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Un vecino. Un padre. Un trabajador estatal. Más de 100 horas de desaparición y decenas de kilómetros rastrillados. Estos son solo algunos de los números en torno al caso de Gabriel Melica, de quien no se sabe nada desde el sábado en Río Gallegos y que, con el pasar de las horas, la incertidumbre solo crece.
Gabriel es padre de una nena y de dos jóvenes. De un tiempo a esta parte estuvo pasando algunos problemas personales y, en la mañana del sábado, fue visto por última vez cerca de la Escuela de Policía, en las afueras de la capital de Santa Cruz.
Desde el sábado, La Opinión Austral dio cuenta de la segunda desaparición de Gabriel tras irse del Centro de Salud Mental, luego de haber sido rescatado horas antes en la zona de la costanera. El caso ya estaba judicializado y había quedado en manos del Juzgado de Instrucción de turno este mes, a cargo de Gerardo Giménez, quien -hasta este miércoles- no había tenido comunicaciones con la familia del desaparecido.
En la mañana del sábado, pese a que había una consigna en el Centro de Salud Mental, Gabriel se retiró por sus propios medios por la puerta, pese a que una de las versiones indicaban que se había “escapado” por una ventana.
Nada más lejos de la realidad. El vecino, trabajador de Vialidad Provincial en su momento y ahora dependiente de Distrigas se fue caminando y tomó un taxi cerca del Hospital Regional.
Desde ahí lo que se sabe, rastrillajes en la costa y la cara de Gabriel en posteos, historias de Instagram y estados de Whatsapp.
Este dejó de ser solo un caso policial para convertirse en una historia atravesada por el dolor familiar, las falencias institucionales y una comunidad que intenta suplir con solidaridad lo que, según denuncian, el Estado no logra garantizar.
En las últimas horas, su esposa, Susana Gugliermo, habló con La Opinión Austral para contar, con palabras cargadas de angustia y firmeza, qué ocurrió antes y después de que su marido se perdiera sin dejar rastros.
Desde hace días, la vida de Susana y de toda su familia quedó suspendida en una espera interminable. Cada amanecer trae la esperanza de una noticia; cada noche, la frustración de no tener respuestas. “Es una agonía que no se la deseo a nadie, ni a mi mayor enemigo”, resumió la mujer, mientras reconstruyó una secuencia de hechos que, a su entender, estuvo marcada por decisiones erradas, desorganización y falta de empatía.
Gabriel Mileca atravesaba un proceso emocional complejo. Deportista, amante del agua, conocedor del campo y con una extensa trayectoria laboral en áreas vinculadas a Vialidad y Guardapesca, había comenzado a sentirse desbordado.
La familia buscó contención en distintos espacios: especialistas, terapias alternativas, acompañamiento permanente. Sin embargo, llegó un momento en que, por recomendación profesional, se decidió su internación en el Centro de Salud Mental de la ciudad. “Lo entregué para que me lo cuiden y me lo resguarden. Hoy hace días que mi esposo está desaparecido”, dijo Susana, sin ocultar el arrepentimiento por aquella decisión, en declaraciones a este diario.
Uno de los puntos que la esposa remarcó con mayor énfasis es que Gabriel no se escapó, como se dijo inicialmente. “Mi esposo salió por la puerta”, insistió. Según su relato, alrededor de las 10 de la mañana del sábado, Mileca se retiró del centro por una puerta de emergencia, contigua a las habitaciones, pese a contar con una consigna que debía custodiarlo. No hubo forcejeos ni fugas cinematográficas. Simplemente, nadie cumplió con la función de cuidado que correspondía.
A eso se suma otra denuncia grave: la falta de información médica. Susana aseguró que la doctora de guardia no supo decirle qué medicación había recibido su esposo ni en qué condiciones se encontraba. “Me dijo que estaba esperando a la psiquiatra. ¿A vos te parece?”, cuestionó. Ese cúmulo de desprolijidades, sostuvo, derivó en el desenlace que hoy mantiene en vilo a toda la ciudad.
El primer dato concreto sobre el paradero de Gabriel llegó a través de un taxista, quien lo habría trasladado hasta la zona costera norte. Mileca no tenía dinero encima, por lo que pidió prestado un celular para llamar a su esposa y pedirle que abonara el viaje. A partir de allí, el rastro se diluyó.
