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Centenares de fieles participaron este domingo de la celebración del Domingo de Ramos en Las Heras, en una jornada que marcó el inicio de la Semana Santa con una fuerte convocatoria y un clima de profunda participación comunitaria.
La celebración comenzó en el exterior del templo, sobre calle Rivadavia, donde el sacerdote diocesano César Heltner bendijo los ramos que los fieles llevaron en sus manos, recordando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Desde allí se dio inicio a la procesión hacia el interior de la parroquia San José, en una escena que combinó tradición, fe y una notable presencia de vecinos, mayor a la de años anteriores.

Ya dentro del templo, la misa continuó con la proclamación de la Pasión y una homilía que puso el foco en el sentido profundo de estos días: “Comenzamos la Semana Santa y empezamos a ver a otro Jesús”, planteó el sacerdote, al referirse a la imagen que presenta la Pasión: un Cristo profundamente humano, atravesado por el dolor, la soledad y el sufrimiento.
A lo largo de su reflexión, el cura César Heltner invitó a contemplar tres momentos centrales de la Pasión: Jesús en Getsemaní, solo y angustiado; Jesús ante Pilato, humillado y en silencio; y Jesús en la cruz, donde el dolor alcanza su punto máximo. En ese recorrido, señaló: “En la Pasión aparece un Jesús muy humano, donde su divinidad parece quedar escondida”.

Ese contraste —explicó— se vuelve aún más evidente al compararlo con otros pasajes del Evangelio, donde Cristo actúa con poder, realiza milagros y devuelve la vida. “En la cruz, en cambio, Dios parece no intervenir”, sostuvo, al tiempo que vinculó esa imagen con la experiencia actual de muchos creyentes: “Muchas veces sentimos que Dios está escondido”.
A partir de esa mirada, el sacerdote llamó a revisar las propias actitudes y advirtió: “No aceptamos el Evangelio, aceptamos nuestras ideas de Dios”. En ese sentido, planteó una comparación entre Pedro y Judas como dos maneras de responder ante el error: “El problema no es el pecado, es no creer en el perdón de Dios”.

Sobre el final de la homilía, dejó una de las definiciones más fuertes de la jornada al sintetizar el sentido de estos días: “Esta Semana Santa es como una gran piscina de misericordia. No importa si llegamos primero o últimos, todos vamos a ser sanados si nos dejamos encontrar por Dios”.
Con ese mensaje, la comunidad dio inicio a los días más intensos del calendario litúrgico, en un camino que continuará con el Jueves Santo, el Viernes de la Pasión y la Vigilia Pascual, hasta culminar con la celebración de la Resurrección.
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