Your browser doesn’t support HTML5 audio

La actividad económica de Santa Cruz cerró abril de 2026 con una caída interanual del 8,8% en el total provincial, según el último revelamiento realizado por la Federación Económica Santa Cruz (FESC).  El infome señaló que “en la comparación intermensual desestacionalizada se observó una baja del 5,2%”. La actividad económica acumula una baja del 9,6% en el primer cuatrimestre.

El comportamiento del consumo en Santa Cruz mostró “una contracción sostenida de la actividad durante los últimos diez meses”.

Desde “julio de 2025, el indicador no muestra variaciones interanuales positivas, lo que confirma una etapa recesiva prolongada y una fuerte pérdida de expectativas de mejora en el corto plazo”. El informe del sector pyme provincial advirtió que “este desempeño no puede interpretarse como una baja circunstancial ni como un episodio aislado”. Por el contrario, “expresa un deterioro persistente de la actividad económica provincial, con impacto acumulado sobre el consumo, el empleo, la inversión y la liquidez de los comercios y prestadores de servicios”.

“La continuidad de resultados negativos durante un período tan extenso muestra una crisis de profundidad relevante, atravesada por una demanda debilitada, menor circulación de ingresos y crecientes dificultades para sostener el funcionamiento del entramado productivo local”, se indicó.

El Índice Provincial de Actividad Económica (IPAE) registró los siguientes datos en su serie:

La desagregación por rubros muestra que la contracción de abril fue generalizada, aunque con intensidades diferentes. El promedio ponderado del IPAE se ubicó en -8,8%.

Rubro por rubro

En primer lugar, alimentos y bebidas registró la mayor caída interanual, con una baja del 15,7%. Además, registró una retracción intermensual desestacionalizada del 2,3% y una contracción acumulada del 12,8% en el primer cuatrimestre. Este sector explica el “indicador general y refleja el impacto combinado de la menor capacidad de gasto de los hogares y la debilidad de la demanda local. Los comercios señalaron un consumo muy restringido, compras más pequeñas, sustitución hacia productos de menor precio y mayor uso del crédito para cubrir consumos básicos”.

En segundo lugar, “servicios mostró una caída interanual del 14,7%, con una baja intermensual del 1,7% y una contracción acumulada del 12,8%”. Este rubro” explica la baja generalizaday refleja el impacto combinado de la menor capacidad de gasto de los hogares y la debilidad de la demanda local”. Los prestadores mencionaron “menor ocupación, bajas en reservas, caída de la demanda, aumento de gastos operativos y mayor competencia, especialmente en hotelería, turismo y servicios personales”.

(FOTO: JUAN PALACIOS / LA OPINIÓN AUSTRAL).

En tercer lugar, farmacia y perfumería mostró un desempeño negativo, con una caída interanual del 7,8%, una retracción intermensual del 2,3% y una caída acumulada del 12,6%. El comportamiento del rubro fue desigual: medicamentos, vacunas gripales y productos de invierno sostuvieron parte de la demanda, mientras que perfumería, cuidado personal y bienes no esenciales quedaron más afectados por la restricción de ingresos.

En cuarto lugar, en una posición menos contractiva se ubicó calzado, indumentaria y textiles, con una baja interanual del 3,8%, una baja intermensual del 0,2% y una contracción acumulada del 5,7%. La llegada del frío y la renovación de temporada aportaron algo de movimiento, pero los encuestados remarcaron que las ventas siguen condicionadas por salarios estancados, desempleo, menor poder de compra y mayores costos comerciales.

Por último, el único rubro con variación positiva fue Ferreterías, Construcción, Bazar, Hogar y Muebles, que creció 1,8% interanual. De todos modos, cayó 2,2% frente al mes anterior y acumula una baja del 1,5% en el primer cuatrimestre. El rubro mostró cierto impulso por mantenimiento, refacciones, reparaciones y productos estacionales, aunque todavía limitado por la falta de obra pública y privada, los altos costos de materias primas y la debilidad del gasto en bienes durables. Esta suba todavía no alcanza para modificar el cuadro general de retracción económica provincial.

Actualidad de las pymes

Según advirtió la FESC, el clima de negocios provincial muestra un deterioro marcado en la situación presente. El “47,6% de las empresas relevadas afirmó que su situación económica empeoró respecto de un año atrás, mientras que el 32,0% indicó que se mantuvo igual y solo el 20,4% señaló una mejora”.

Este balance confirma que la percepción empresaria actual sigue dominada por una lectura negativa, consistente con la caída general del IPAE y con las menciones cualitativas a menor demanda, mayores costos, baja liquidez y dificultades para sostener ventas.

Sin embargo, las expectativas a un año muestran una tensión relevante: pese al mal diagnóstico actual, el 59,2% espera que la situación de su empresa mejore, frente a un 23,3% que prevé un escenario peor y un 17,5% que espera continuidad. Esa expectativa no se traduce todavía en decisión de inversión: el 48,5% considera que no es un buen momento para invertir, contra el 30,1% que sí lo cree y un 21,4% que no sabe. En síntesis, hay expectativa de mejora futura, pero todavía predomina una actitud defensiva en las decisiones empresariales.

Sin-titulo

Los datos elaborados por la Federación Económica de Santa Cruz.

Para complementar los indicadores cuantitativos del informe, la entidad empresarial solicitó a los comercios y prestadores que definieran en una palabra la situación económica actual de la provincia. La nube resultante concentra expresiones de fuerte carga negativa, donde predominan términos como “crisis”, “quebrada”, “mala”, “pésima”, “desastre”, “devastadora” y “preocupante”. También aparecen los términos “inmóvil”, “crisispésima”, “estable”, “limitado”, “aceptable”, “emergencia”, “activa”, “complicado”, “caos”, “fatal”, “eficiente” y “deplorable”.

Esta composición no solo refleja una evaluación desfavorable del presente económico, sino también una percepción extendida de deterioro, fragilidad y pérdida de funcionamiento normal de la actividad cotidiana. La presencia dominante de palabras asociadas a ruptura, emergencia y malestar indica que el problema no es leído por los propios actores económicos como una dificultad transitoria o sectorial, sino como un cuadro más amplio que afecta el clima provincial. Al mismo tiempo, la aparición marginal de términos positivos o neutros – como “estable”, “eficiente”, “aceptable” o “normal” – muestra que existen experiencias menos críticas, pero claramente minoritarias frente a una percepción general atravesada por incertidumbre, cansancio económico y baja expectativa de recomposición inmediata.

Leé más notas de La Opinión Austral