Your browser doesn’t support HTML5 audio

Con la celebración del Jueves Santo, el padre César Heltner dio inicio al Triduo Pascual en Las Heras, en una misa que reunió a más de un centenar de fieles en la parroquia San José y que estuvo marcada por el lavatorio de los pies, la Eucaristía y la posterior adoración al Santísimo Sacramento.

La celebración se desarrolló siguiendo el esquema litúrgico propio de esta fecha. Tras la proclamación de la Palabra, tuvo lugar uno de los momentos más significativos de la noche: el lavatorio de los pies. En esta oportunidad, doce personas de la comunidad participaron del gesto que rememora la acción de Jesús durante la Última Cena, cuando se arrodilló ante sus discípulos para enseñar, desde la humildad, el sentido profundo del servicio.

El padre César Heltner elevó el cáliz durante la consagración, en uno de los momentos centrales de la misa del Miércoles Santo en la parroquia San José.Foto: Jorge Bilbao/ La Opinión Austral.

En ese contexto, el sacerdote centró su homilía en el significado de esta noche, atravesada por el amor y, al mismo tiempo, por la inminencia del dolor. “Esta es una noche donde aparece lo verdadero, donde el corazón queda expuesto”, expresó ante los fieles, invitando a comprender que lo que se celebra no pertenece al pasado, sino que se hace presente en cada Eucaristía. “No venimos a recordar algo que pasó hace dos mil años, venimos a vivir nuevamente lo que Jesús hizo”, sostuvo.

Durante su reflexión, también subrayó que el gesto del lavatorio no puede separarse del misterio eucarístico. “No hay fe sin servicio, no hay Eucaristía sin amor concreto al otro”, afirmó, en una advertencia directa sobre el riesgo de vivir una religiosidad superficial. En ese sentido, llamó a los presentes a revisar la propia vida y a no reducir la fe a lo ritual. “No podemos venir a misa y después salir a vivir de espaldas al otro”, remarcó.

El lavatorio de los pies, gesto central del Miércoles Santo, fue realizado ante doce fieles en la parroquia San José, en una escena que evocó el mensaje de servicio y humildad de Jesús.

Luego del gesto y la reflexión, la misa continuó con la liturgia eucarística, en la que se consagraron el pan y el vino y se distribuyó la comunión entre los fieles. Finalizada la celebración, se llevó a cabo otro de los momentos centrales de la noche: el traslado del Santísimo Sacramento en procesión hacia el lugar especialmente preparado para su adoración.

En un clima de profundo recogimiento, los fieles acompañaron ese traslado en silencio, dando inicio a la adoración que se extendió hasta la medianoche, ya en el ingreso al Viernes Santo. De este modo, la comunidad permaneció en vela, en una actitud de oración y cercanía espiritual con Jesús en las horas previas a su pasión.

El Santísimo Sacramento fue trasladado en procesión hacia el lugar de adoración, en uno de los momentos más solemnes de la celebración del Miércoles Santo en la parroquia San José. Foto: Jorge Bilbao/ La Opinión Austral.

Con esta celebración, la Iglesia dio inicio al Triduo Pascual, el tiempo más intenso del año litúrgico, que conduce a los fieles desde la Última Cena hasta la crucifixión y la resurrección. En Las Heras, la participación y el recogimiento de la comunidad volvieron a reflejar el fuerte arraigo de la fe en la localidad.

La celebración del Jueves Santo marca el comienzo de un camino que invita a detenerse, a mirar hacia adentro y a acompañar, desde el silencio y la fe, uno de los momentos más decisivos de la historia cristiana.

Leé más notas de La Opinión Austral