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Este viernes 24 de julio se cumple un año de una de las tragedias viales más dolorosas que recuerda Santa Cruz en tiempos recientes. La noche del 24 de julio de 2025, un colectivo de la empresa Andesmar y un camión protagonizaron un violento siniestro sobre la Ruta Nacional Nº 3, a pocos kilómetros del paraje Güer Aike, dejando un saldo devastador de cuatro personas fallecidas y más de veinte heridas.
A doce meses del hecho que conmocionó a toda la provincia, la investigación judicial continúa su curso y transita una instancia decisiva. Según confirmaron fuentes vinculadas al expediente, la única medida de prueba pendiente es la pericia cinemática, cuyo desarrollo comenzó el pasado 26 de junio y será determinante para reconstruir técnicamente la mecánica del impacto.
El expediente se encuentra actualmente bajo la órbita del juez subrogante Gerardo Giménez, luego de que la investigación fuera iniciada por la titular del Juzgado de Instrucción Nº 2 de Río Gallegos, Yamila Borquez. Una vez concluida esa pericia y evaluados sus resultados, la instrucción penal quedará en condiciones de cerrarse y el caso podrá avanzar hacia la instancia de juicio.
Tal como lo informó La Opinión Austral, la tragedia ocurrió durante la noche del 24 de julio de 2025, cuando un camión impactó violentamente a un colectivo de larga distancia perteneciente a la empresa Andesmar que circulaba por la Ruta Nacional Nº 3, en cercanías de Güer Aike, a unos 10 o 15 kilómetros de Río Gallegos.
La violencia del choque fue tal que el colectivo terminó desplazándose aproximadamente 500 metros fuera de la calzada, en una escena que movilizó a bomberos, policías, personal sanitario y equipos de rescate de distintos organismos de emergencia.
El saldo fue dramático. Perdieron la vida Raúl Oscar Flores, Gemma Candelaria Kaldi, Exequiel Andrés Dulor y el conductor del camión, Claudio Néstor Moreno. Además, más de veinte personas sufrieron lesiones de distinta consideración y debieron ser asistidas en centros de salud de la capital santacruceña.
Las imágenes del lugar del siniestro recorrieron el país y reflejaron la magnitud del impacto. Durante horas, los equipos de emergencia trabajaron en condiciones extremadamente complejas para rescatar a los pasajeros atrapados y asistir a los sobrevivientes.



Desde entonces, la investigación avanzó con la incorporación de una importante cantidad de evidencia técnica destinada a reconstruir con precisión qué ocurrió en los instantes previos a la colisión.
En este tipo de investigaciones, la pericia cinemática constituye una de las pruebas más relevantes. Se trata de un estudio altamente especializado que permite establecer velocidades, trayectorias, distancias de frenado, tiempos de reacción y posiciones finales de los vehículos, integrando múltiples elementos científicos para reconstruir el desarrollo del accidente.
Su elaboración requiere analizar una enorme cantidad de información técnica, entre ella registros de GPS, datos provenientes de tacógrafos cuando las unidades cuentan con ese equipamiento, pericias mecánicas, informes accidentológicos, planimetrías, autopsias, inspecciones oculares y toda otra evidencia recolectada durante la investigación.
Precisamente por esa complejidad, fuentes judiciales explicaron que este tipo de estudios suelen demandar varios meses de trabajo y que sus tiempos de realización responden a la propia dinámica de los procesos penales vinculados a siniestros con múltiples víctimas.
Karen Cader, letrada patrocinante de la querella de la familia Kaldi,Flores y de Nilda Brito, mamá de Ezequiel Dulor habló con La Opinión Austral e indicó que: “la duración de una pericia de estas características no constituye, por sí misma, un indicador sobre el avance de la causa ni puede interpretarse como una demora atribuible a los investigadores o al Poder Judicial”. Por el contrario, sostuvo que “el objetivo es garantizar un análisis técnico completo que permita arribar a conclusiones sólidas y debidamente fundamentadas”.
Uno de los aspectos particulares del expediente radica en que el conductor del camión falleció como consecuencia del propio accidente. Esa circunstancia introduce un elemento de especial sensibilidad jurídica, ya que quien aparece involucrado en el hecho no tiene posibilidad de ejercer su defensa material ni de brindar su versión de los acontecimientos.
Por ese motivo, desde la Justicia insisten en la necesidad de actuar con máxima prudencia al momento de formular hipótesis públicas sobre las responsabilidades del siniestro. El criterio de los investigadores es que únicamente la valoración integral de la prueba permitirá establecer cómo ocurrió la colisión y cuál fue la conducta desplegada por cada uno de los protagonistas.
Mientras tanto, familiares de las víctimas y sobrevivientes continúan esperando respuestas. Para muchos de ellos, el paso del tiempo no ha disminuido el dolor provocado por una tragedia que marcó profundamente a la comunidad santacruceña y que reabrió el debate sobre la seguridad vial, los controles en las rutas y las condiciones de circulación del transporte de cargas y pasajeros en la Patagonia.
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