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Hay frases que, con el paso del tiempo, no pierden fuerza. Por el contrario, se vuelven más pesadas, más dolorosas, más reveladoras. A seis años del femicidio de Jésica Minaglia, una docente de 30 años asesinada en Comandante Luis Piedra Buena, un audio de WhatsApp resurge como una pieza clave que no solo formó parte de la causa judicial, sino que hoy funciona como una advertencia que no fue suficiente para evitar el desenlace.
“No se puede hablar con él, lo conozco, está muy desquiciado. Me dijo ‘no me hagas cometer locuras, no vayas a hacer que vaya para tu casa‘. Sabés que no entiende, que me cansé de sus segundas oportunidades y sus promesas. No entiende que no quiero estar con él”. Esas palabras, dichas por Jésica a un joven con quien comenzaba a vincularse, terminaron siendo determinantes en la investigación. Ese audio reflejaba con claridad un contexto de violencia previa, de hostigamiento y de una amenaza latente.
El 15 de abril de 2020, en plena cuarentena, ese escenario derivó en un crimen que conmocionó a toda Santa Cruz. Según la reconstrucción judicial, su expareja, el entonces policía Pablo Núñez, ingresó a la vivienda de la joven durante la noche y la atacó por la espalda. No hubo signos de defensa. La violencia fue directa, sin margen de reacción.
Desde el primer momento, la causa fue investigada como femicidio. La jueza Noelia Ursino tomó esa calificación inicial y ordenó la detención del acusado, incluso frente a una serie de maniobras que, según se acreditó en el proceso, buscaban entorpecer la investigación. Entre ellas, el intento de construir una coartada, cambios de vehículo para evitar ser detectado y movimientos para esquivar el sistema de cámaras de la ciudad, tal como lo informó La Opinión Austral en su momento.
Uno de los episodios más impactantes fue la forma en que el propio acusado habría intentado manipular el hallazgo del cuerpo. De acuerdo a lo expuesto en el juicio, fue él quien se comunicó con la madre de Jésica, Nelly, para alertarla, provocando que fuera ella quien encontrara a su hija sin vida. Un acto que profundizó aún más el dolor de la familia.
La investigación no logró precisar con exactitud la hora del crimen, aunque se estableció que ocurrió entre la noche del 14 y la madrugada del 15 de abril. En una ciudad atravesada por el aislamiento, el hecho generó un impacto aún mayor. No había circulación, no había rutina, pero la violencia de género irrumpió con una crudeza imposible de ignorar.
El caso fue seguido de cerca por toda la provincia. Durante tres años, el reclamo de justicia se sostuvo en las calles, en redes sociales y en cada instancia judicial. El juicio oral mantuvo en vilo a la comunidad, que acompañó cada testimonio y cada prueba con la expectativa de una condena ejemplar.
Finalmente, el tribunal dictó prisión perpetua para Pablo Núñez por femicidio doblemente agravado. Cabe recordar que el 4 de noviembre del año pasado, La Opinión Austral dio a conocer de manera exclusiva que el Tribunal Superior de Justicia ratificó la condena al femicida rechazando los planteos de nulidad y descartaron que existiera arbitrariedad en la valoración de la prueba.
El momento de la sentencia quedó grabado en la memoria colectiva. La cobertura de La Opinión Austral retrató la escena con crudeza: Nelly se desplomó sobre uno de sus hijos, mientras otro la sostenía. “Justicia es perpetua”, había dicho, y ese día finalmente escuchó esas palabras en boca del tribunal. Afuera, vecinos y manifestantes seguían la transmisión en vivo y estallaron en un grito que mezclaba alivio, dolor y memoria
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