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En un nuevo 24 de marzo, atravesado por los 50 años del golpe de Estado, las historias personales vuelven a ocupar el centro de la escena pública. No solo como relatos del pasado, sino como testimonios vivos que interpelan el presente. En ese marco, el legislador porteño y nieto restituido por Abuelas de Plaza de Mayo, Andrés La Blunda, compartió en Radio LU12 AM680 Río Gallegos un recorrido íntimo y político que condensa una de las heridas más profundas de la historia argentina: la apropiación de niños durante la dictadura.
“Mi historia empieza cuando nací”, respondió ante la consulta sobre su identidad. Pero enseguida marcó el quiebre: a los tres meses de vida, tras el secuestro de sus padres —quienes permanecían en la clandestinidad—, su vida cambió para siempre. “Hasta ahí me llamaba Andrés, pero después la familia que me adopta me pone Mauro. Y soy Mauro hasta los 20 años”, relató.
Ese dato, que podría parecer anecdótico, es en realidad el núcleo de una experiencia que atraviesa a cientos de familias en el país. Durante dos décadas, vivió bajo una identidad que no era la propia. “Mauro está siempre, convive conmigo, pero el que conduce es Andrés, el destino y el hacia dónde voy”, explicó, en una definición que sintetiza la complejidad de reconstruirse.
El proceso de restitución de identidad no fue lineal ni exento de dolor. “Fue un impacto fuertísimo en mi vida”, recordó sobre el momento en que conoció la verdad, mientras cursaba el tercer año de su carrera universitaria. Lejos de decisiones impulsivas, eligió transitar ese proceso con tiempo. “Fui entendiendo, comprendiendo, reconstruyendo la historia de mis padres y replanteándome mi propia vida en todas las dimensiones”, señaló.
En ese camino, la identidad aparece como un eje central. “Es lo más constitutivo que tiene una persona”, sostuvo, y amplió: involucra vínculos, afectos, pertenencias y la relación con el entorno. No es solo un nombre, sino una trama completa de vida.
A más de 15 años de haber recuperado su identidad, La Blunda reconoce que el proceso trajo alivio, pero también desafíos. “Me hizo muy feliz, no sin menos dolores, porque implicó reacomodar muchos afectos construidos en mi vida”, dijo. Sin embargo, no duda: “Elegí el camino correcto”.
Su historia personal también moldeó su mirada política. Hoy, desde la Legislatura porteña, asegura que su experiencia le aporta “sensibilidad y humanidad” a la función pública. “Tomo los valores de mis padres: compromiso, entrega, conciencia por el otro”, afirmó, y los vinculó con una idea de país “que incluya a todos los argentinos y no deje a millones en el camino”.
En ese contexto, no esquivó el debate actual sobre derechos humanos y memoria. “Vemos que hay un nivel de adhesión a las políticas de memoria, verdad y justicia impresionante”, aseguró, en contraposición a lo que definió como “intentos de negacionismo o de relativizar lo que sucedió en la dictadura”.
Para La Blunda, esa disputa se da tanto en la calle como en las instituciones. “Tenemos legisladores que reivindican abiertamente el rol de la dictadura y relativizan el aparato represivo”, advirtió.
Otro de los ejes que destacó fue el rol de la educación en la construcción de memoria. A partir de sus recorridas por escuelas, señaló que el trabajo pedagógico de los últimos años tuvo impacto. “El nivel de conciencia en los colegios es muy alto y eso es muy alentador”, afirmó.
No obstante, también advirtió sobre retrocesos en espacios clave como la ESMA, hoy convertida en sitio de memoria. Si bien sigue funcionando, denunció un “vaciamiento en términos de recursos humanos y materiales”, lo que —según explicó— puede afectar su rol pedagógico. “Miles de personas visitan el lugar y ven en carne propia lo que fue ese horror”, subrayó.
En su mensaje, también hubo lugar para quienes aún dudan sobre su identidad. “No estamos hablando solo de 300 nietos, sino también de sus hijos, los bisnietos, que también pueden tener su identidad falseada”, explicó. Y dejó una reflexión directa: “Que piensen no solo en ellos, sino también en sus hijos. Eso puede dar la fuerza para dar el paso”.
Sobre el cierre, retomó una idea que atraviesa toda su intervención: la memoria como herramienta activa. “Tiene que estar vinculada a la justicia social, a la democracia y a un modelo de país”, planteó. Y agregó un concepto que conecta pasado y futuro: “Las nuevas generaciones tienen que tomar esa memoria y hacerla presente”.
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