En el marco de un nuevo 24 de marzo, y a medio siglo del inicio de la última dictadura cívico militar, las voces de quienes atravesaron el horror vuelven a poner en primer plano una herida que sigue abierta. En Caleta Olivia, durante una intervención de artistas independientes en la Plaza 20 de Noviembre, Jorge Montoya, hermano de Wilmer Oscar “Puño” Montoya —uno de los 19 desaparecidos santacruceños durante el terrorismo de Estado—, compartió un testimonio crudo, atravesado por el dolor, la memoria y la ausencia.

La tapa de La Opinión Austral del suplemento especial por el 24M.

Lejos de los discursos institucionales, sus palabras condensan una verdad que no pierde vigencia con el paso del tiempo. “Yo hubiese preferido hoy estar comiendo un asado con mi hermano que estar acá. No es fácil lo que pasamos”, expresó ante el móvil de La Opinión Austral, en una frase que sintetiza, sin rodeos, el costo humano de la historia reciente argentina.

Walmir Oscar “Puño” Montoya: Militante montonero, padre biológico de Guido Montoya Carlotto (nieto 114), secuestrado y desaparecido en 1977. Criado en Caleta Olivia. FOTO: CEJUS.

La escena se dio en una jornada marcada por expresiones culturales, donde el arte volvió a ser canal de memoria y denuncia. Sin embargo, para quienes cargan con la ausencia, la fecha está lejos de ser solo simbólica. “Me cuesta hablar, pero llega este momento y hay que estar, aunque cueste. Es muy triste”, continuó Montoya, visiblemente conmovido.

A 50 años del golpe, el paso del tiempo no diluye el impacto, sino que muchas veces lo profundiza. “Uno mira para atrás y ve todas las cosas que pasaron e inclusive ahora con los medios, los abrís y te das cuenta de testimonios nuevos, que son muchísimos”, señaló, en referencia a la constante aparición de nuevas historias y reconstrucciones sobre lo ocurrido durante la dictadura.

Intervención artística en la plaza 20 de Noviembre de Caleta Olivia: zapatos y zapatillas con las imágenes de los 19 desaparecidos de Santa Cruz. FOTOS: TAMARA MORENO/LOA

En ese sentido, su reflexión se amplía a una dimensión colectiva. “Es lamentable lo que pasamos como sociedad”, afirmó, marcando que el terrorismo de Estado no fue solo una tragedia individual o familiar, sino un quiebre profundo en la historia del país.

El reclamo por verdad y justicia, lejos de haberse cerrado, sigue vigente. Montoya puso el foco en una de las deudas más dolorosas: la falta de respuestas para muchas familias. “Aún hoy, a 50 años, hay muchas familias que no tuvieron la suerte de encontrar los restos de sus familiares. Y hay muchos que no lo van a saber”, expresó, con una crudeza que interpela.

En su caso, reconoció haber tenido una posibilidad que otros no. “Nosotros tuvimos la suerte”, dijo y con bronca e impotencia, apuntó contra los militares y quienes aún niegan lo ocurrido o lo relativizan. “Estos hijos de… no nos dan ni la posibilidad de decirlo (NdR: sobre donde están los restos de los desaparecidos), Igual se la van a comer… Es gente enferma”, lanzó.

La fecha, insistió, no es fácil de transitar. “Esta fecha te mueve y no es nada linda”, resumió, en una frase que escapa a cualquier intento de romantización. Porque detrás de cada acto, cada intervención artística o cada discurso, hay historias personales atravesadas por la pérdida.

En Caleta Olivia, como en tantos otros puntos del país, el 24 de marzo volvió a ser un espacio de encuentro, pero también de dolor compartido. La intervención de artistas independientes en la plaza, una más de cientos de actividades para recordar.

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