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A una semana de la operación por ductus, Alma Andrade, la más pequeña de las trigemelas nacidas el 16 de diciembre en el Sanatorio Sagrado Corazón de la Ciudad de Buenos Aires, presenta una evolución favorable: ya le retiraron la asistencia respiratoria y continúa estable mientras aguarda el alta médica.

La historia de Aitana, Venecia y Alma conmovió a Santa Cruz desde su nacimiento. Se trata de un caso excepcional —estimado en uno cada 100 millones— que obligó a la familia a instalarse en Buenos Aires para acompañar la internación y los cuidados médicos especializados.

El pasado 27 de enero, Aitana y Venecia recibieron el alta. Alma, en cambio, debió permanecer internada para ser intervenida quirúrgicamente por un ductus, una afección cardíaca que implica la persistencia de un vaso sanguíneo que debería cerrarse tras el nacimiento y que provoca un exceso de flujo sanguíneo hacia los pulmones.

Una cirugía que marcó un antes y un después

La operación se realizó el martes 3 de febrero y, según relató su papá, Carlos Andrade, el resultado fue positivo desde el primer momento. “Por suerte salió todo bien con la operación”, aseguró, y destacó que la beba respondió favorablemente al procedimiento.

Tras la intervención, los médicos evaluaron su evolución y decidieron retirarle el respirador.  El proceso, sin embargo, requiere paciencia. Ahora, la pequeña “tiene que acostumbrarse a respirar por ella misma”, explicó Carlos sobre esta etapa clave para su recuperación. A pesar de la complejidad que podía implicar el postoperatorio, el papá reconoció que la niña evolucionó mejor de lo esperado.

Actualmente, Alma pesa alrededor de 2 kilos y el objetivo inmediato es que continúe aumentando. “Tenemos que esperar que siga evolucionando bien y que gane un poco más de peso para que ya nos puedan dar el alta”, señaló. Según estiman, la familia deberá permanecer en Buenos Aires “como máximo tres semanas más”.

Sus hermanitas ya están fuera de la clínica

Mientras Alma continúa internada, Aitana y Venecia avanzan favorablemente en sus primeros días fuera del sanatorio. Ambas ya superaron los 3 kilos y tuvieron su primer control médico con resultados alentadores. “La verdad que con ellas todo bien”, resumió su papá.

Aitana Cataleya y Venecia Julieta ya están de alta. Foto: gentileza familia Andrade

La organización diaria no es sencilla. Debido a las normas sanitarias, no pueden ingresar con las dos bebas a la clínica para visitar a Alma, por lo que la pareja se turna. “Se queda mi mujer -Melany- con las dos nenas en el hotel y voy yo a ver a Alma, o hacemos al revés”, explicó. La medida responde al cuidado ante los virus y las bacterias intrahospitalias.

Instalados en la Capital Federal desde hace dos meses y sin familiares cercanos allí, atraviesan la experiencia prácticamente solos y ya pesa el deseo de regresar. “Yo no veo la hora de poder llevarme a mi hija al hotel y que podamos volver”, confesó el joven padre que admitió que el ritmo de la ciudad les resulta “muy sofocante” entre el calor, las distancias y la rutina hospitalaria.

En medio de la incertidumbre, la familia remarcó el trabajo del equipo médico del Sanatorio Sagrado Corazón, especialmente en el área de neonatología. Carlos aseguró que el compromiso y la dedicación del personal les brindaron tranquilidad en todo momento.

Más allá de la atención clínica, valoró la dimensión humana del acompañamiento: “La contención que nos brindaron y la seguridad que nos están dando con todas las cosas que vienen haciendo es muy importante…Voy a estar agradecido de por vida con ellos”.

Como ayudar

Además del desafío emocional, la familia enfrenta importantes gastos diarios. Traslados en Uber —ya que con dos recién nacidas no pueden utilizar transporte público—, alojamiento, leche y pañales forman parte de la rutina.

“Cada tres horas toman la leche y cada tres horas tenemos que cambiarles los pañales. Es un presupuesto en pañales”, graficó Carlos. A esto se suman alquiler y servicios en Río Gallegos, además de los gastos escolares de la hija mayor de Melany.

También atraviesan una situación administrativa complicada vinculada al sueldo durante la licencia por maternidad. Según explicó, el empleador de su esposa indicó que ANSES debería hacerse cargo del pago y aún están averiguando cómo resolverlo ya que se les dificulta realizar los trámites correspondientes en medio de la internación.

Si bien recibieron ayuda del Ministerio de Desarrollo y de numerosas personas que colaboraron con dinero, pañales y artículos esenciales, reconocen que el dinero no alcanza. “No nos dura mucho la plata porque son tres bebés”, afirmó Carlos, y agregó con sinceridad: “Lamentablemente necesitamos ayuda”.

Quienes deseen colaborar pueden hacerlo mediante una transferencia al alias cda.flex, a nombre de Carlos Daniel Andrade.

El agradecimiento, sin embargo, es permanente. “Estoy agradecido con toda la gente que nos ha colaborado y nos ha dado una mano”, expresó, destacando también los mensajes de apoyo que reciben a diario. “Les pido de corazón que si pueden colaborarnos en estas semanas que nos quedan sería buenísimo para nosotros”.

Mientras Alma continúa estable y bajo estrictos controles médicos, la esperanza crece día a día. La familia aguarda el momento en que las tres hermanas puedan reunirse fuera de la clínica y emprender el regreso definitivo a Río Gallegos, donde una comunidad entera las espera.

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