El equipo de negociación policial dependiente del Departamento Orden Urbano y de la Dirección General de Operaciones Policiales de la Policía de Santa Cruz visitó los estudios de LU12 AM680 y abrieron las puertas de una especialidad tan determinante como desconocida para la comunidad.
La activación de este grupo no es arbitraria, sino que responde a un protocolo técnico muy riguroso cuando la seguridad convencional se ve desbordada. El comisario Elbio Ramírez detalló con precisión ese instante crítico: “De acuerdo a nuestro protocolo, cuando las barreras estándares de la seguridad normal que vemos en las comisarías, el 911 o el comando de patrullas no tienen las herramientas necesarias para abordar una situación que se torna crítica. Al activar ese protocolo, comienzan a activarse los demás equipos especialistas, tanto en rescate, fuerzas especiales, el equipo táctico o la guardia infantería”. En ese escenario, Ramírez remarcó que se despliega “la otra pata, que es la intervención verbal“, trabajando de manera coordinada con “un presidente del comité de crisis, la unidad de apoyo táctico, la unidad táctica y la intervención verbal y estratégica que sería el equipo de negociación”.
Cuando el perímetro se cierra y la tensión domina la escena, el primer contacto humano resulta crucial. La comisaria y licenciada en psicología Marina Gañán explicó cómo es la llegada al terreno: “Se llega al lugar y recabamos información a través del primer interventor, que es el policía de la comisaría. El que toma la palabra es el negociador, generalmente acompañado por alguna de las psicólogas, porque tenemos diferentes tareas dentro de las situaciones de crisis. Allí se toma ese primer contacto verbal con la persona en crisis”.
Lejos de las fórmulas preconcebidas o de los libretos rígidos, la realidad exige flexibilidad absoluta. El oficial subinspector Javier Rearte, formado en el Grupo Halcón de la Policía Bonaerense, aclaró que “las situaciones que atravesamos son totalmente diferentes, no tenemos un patrón particular que podamos detallar”. Rearte fundamentó la filosofía de trabajo del grupo al señalar: “Lo que siempre intentamos es que la persona pueda comunicarnos qué le está pasando. No hay una situación más o menos difícil, al tener todas sus particularidades. Intentamos en principio escuchar lo que llamamos demandas para ver qué le sucede y poder ayudarla”.
Para que ese diálogo fluya, la elección de las palabras es decisiva: “Hacemos hincapié en hablar de manera coloquial para no entrar en un idioma policial o técnico, buscando que expresen lo que les pasa de forma conversada para ver de qué manera podemos ayudar”.
Sostener la calma en medio del caos requiere un estricto orden interno para no sucumbir ante el estrés del entorno. La oficial principal y también psicóloga Rocío Vera Baigorria describió la complejidad emocional a la que se enfrentan: “El escenario es muy complejo cuando llegamos a una intervención. Buscamos ordenarnos nosotros primero y mantener un orden. Trabajamos hace varios años juntos, nos conocemos y entendemos bastante por la dinámica cotidiana y el entrenamiento”.
Respecto a su rol específico, Vera Baigorria precisó que “el rol del psicólogo se asocia a hacer entrevistas, manejar esa información dentro del equipo y evaluar”, agregando que “al ser tareas estresantes, mantener una buena comunicación y líneas de trabajo ordenadas evita generar un estrés adicional“.
Primer encuentro
Esa experiencia acumulada llevó a la unidad santacruceña a impulsar el primer encuentro internacional de equipos de negociación, una iniciativa nacida en el seno del propio grupo. “Quienes propulsaron esto es el equipo completo. La idea venía gestándose desde un principio y el impulsor del proyecto fue Javier Rearte”, reconoció el comisario Ramírez. La génesis del proyecto se apoyó en la propia trayectoria de sus miembros: “Nosotros nacimos de otras policías como negociadores: Javier en el Grupo Halcón de la Policía Bonaerense y yo en el GEOF de la Policía Federal. Eso permite tejer redes con otros negociadores del país”.
Ramírez destacó además la cooperación internacional señalando que “negociadores de otros países como Brasil nos ayudan dando charlas de prevención del suicidio”, lo que derivó en una jornada virtual de gran alcance: “Fue atinado porque hubo más apertura y nos conocimos con equipos de la zona norte, el noroeste, Brasil y Ecuador. Quedaron equipos afuera y ya escriben para el segundo encuentro”. Sobre el futuro de estos intercambios, anticipó que “seguramente será el año que viene” y que provincias como Córdoba y Mendoza buscan tomar la posta, destacando que “ETER, GEOF, Halcón y Mendoza son hoy la escuela en negociación, incluyendo para Brasil y otros países”.
Para integrar estas unidades de élite no basta con la vocación; la preparación psicológica y la práctica continua son indispensables. Gañán reveló que “hay un perfil psicológico con ciertas características que cumplir“ y que “una de las actividades que hacemos como equipo son simulacros con diferentes unidades para capacitarnos y entrenarnos constantemente para llegar a esas situaciones de estrés”. Asimismo, la profesional destacó la importancia de la relación con los medios de comunicación en los operativos: “Trabajar con los medios ayuda a que esto se comprenda. La parte de seguridad tiene la responsabilidad de cuidar a los medios y a los vecinos, por lo que son necesarios ciertos perímetros de seguridad”. Según explicó, el diálogo previo dio frutos: “Al charlar con los medios, empezaron a comprender que no es por capricho sino por una cuestión de seguridad”.
La efectividad de este método se puso a prueba recientemente en un delicado procedimiento con un vecino atrincherado en Río Gallegos. Al respecto, Rearte sostuvo que estas intervenciones se resuelven “dando estricto cumplimiento al protocolo de la Policía de Santa Cruz, resguardando el lugar y la integridad de las personas”. El oficial reiteró el corazón de su labor: “Más importante que hablar es la escucha activa por eso, más que hablar, intentamos escuchar para comprender la situación y ser un brazo colaborativo que resuelva el conflicto, cuidando a la persona y a todos los intervinientes”.
Detrás del despliegue policial hay vidas atravesadas por el dolor, y el impacto humanitario del equipo suele dejar huellas profundas en las familias afectadas. Vera Baigorria compartió la satisfacción del deber cumplido: “Hemos tenido experiencias muy gratificantes, sobre todo por parte de las familias. Atrás de la persona en crisis hay una familia que se preocupa por el accionar policial“. La psicóloga relató que “las familias se han comunicado para agradecer enormemente la labor”, y remarcó con empatía: “Resalto de nuevo la cuestión humanitaria, entendiendo que nadie elige estar en esa situación ni tener un familiar atravesando una crisis”.
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