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Hay fechas que quedan grabadas para siempre en la memoria de una comunidad. El 24 de julio de 2025 es una de ellas para Santa Cruz. Aquella noche, un violento choque entre un camión y un colectivo de la empresa Andesmar sobre la Ruta Nacional Nº 3, en cercanías de Güer Aike, dejó cuatro víctimas fatales y más de veinte personas heridas. La tragedia estremeció a toda la provincia y abrió una profunda herida que, un año después, continúa sin cicatrizar.

Entre quienes perdieron la vida estaba Gemma Candelaria Kaldi, una joven de apenas 22 años que acababa de recibirse de chef internacional y que estaba a punto de iniciar el proyecto con el que había soñado durante años: trabajar en cruceros internacionales y recorrer el mundo a través de la gastronomía.

A doce meses del siniestro, su madre, Lili Parra, su madre, habló con La Opinión Austral. Lo hizo desde Portugal, país al que emigró junto a su familia intentando encontrar un espacio donde comenzar a reconstruir una vida atravesada por el dolor. Sin embargo, reconoce que la distancia no logró aliviar la ausencia ni disminuir la necesidad de obtener respuestas.

Gemma era una nena ejemplar“, dice apenas comienza a hablar de su hija. La emoción aparece inmediatamente cuando recuerda que apenas tres días antes de la tragedia habían celebrado sus 22 años.

“Ella se recibió de chef internacional en el 2024. Tenía un contrato de trabajo con Royal Caribbean, los cruceros”, relata con orgullo. Ese empleo representaba el premio a años de esfuerzo y sacrificio. El plan familiar estaba perfectamente organizado: Gemma viajaría primero para obtener su documentación y luego comenzaría la carrera profesional con la que tanto había soñado.

“Ella se iba esa tardecita porque tenía al otro día a las 9 de la mañana en el consulado de Portugal, donde le iban a entregar sus visas”, recuerda.

Aquella despedida fue simple, cotidiana, como tantas otras. “Yo estaba en el fondo de la casa… y ella me gritó que ya había llegado su Uber y que se iba… La saludé a la distancia.” Nunca imaginó que ese sería el último intercambio entre madre e hija.

Como muchos jóvenes de su generación, Gemma registraba cada etapa importante de su vida a través de las redes sociales. Publicaba videos en TikTok donde mostraba el camino recorrido para obtener su título, las dificultades que había superado y la ilusión con la que esperaba comenzar una nueva etapa lejos del país. Pero aquel viaje nunca llegó a destino.

Gemma tenía 22 años y toda una vida por delante. FOTO: LA OPINIÓN AUSTRAL

Las primeras horas posteriores al suceso fatal quedaron grabadas para siempre en la memoria de Lili Parra. La incertidumbre comenzó cuando los mensajes dejaron de ser respondidos y las noticias sobre un grave siniestro vial empezaron a multiplicarse.

Fue su esposo, trabajador de la actividad minera, quien intentó transmitirle tranquilidad mientras viajaba.

“Él me decía: ‘No, pero pensá positivo’… Yo le decía: ‘No, fueron ellos, fueron ellos‘, porque yo sé la logística de los colectivos. Trabajé en una empresa de transportes.” La intuición terminó convirtiéndose en una realidad devastadora.

Al llegar al Hospital Regional de Río Gallegos, el escenario era desolador. “Había gente en el piso, era todo una tragedia”, recuerda.

Pocos minutos después recibió la confirmación que ningún padre está preparado para escuchar: su hija había muerto. “Nadie piensa que su hijo va a morir primero que uno. Es contranatural.”

Sin embargo, además del duelo, existe otro sentimiento que permanece intacto: la necesidad de saber exactamente qué ocurrió aquella noche.

A un año del incidente, la investigación judicial continúa abierta y todavía resta incorporarse la pericia cinemática, considerada una prueba fundamental para reconstruir técnicamente cómo se produjo el impacto. Mientras esperan esos resultados, las familias sienten que las respuestas llegan demasiado despacio.

“No sabemos nada todavía… estamos esperando. Entiendo que la Justicia está reclamando por todo el tema que hay en Santa Cruz por policías y judiciales, pero nosotros necesitamos respuestas.”

Desde Portugal, Liliana hablando con nuestra compañera Victoria Lescano. FOTO: LA OPINIÓN AUSTRAL

La incertidumbre resulta tan dolorosa como la propia pérdida. “¿Qué pasó ese día para que mi niñita esté en paz? Eso es lo que pido.”

Lili aclaró que no busca alimentar especulaciones ni señalar responsables antes de que la Justicia concluya la investigación. Lo único que desea es conocer la verdad para poder cerrar una etapa que permanece abierta desde hace doce meses.

El incidente no solo modificó para siempre la historia de Gemma. También transformó profundamente la vida de toda su familia. Su hermana menor, Anastasia, que hoy tiene apenas tres años, continúa enfrentando las consecuencias emocionales del trauma.”Ella busca a su hermana con sus cosas… su mente chiquitita también le afectó.”

El proyecto familiar de radicarse en Portugal siguió adelante, aunque ya nada tuvo el mismo significado. El viaje que originalmente simbolizaba el comienzo de una nueva vida profesional para Gemma terminó convirtiéndose en una forma de honrar su memoria. Pero el desarraigo tampoco logró borrar el dolor.

“No estoy preparada para estar en mi casa… por ahora no quiero volver.” Durante este difícil proceso, la familia encontró acompañamiento legal y humano en la abogada Karen Cader, quien continúa representándolos mientras la causa judicial avanza.

Lili asegura que sabe que ninguna resolución podrá devolverle a su hija. “Nuestra hija no va a volver, pero por lo menos sentir que pueda descansar en paz.”

Este viernes, al cumplirse un año de la tragedia que también les costó la vida a Claudio Néstor Moreno, Exequiel Andrés Dulor y Raúl Oscar Flores, Santa Cruz volverá a detenerse para recordar una de las noches más dolorosas de su historia reciente.

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