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El juicio oral por el hundimiento del submarino ARA San Juan transita su tramo más intenso en Río Gallegos, con una acumulación de testimonios que siguen abriendo interrogantes. En ese escenario, la defensa del capitán de navío Claudio Villamide, el abogado Juan Pablo Vigliero, ratificó su postura: no hay pruebas concluyentes sobre las causas del naufragio ni elementos suficientes para atribuir responsabilidades penales.

Durante una entrevista en el estudio de Radio LU12 AM680, Vigliero, acompañado por su colega Magalí Crespo, sostuvo con firmeza que “no están establecidas las causas que llevan al naufragio, la verdad es que no se sabe qué pasó, y entonces no puede haber ninguna atribución de responsabilidad penal”. La definición, que sintetiza ocho años de estrategia jurídica, se mantiene inalterable incluso tras más de cincuenta declaraciones testimoniales.

Magali Crespo, abogada que acompaña a Vigliero en la defensa de Villamide.

“La mayoría de los testigos fueron propuestos por la fiscalía y ninguno pudo demostrar que el submarino no estaba en condiciones de navegar”, remarcó Vigliero. En esa línea, insistió en que el ARA San Juan “era apto para cumplir su misión” y que el episodio desencadenante fue una entrada de agua que derivó en una falla eléctrica, sin que eso implique automáticamente un escenario de emergencia.

Uno de los puntos centrales del planteo de la defensa se apoya en la última comunicación oficial del submarino. Según detalló el letrado, el 15 de noviembre de 2017 a las 6 de la mañana se emitió un mensaje escrito donde se informaba la situación técnica. “No es un mensaje del que se derivara ni una urgencia ni un pedido de auxilio”, subrayó. Y reforzó: “El submarino está diciendo que puede navegar, que está en inmersión, que va a mantener informado”.

Para la defensa, ese dato es clave porque contradice la idea de una crisis terminal previa al hundimiento. “Si alguien se va a inmersión es porque cree que va a poder volver a superficie. Si no, no lo hace”, explicó Vigliero, en un intento de llevar el análisis técnico al terreno del sentido común.

Juan Pablo Vigliero junto a su defendido, Claudio Villamide, y la abogada Magali Crespo, en la audiencia de este martes. FOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

Otro de los ejes que se repiten en el juicio es el estado operativo de la nave. En ese punto, la defensa fue categórica. “Decir que el submarino zarpó sin estar preparado es mentira. No es opinable, es falso”, afirmó el abogado, y detalló que una operación de ese tipo involucra “a 2.000 o 3.000 personas, más de 30 áreas de la Armada y múltiples controles técnicos”.

En la misma línea, destacó que el submarino había superado con éxito ejercicios militares pocos días antes del hundimiento. “Pudo realizar maniobras de práctica de combate y lo hizo exitosamente. Eso demuestra que funcionaba sin problemas”, indicó, en referencia a un ejercicio realizado el 11 de noviembre de 2017.

Respecto al momento crítico, la defensa reconoce el punto ciego del caso. “No sabemos por qué perdió el control”, admitió Vigliero. Según su reconstrucción, entre la última comunicación registrada y la implosión —ocurrida a las 10:51— “sucede algo que incapacita a la tripulación total o parcialmente”. Y agregó: “Puede haber ocurrido algo accidental, fuera del control humano, que desconocemos”.

La hipótesis de una implosión por exceso de profundidad también fue abordada. “El submarino implota porque supera el nivel tolerable de inmersión. La pregunta es por qué llegó a esa profundidad. Ese es el problema que tenemos”, explicó.

En cuanto a las pericias visuales, la defensa sostuvo que las imágenes del fondo marino permiten una conclusión técnica relevante: “El submarino llevaba aire adentro, no agua. Si hubiese estado inundado no implota, cae como un ladrillo”. Este argumento apunta a descartar fallas estructurales previas en el casco.

El proceso judicial también expone tensiones entre las distintas interpretaciones. Mientras la querella busca responsabilidades más amplias y cuestiona demoras en la búsqueda, la defensa relativiza esos planteos. “El submarino fue encontrado donde la Armada dijo que estaba el primer día”, señaló Vigliero, aunque reconoció la dificultad técnica de localizar una nave diseñada para no ser detectada.

En paralelo, el juicio comienza a ingresar en una nueva etapa con la incorporación de testigos propuestos por la defensa. Se trata, en su mayoría, de ex oficiales, submarinistas y especialistas con experiencia en comando. “Van a poder explicar el estado real en el que el submarino se encontraba”, anticipó Crespo.

Más allá de lo técnico, la causa mantiene un fuerte peso simbólico y emocional. La pérdida de los 44 tripulantes sigue siendo una herida abierta, y el proceso judicial intenta, al menos, ordenar los hechos en medio de la incertidumbre. Sin embargo, desde la defensa insisten en una idea que atraviesa toda su estrategia: “No toda tragedia tiene que concluir necesariamente con una causa penal”.

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