Your browser doesn’t support HTML5 audio

La investigación por la muerte de un jubilado de YPF de 66 años en el barrio Calafate de la localidad de Las Heras sumó en las últimas horas nuevos elementos que profundizaron las sospechas alrededor del caso y terminaron de derribar la hipótesis inicial de un simple fallecimiento natural.

El hombre fue hallado muerto el miércoles por la noche dentro de su vivienda y, en un primer momento, el hecho fue interpretado como un posible paro cardíaco. Sin embargo, la causa dio un giro total tras la autopsia realizada 24 horas después: el médico forense descubrió que tenía una bala alojada en el cráneo, con orificio de entrada y sin salida.

Ahora, mientras la principal hipótesis judicial continúa siendo la de un presunto suicidio, el juez Eduardo Quelín intenta reconstruir con precisión qué ocurrió dentro de la casa y determinar si hubo participación de terceros o maniobras posteriores para alterar la escena.

Fuentes vinculadas a la causa indicaron a La Opinión Austral que se realizaron pruebas de parafina y barrido electrónico sobre las manos de las personas que estuvieron en el domicilio al momento del hallazgo del cuerpo. Las pericias buscan detectar residuos de pólvora y establecer si alguno de ellos efectuó disparos recientemente.

El expediente, caratulado como “muerte dudosa”, comenzó a tornarse todavía más complejo luego de las contradicciones surgidas en las declaraciones testimoniales. De acuerdo a la información recabada por los investigadores, familiares y personas cercanas admitieron ante la Policía haber limpiado la sangre antes de la llegada de los efectivos porque creyeron que “la Policía iba a tardar mucho”.

Ese dato encendió las alarmas dentro de la investigación, especialmente porque los primeros policías que ingresaron a la vivienda no encontraron rastros visibles de sangre ni tampoco el arma de fuego presuntamente utilizada.

Tal como anticipara de manera exclusiva La Opinión Austral, con el avance de la causa, la División de Investigaciones de Las Heras realizó un allanamiento y una ampliación de la inspección ocular en la vivienda, junto al Gabinete Criminalístico local.

Durante el procedimiento se efectuaron secuencias fotográficas, tareas de planimetría y búsqueda de elementos de interés para la causa, confiaron fuentes consultadas por este diario.

En el operativo, los investigadores encontraron una alfombra con manchas rojizas descartada sobre contenedores ubicados en el exterior de la vivienda, cerca del portón principal. Además, hallaron finalmente una carabina calibre .22 cargada, con un cartucho en recámara y otros seis en el cargador metálico.

El arma estaba apoyada sobre una mesa en el sector quincho de la vivienda, cerca de una pared interna. Junto a ella, la Policía secuestró una importante cantidad de municiones, cajas de cartuchos, vainas servidas y proyectiles de distintos calibres, entre ellos .22 LR, .38 Special y .223 Remington.

Los efectivos también encontraron varias vainas servidas con signos de percusión, lo que ahora será sometido a peritajes balísticos para determinar si alguna coincide con el disparo que terminó con la vida del expolicía.

Durante el allanamiento también se secuestraron al menos seis teléfonos celulares pertenecientes a personas vinculadas al entorno de la víctima y de quienes estuvieron presentes en el domicilio. Los dispositivos serán peritados para intentar reconstruir movimientos, llamadas y mensajes previos y posteriores al hecho.

En paralelo, la Policía volvió a tomar declaraciones testimoniales a familiares, allegados e inquilinos de la propiedad. Las inconsistencias detectadas entre los distintos relatos son, por estas horas, uno de los puntos centrales sobre los que trabaja la Justicia.

El caso generó un fuerte revuelo dentro de la Policía de Santa Cruz y en la comunidad de Las Heras, donde la noticia rápidamente comenzó a circular por la extraña secuencia de acontecimientos: una muerte inicialmente atribuida a un paro cardíaco, una escena limpiada antes de la llegada policial, sangre descartada en contenedores y un rifle que recién apareció durante el allanamiento judicial.

Mientras el cuerpo ya fue entregado a la familia para su sepelio, la investigación continúa avanzando con nuevas pericias científicas y análisis criminalísticos que podrían ser determinantes para esclarecer si el disparo fue autoinfligido o si hubo participación de otras personas.

Por ahora, la causa sigue abierta y bajo estricto hermetismo judicial. En Las Heras, el caso ya dejó de ser una simple “muerte dudosa” para convertirse en uno de los episodios policiales más inquietantes de los últimos tiempos en la zona norte santacruceña.

Leé más notas de La Opinión Austral