El Salón Blanco de Casa de Gobierno volvió a ser escenario de una escena que, en tiempos donde el acceso a la vivienda se vuelve cada vez más complejo, adquiere un valor profundamente humano. Allí, este miércoles, 25 familias de Río Gallegos recibieron sus terrenos, dando un paso clave hacia el sueño de la casa propia.
Entre ellas estuvo Nazarena Molina, quien no ocultó la mezcla de sorpresa y alegría que atravesó a su familia al recibir la noticia. “La verdad que lo veíamos como un poco lejano”, expresó, reconstruyendo el momento en que su marido fue contactado por el organismo encargado de las adjudicaciones. “Cuando llamaron a mi marido del IDUV, mi marido no tenía reacción en la cara y yo tratando de descifrar lo que le estaban diciendo. Y en el momento de cortarle digo: ‘¿Te llamaron de IDUV?’ y bueno, no lo podíamos creer”, relató con una sonrisa aún incrédula.
El camino hasta ese momento no fue inmediato. Como muchas familias de la ciudad, atravesaron años de gestiones, actualizaciones de documentación y esperas. “No, ya hace un tiempito. Íbamos, veíamos que estén todos los papeles bien, renovábamos, y bueno, se dio y acá estamos con los papeles en mano”, señaló.
La realidad habitacional también marcó su historia reciente. “En su momento alquilábamos, ahora vivimos con el abuelo, así que el abuelo también es un gran soporte para nosotros hoy, porque alquilar está bastante difícil”, explicó, poniendo en palabras una problemática que atraviesa a buena parte de la población. En ese contexto, el terreno representa no solo una oportunidad, sino un punto de inflexión.
Pero la emoción no se limita al presente. También proyecta futuro. “Contentos ahora de empezar en proyectos. La cabeza está a mil”, dijo, reflejando ese vértigo que genera imaginar desde cero un hogar propio. La visita al terreno ya activó la imaginación familiar: “Ayer fuimos a echar un vistazo ahí y tratando de imaginarnos ya el patio. La cabeza anoche no descansó, la verdad”.
En ese nuevo espacio, cada detalle comienza a tomar forma. “Sí, eso también es importante porque es como lo primero que vamos a poner en el terreno junto con lo que va a ser el futuro nuestro”, comentó sobre el árbol entregado simbólicamente a los adjudicatarios, una postal que se repite en cada familia y que funciona como metáfora de crecimiento.
El proyecto familiar es claro. “Mi marido, mi nena y yo”, describió al núcleo que habitará el futuro hogar. Y ya hay ideas concretas: “Tres. Y vamos a necesitar una sala de juegos”, respondió entre risas al pensar en la distribución de la casa, dejando ver que no se trata solo de construir paredes, sino de levantar un espacio para la vida cotidiana.
En paralelo, la semana adquiere un tinte aún más emotivo. La familia se prepara para celebrar los 99 años de Don José Molina, el abuelo y una figura central en su presente quien también es el único residente ganador del Premio Villarino nacido y crecido en Río Gallegos. “Sí, queremos que la Banda de la Policía vaya a saludarlo, como en el año 2020. Son 99 años. No se cumple 99 todos los días”, contó Nazarena, recordando incluso cómo durante la pandemia la banda de la policía acompañó un festejo similar.
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