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La provincia de Santa Cruz se encamina a una de las transformaciones educativas más profundas de las últimas décadas. Un informe nacional sobre proyecciones demográficas y educativas advierte que la matrícula del nivel primario sufrirá una caída abrupta en los próximos años, impulsada principalmente por el descenso sostenido de la natalidad. En el caso santacruceño, la reducción proyectada ronda el 34,9%, una de las más altas de todo el país.
El fenómeno responde a un cambio estructural en la dinámica poblacional argentina que ya comenzó a sentirse en las escuelas y que hacia 2030 impactará de lleno en la organización del sistema educativo, la infraestructura y el plantel docente.
Según las proyecciones oficiales utilizadas por el estudio elaborado por Argentinos por la Educación, todas las provincias verán menos alumnos en las aulas, pero Santa Cruz aparece entre las jurisdicciones más golpeadas, solo detrás de Tierra del Fuego y a la par de la Ciudad de Buenos Aires en términos porcentuales.
En términos prácticos, esto significa menos estudiantes por grado, secciones cada vez más pequeñas y una relación alumnos-docente que se reducirá de manera drástica. En Santa Cruz, el promedio de estudiantes por cargo docente bajaría cerca de un 35%, generando aulas con muchos menos chicos y una estructura pensada para una población escolar que ya no existe.
Hoy la provincia todavía concentra la mayoría de sus alumnos en secciones de entre 20 y 24 estudiantes. Pero hacia 2030, seis de cada diez alumnos estarían en aulas de menos de 15 chicos, una transformación que obliga a repensar cómo se distribuyen recursos, cargos docentes y edificios escolares.
Menos nacimientos, menos alumnos
El informe es contundente: la caída de la matrícula no se explica por deserción ni por problemas del sistema educativo, sino por un proceso demográfico profundo.
Argentina atraviesa desde hace más de una década un descenso sostenido de la natalidad que ya está alterando la estructura poblacional y reduciendo la cantidad de niños en edad escolar. Este fenómeno, que sigue una tendencia global, comenzó a reflejarse primero en los jardines de infantes y ahora avanza con fuerza sobre la escuela primaria.
Las proyecciones oficiales muestran que entre 2025 y 2030 la matrícula primaria nacional se reducirá un 27%, lo que equivale a cerca de 1,2 millones de alumnos menos en todo el país. En provincias patagónicas como Santa Cruz, el impacto es aún mayor por su estructura demográfica más sensible a los cambios poblacionales.
Un escenario de aulas más vacías
A nivel país, el informe anticipa un sistema educativo completamente distinto al actual. Las secciones numerosas prácticamente desaparecerán y predominarán aulas chicas, con menos de 20 alumnos, en todas las provincias.
Buenos Aires, Santa Fe y CABA concentrarán la mayor pérdida de estudiantes en números absolutos, pero el sur argentino liderará las caídas porcentuales. Tierra del Fuego, Santa Cruz y la capital del país encabezan el ranking de retracción escolar.
Como consecuencia, el promedio nacional de alumnos por docente pasará de 16 en 2023 a apenas 12 en 2030, uno de los ratios más bajos de América Latina.
El desafío que se abre
Para la provincia, el escenario combina oportunidades y tensiones. Por un lado, aulas más chicas pueden favorecer la personalización del aprendizaje. Por otro, sostener la misma estructura con muchos menos alumnos implicaría altos costos y una utilización ineficiente de recursos.
El informe proyecta que, si se mantuvieran los esquemas actuales, Santa Cruz necesitaría cerca de 900 cargos docentes menos hacia 2030, lo que abre un debate profundo sobre reorganización escolar, reasignación de funciones y planificación de largo plazo.
Especialistas plantean que el foco ya no debería ser sostener estructuras sobredimensionadas, sino redirigir recursos hacia programas pedagógicos de mayor impacto, infraestructura moderna y acompañamiento educativo.
Un cambio que ya empezó
Entre 2023 y 2024 el país comenzó a registrar bajas reales de alumnos, y todo indica que la tendencia se acelerará en los próximos años.
Para Santa Cruz, el desafío no será evitar la caída —porque responde a la dinámica demográfica— sino anticiparse, planificar y transformar. Menos nacimientos hoy son menos alumnos mañana. Y las decisiones que se tomen ahora definirán si ese cambio se convierte en una crisis o en una oportunidad para mejorar la calidad educativa.
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