El acceso a la casa propia volvió a convertirse en una escena cargada de emoción en Río Gallegos. Este miércoles, en el Salón Blanco de Casa de Gobierno, se concretó la entrega de 25 terrenos a familias de la ciudad, en un acto que combinó formalidad institucional con historias profundamente humanas, atravesadas por años de esfuerzo, expectativas y anhelos postergados.

La jornada, realizada por la tarde, no solo significó la adjudicación de lotes, sino también el inicio de una nueva etapa para quienes, hasta ahora, veían el sueño de tener un hogar propio como un objetivo lejano. Entre los rostros emocionados, se destacaba el de Carolina, una joven vecina que, junto a su pareja David, recibió uno de los terrenos.

Hace seis años estamos juntos y siempre quisimos nuestro lugarcito, así que refeliz”, contó, con la voz entrecortada por la emoción. La escena, simple pero significativa, reflejaba lo que para muchas familias representa este tipo de políticas: la posibilidad concreta de proyectar un futuro.

David y Carolina junto a su familia. FOTO: JOSÉ SILVA/LA OPINIÓN AUSTRAL

La pareja, nacida en Río Gallegos, viene de una realidad común para gran parte de la población: el alquiler. “Sí, alquilamos”, confirmó David, quien ya piensa en dar el siguiente paso. “Tenemos materiales, así que ahora con todo”, agregó.

En medio del entusiasmo, también hubo lugar para los detalles cotidianos que hacen a la vida en un hogar. Cuando le preguntaron cómo imaginaba su casa, David no dudó: “Dos habitaciones”. Y enseguida apareció otro integrante clave de la familia: “Patio para el perro… Odín”, dijo, entre sonrisas.

El lote no solo será el espacio para levantar paredes, sino también para construir vínculos y recuerdos. Carolina lo resumió con naturalidad cuando le consultaron dónde plantaría el árbol que le entregaron simbólicamente y reforzó la idea con una risa cómplice.

Detrás de cada historia hay también una red de apoyo que sostiene. En este caso, la familia aparece como un pilar fundamental. “Siempre estuvieron para nosotros y sabemos que van a estar, así que refeliz y agradecidos a Dios. Nunca dejen de luchar por sus sueños”, expresó Carolina. Incluso su padre, presente en el lugar, aportó una cuota de humor y realidad al mismo tiempo: “Igual vemos que estamos pidiendo 180 ladrillos por día”, comentó, reflejando el esfuerzo que implica levantar una vivienda desde cero.

La relación familiar, según contó Carolina, es cercana y cotidiana. “Estamos siempre juntos”, dijo entre risas cuando le preguntaron si invitaría a su padre a compartir los fines de semana. Una postal que resume no solo un momento, sino una forma de vida arraigada en muchas familias patagónicas.

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