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El Centro Barrial Ceferino Namuncurá, perteneciente a la familia de los Hogares de Cristo en Río Gallegos, celebra diez años de labor social y continúan brindado ayuda a personas en situación de consumo, de calle y pacientes de salud mental con la solidaridad como eje central y sin cuestionamientos hacia quienes necesitan ayuda.
Héctor Silva, coordinador del espacio, brindó una entrevista a LU12 AM680 Radio Río Gallegos y repasó la historia, la metodología de trabajo y el complejo panorama social que atraviesa la capital de Santa Cruz. También asisten a quienes tienen consumos problemáticos o vulnerabilidad psicosocial. Lo hacen bajo una premisa fundamental: la solidaridad sin juzgamientos.
Silva recordó que la obra a nivel nacional ya cumple 18 años. Su desembarco en la ciudad ocurrió en el 2006. Junto a su esposa regresaron de Buenos Aires con la experiencia de los hogares nacidos en la Villa 21-24 y Zabaleta.
Allí trabajaron junto al entonces cardenal Bergoglio. “El padre monseñor Miguel Ángel D’Aníbal nos pidió que abriéramos la obra del hogar”, relató el coordinador. Inicialmente fue todo un aprendizaje.
La realidad local era distinta a lo que venían experimentando en Buenos Aires. La impronta del centro se define por una “espiritualidad de recibir la vida como viene. Esto implica no condenar ni establecer condiciones previas para la ayuda“.
Explicó que este camino no fue exento de tensiones. Hubo situaciones de violencia iniciales. El objetivo siempre fue armar equipos para entender que la realidad manda.
“La consigna era esa justamente, la de recibir la vida como viene. Supone no dejar a nadie afuera. Además supone esta idea de recibir la vida en su totalidad”, afirmó. Diferenció su mirada de la de otras instituciones.
“Vemos que las respuestas institucionales terminan siendo respuestas fragmentadas. Nuestra mirada es una mirada de familia”, agregó. Un punto central fue el análisis sobre cómo el cuestionamiento puede alejar a quien necesita auxilio.
Más adelante,advirtió que la sociedad cae en el error de querer que el otro haga lo que uno desea. “Mirar sin juzgar, sin condenar, es decir: bueno, en el centro está la persona. Una persona que vive, que sufre y que busca”, detalló.
Remarcó que el primer paso no siempre es el tratamiento contra las adicciones. “Ese pibe que viene muy roto, tal vez la problemática es tramitar un DNI. Uno diría ‘no, tiene que salir de la droga primero’ y ese no es el primer paso. El primer paso es dar respuesta a esa necesidad”, sostuvo.
Edades más bajas
El coordinador alertó sobre un cambio preocupante en el perfil de quienes asisten al centro barrial. Hace años la población oscilaba entre los 30 y 40 años. Hoy la demanda se ha vuelto mucho más joven y diversa.
“Hoy ya empiezan a los 17 o 18 años a llegar al hogar. Muchos chicos o chicas llegan un poquito más rotos”, señaló Silva. Agregó que ahora también se acercan mujeres. Es una tendencia que antes solo veían en grandes urbes.
El pedido de ayuda es un proceso lento. Requiere generar vínculos de confianza para que la persona tome conciencia de su situación.
Crisis económica
En cuanto al contexto socioeconómico, Silva vinculó la falta de empleo con la crisis de muchos adolescentes.
“La falta de oportunidad de trabajo genera una falta de proyección y de motivación. Lo que uno observa es una falta de motivación, sobre todo en los más jóvenes”, analizó. Sostuvo que la sociedad empuja al consumo de bienes de forma indeterminada.
Ante la imposibilidad de acceder a ellos aparece la frustración. Surge entonces el “remedio compensador” de la adicción. “Cuando alguien crece con un mensaje tan negativo, eso genera una falta de motivación. Cuando la vida no se vive en plenitud aparece la adicción”, sentenció.
La conversación también abordó las críticas a la actual Ley de Salud Mental. Silva consideró que la aplicación práctica ha fallado por falta de dispositivos intermedios. “Se habló de desmanicomialización y sacamos a la gente. Pero no se crearon dispositivos territoriales ni casas de medio camino. Terminó siendo más expulsivo que otra cosa”, denunció.
Defendió el rol de las internaciones en etapas agudas. Los dispositivos residenciales ayudan a muchos jóvenes a proyectarse nuevamente. Permiten un proceso de desintoxicación y cuidado que en la calle es imposible sostener.
Hacia el futuro, Silva adelantó un proyecto ambicioso para profundizar el acompañamiento. “Estamos proyectando el armado de un espacio terapéutico a dos cuadras. Un hospital de día para que los chicos tengan un espacio integral con un grupo de profesionales”, anunció.
El objetivo sigue siendo lograr que aquel que está “un poquito tirado” se ponga de pie. Buscan que cada persona descubra que su vida es útil e importante.
Actualmente el Centro Barrial Ceferino Namuncurá atiende de lunes a viernes. El horario es de 10:00 a 16:00. La sede se ubica en calle Mendoza 340 y Costanera en Río Gallegos. Allí los asistentes acceden a higiene personal, alimentación y talleres.
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