Un testigo lo habría visto cerca del agua, en una jornada con marea extremadamente baja. Sin embargo, Susana desmintió versiones que circularon sobre supuestos videos donde se lo vería internarse en el agua. “Eso es mentira”, afirmó con contundencia, y reclamó que se vuelva a tomar declaración a todos los testigos.
Mientras la búsqueda avanzaba, la familia decidió salir por su cuenta a recorrer descampados y sectores poco señalizados, incluso zonas federales cercanas a la Fuerza Aérea. Esa iniciativa terminó en un episodio que profundizó el dolor: Susana y otros familiares fueron demorados por la Policía Federal. “Nos escoltaron como si fuésemos narcotraficantes”, relató sobre lo que ocurrió en terrenos ubicados detrás del Industrial N°6, entre la noche del martes y la madrugada del miércoles.
La escena, con patrulleros a toda velocidad y sirenas encendidas, la llevó a pensar, por un instante, que habían encontrado a su esposo. No fue así. “El mal rato no te lo olvidás. Tenía que ir a buscar a mi hija de 11 años, con su papá desaparecido y su mamá demorada en una comisaría”, recordó.
La mujer también cuestionó la coordinación de los rastrillajes. Señaló que muchas gestiones debieron ser impulsadas por ella misma: desde conseguir el avión del Aeroclub para los sobrevuelos hasta convocar voluntarios con drones, vehículos 4×4 y conocimientos del terreno.
“No puede ser que dependamos de la respuesta de la comunidad”, advirtió, aunque reconoció y agradeció el acompañamiento masivo de vecinos, runners, pescadores y amigos que se organizan de manera espontánea. “Por eso quiero agradecer a Grupo running: Las Águilas, Huemules, Ecorunning, también a Guardapesca de la provincia, Vialidad Provincial, grupo 4×4, Guardia Urbana, colaboradores de los drones, amigos, familia, comunidad en general”.
En ese contexto, Susana reclamó que la búsqueda no se reduzca con el paso de los días, que se extiendan los horarios mientras haya luz natural y que se incorporen todos los recursos disponibles, sin disputas de jurisdicción. “Yo no puedo estar en el punto cero, en Punta Loyola y en Río Chico al mismo tiempo. Esa no es mi función”, remarcó, al tiempo que exigió responsabilidades por lo ocurrido.
Más allá de la desaparición, el testimonio abrió otra herida: la situación laboral que atravesó Gabriel en los últimos tiempos. Según su esposa, tras un cambio de gestión fue relegado, sin tareas, pese a su compromiso histórico con el trabajo y la comunidad. “Lo único que él siempre quiso fue trabajar. Era el primero en estar listo para ayudar, para salir a la ruta, para un rescate. Después lo dejaron tirado en un patio”, relató. Para ella, ese golpe fue parte de un proceso acumulativo que terminó afectando su salud emocional.
La imagen que Susana construyó de su esposo es la de una persona solidaria, recta, respetada en todos los ámbitos. Y esa descripción encuentra eco en la respuesta social: cientos de personas colaboran, preguntan, acompañan y mantienen viva la búsqueda. “Eso habla de la persona que es Gabriel”, dijo.
Susana también remarcó una situación que tuvo que pasar cuando todo este lamentable periplo comenzó. Ella indicó que un chofer de la Comisaría Sexta, al que ella nombró como “R”, se le río en la cara cuando deberían haber buscado a Gabriel. “Se sacaban fotos y se reían en vez de meterse al agua” indicó.
Mientras pasan las horas y el viento patagónico sigue barriendo la costa, Río Gallegos asiste a una historia que interpela no solo por la desaparición de un vecino, sino por las preguntas que deja abiertas.
Qué falló, quién debía cuidar, cómo se buscan personas en una ciudad atravesada por distancias enormes y recursos limitados. En el centro de todo, una familia espera. Y una mujer que, entre el dolor y la firmeza, repite una sola certeza: no va a permitir que Gabriel Mileca sea olvidado.
Mientras las autoridades continúan con las tareas de rastrillajes y una comunidad aguarda por novedades, la familia de Gabriel espera volver a abrazarlo.
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