuelo tripulado lunar, Artemis II representa el regreso humano a las cercanías de la Luna, aunque sin alunizaje. La cápsula Orion realiza un sobrevuelo que incluye el paso por el hemisferio oculto del satélite, una región nunca observada directamente por astronautas en tiempo real.

Durante el sexto día de misión, la tripulación alcanza dos puntos clave: el más cercano a la superficie lunar, a unos 6.500 kilómetros, y el más lejano de la Tierra, superando los 402.000 kilómetros. En ese lapso, los astronautas llevan adelante seis horas de observación científica.

Entre los principales objetivos se encuentran la documentación de regiones estratégicas como la cuenca de impacto Orientale —de unos 930 kilómetros de diámetro y formada hace aproximadamente 4.000 millones de años—, así como los cráteres Ohm y Pierazzo. Estas observaciones permitirán contrastar datos obtenidos por sondas con la percepción directa humana.

El astrónomo Diego Bagú explicó que el trabajo se centra en fotografiar con gran detalle unas 30 zonas de interés para futuras misiones, aportando información clave para la geología lunar y la planificación de exploraciones.

Además, los astronautas utilizan cámaras profesionales con teleobjetivos, lentes gran angular e incluso teléfonos móviles para registrar imágenes y videos en condiciones variables de luz, ya que solo una parte del hemisferio oculto se encuentra iluminada en ese momento.

El “lado oscuro” y el desafío de la incomunicación en el espacio profundo

Uno de los momentos más críticos de la misión ocurre durante el paso por el denominado “lado oscuro” de la Luna, popularizado por el álbum The Dark Side of the Moon de Pink Floyd. Sin embargo, el término es científicamente incorrecto.

Como aclaró Bagú, se trata en realidad del hemisferio oculto, una región que sí recibe luz solar pero que no es visible desde la Tierra debido a la rotación sincrónica del satélite.

Durante este tramo, la nave queda completamente incomunicada con la Tierra durante aproximadamente 50 minutos, ya que la masa lunar bloquea cualquier señal. Esta situación representa la mayor desconexión planificada en una misión tripulada desde la era Apolo.

Lejos de ser solo un riesgo, esta fase funciona como una prueba crítica para los sistemas autónomos de la cápsula Orion. Durante ese tiempo, los astronautas continúan realizando observaciones en tiempo real, analizando cambios en la luz, sombras y comportamiento del polvo lunar, datos esenciales para futuras misiones prolongadas.

Además, el hemisferio oculto ofrece condiciones únicas para la observación astronómica, al estar libre de interferencias electromagnéticas provenientes de la Tierra, lo que lo convierte en un entorno ideal para estudiar el universo profundo.

Un paso estratégico hacia Marte y la nueva era de exploración

Artemis II no es solo una misión simbólica: es un ensayo fundamental para los próximos pasos del programa. Según el físico Rodrigo Díaz, el objetivo principal es validar todos los sistemas de la nave Orion en condiciones reales, incluyendo la convivencia de la tripulación y la respuesta ante imprevistos técnicos.

La misión utiliza una trayectoria denominada “free-return”, que permite rodear la Luna y regresar a la Tierra de forma eficiente y segura, minimizando el consumo de combustible y reduciendo riesgos operativos.

También se llevan a cabo experimentos para medir el impacto de la radiación espacial en el cuerpo humano, un factor crítico para misiones de larga duración como las previstas hacia Marte.

El vuelo, además, refleja avances en cooperación internacional y diversidad: Hansen se convirtió en el primer canadiense en viajar hacia la Luna, mientras que Koch y Glover representan hitos en inclusión dentro de la exploración espacial.

Con este récord histórico y el éxito de sus objetivos, Artemis II redefine los límites de la exploración humana y sienta las bases para las próximas misiones Artemis III y IV, que buscarán llevar nuevamente astronautas a la superficie lunar y consolidar una presencia permanente fuera de la Tierra.

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