El sol de este lunes iluminó una calle Alcorta que, a simple vista, recuperó su habitual fisonomía de tránsito, compras y paseos familiares. Sin embargo, en el centro de Río Gallegos aún resuenan los ecos del megaoperativo antidrogas desplegado la noche del sábado, un procedimiento que dejó al descubierto cómo el narcotráfico puede camuflarse entre heladerías, tiendas y locales bailables. El saldo primario dejó cinco personas bajo la lupa judicial que, si bien recuperaron su libertad en las últimas horas, continúan estrechamente ligadas a una causa federal que recién comienza a escribir sus capítulos más importantes.
El principal apuntado por los investigadores es un hombre de mediana edad, conocido en el expediente por sus iniciales “MG“. Según los indicios recabados en las tareas de campo, este sujeto oficiaba como el dealer encargado de regentar el búnker.
Tal como lo informó La Opinión Austral, durante la irrupción táctica, que tuvo lugar cerca de las 20:00 horas del fin de semana, las fuerzas de seguridad le secuestraron dosis de cocaína listas para la venta, dinero en efectivo de distinta denominación que evidenciaría el constante flujo del negocio, dos balanzas digitales de precisión y múltiples elementos de corte y fraccionamiento, entre ellos los clásicos recortes de nylon.
No obstante, con la droga ya fuera de circulación, la pesquisa entra ahora en su fase más silenciosa pero determinante: la pericia tecnológica. Fuentes consultadas por La Opinión Austral confirmaron que el secuestro de dos teléfonos celulares en el domicilio allanado se convirtió en el verdadero tesoro de los sabuesos policiales. En las próximas horas, los peritos informáticos buscarán vulnerar la seguridad de estos dispositivos para extraer información vital.
El objetivo de la Justicia ya no es solo probar la comercialización al menudeo, sino ir un paso más allá: robustecer la investigación, trazar el mapa de contactos del dealer, descubrir la procedencia exacta de la cocaína y desbaratar la logística del pasamanos que abastecía a esta boca de expendio.
Mientras en los despachos judiciales se preparan para bucear en los chats y registros de llamadas, en la calle el estupor sigue a flor de piel. El movimiento inusual de patrulleros y efectivos tácticos alteró la jornada de quienes conviven pared de por medio con el delito silencioso. Este lunes, el móvil de exteriores de LU12 AM680 recorrió la zona para tomarle el pulso al barrio comercial. Allí dialogaron con Paula, trabajadora de uno de los locales aledaños, quien relató en primera persona el asombro generalizado.
“Nos enteramos el otro día sobre lo que sucedió, justo cerca del cierre. A nosotros nos llamó la atención de la misma forma. Uno no se esperaba algo así, pero sí eso sucedió. fue cerca de las 8, nosotros estábamos por cerrar el local y nos encontramos con toda esa noticia. Vimos todo el movimiento y demás.”, confió la comerciante ante los micrófonos, reviviendo la tensión del sábado.
Una de las grandes incógnitas del caso es cómo un búnker de estupefacientes podía operar en una arteria tan concurrida sin quedar en evidencia. Al ser consultada sobre si había notado movimientos rápidos de autos o un flujo extraño de personas ingresando a la vivienda sospechosa, Paula fue cauta, reflejando el sigilo con el que operaba la red: “La verdad que yo en particular no. Pero sí puede ser que que haya sucedido. Yo no lo puedo asegurar”.
El contraste entre la pujante vida mercantil y el submundo narco quedó plasmado en su reflexión final, que representa el sentir de buena parte de los riogalleguenses. “Hay muchos comercios, sí. La verdad, yo no he podido hablar con nadie. después a partir de las noticias, sí se ha comentado, es una sorpresa porque uno no se espera que sucedan estas cosas,” concluyó la trabajadora.
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