Your browser doesn’t support HTML5 audio

Con la llegada de los días templados y los primeros vientos de la temporada, en Río Gallegos vuelve a observarse la llamada “pelusa blanca”, un fenómeno natural que se repite cada año.

Se trata de las semillas del álamo (Populus spp.), un árbol muy común en la Patagonia, especialmente plantado como cortina rompeviento en chacras, veredas y espacios públicos. Estas semillas están cubiertas por una fibra algodonosa blanca que les permite desplazarse con el viento para reproducirse, generando la típica imagen de copos flotando en el aire.

De dónde nacen las pelusas

Las “pelusas” no son polvo ni contaminación, sino el resultado del ciclo reproductivo de los álamos femeninos.
Durante la primavera, los frutos de estos árboles —pequeñas cápsulas— se abren y liberan miles de semillas recubiertas de celulosa, una sustancia vegetal ligera y no tóxica.

La celulosa que forma las fibras blancas es inocua para la salud: no contiene polen, ni sustancias químicas irritantes.

¿Por qué se asocian con las alergias?

Aunque la gente suele culpar a las pelusas por los estornudos, los alergólogos explican que no son las responsables.
La confusión surge porque su presencia coincide con el pico de polinización de otros árboles, pastos y flores que sí liberan partículas alergénicas en el aire.

En esta época del año, el aire de la región puede contener polen, esporas de hongos y polvo, que se adhieren a las fibras blancas, lo que da la falsa sensación de que la pelusa causa alergia.

Qué la compone y por qué no hace daño

Las pelusas están formadas por celulosa, el mismo componente que da estructura a las plantas.
No produce alergias, no irrita las vías respiratorias ni es tóxica. Su función es proteger y transportar la semilla hasta que logre germinar en el suelo.

Los especialistas recomiendan no barrerlas en seco ni acumularlas cerca de fuentes de calor, ya que son altamente inflamables, pero no peligrosas para la salud.

Un ciclo natural que se repite cada año

El fenómeno se registra entre octubre y diciembre, dependiendo de las condiciones climáticas.
En Santa Cruz, los fuertes vientos facilitan su dispersión, por lo que las pelusas pueden observarse en grandes cantidades, especialmente cerca de sectores arbolados o en zonas residenciales con álamos.

Una vez cumplido el ciclo de dispersión, el paisaje recupera su normalidad hasta la próxima primavera.

En resumen

  • No son polvo ni contaminación.
  • No provocan alergias.
  • Son semillas de álamos femeninos.
  • Están compuestas por celulosa.
  • Aparecen cada primavera.
EN ESTA NOTA pelusas

Leé más notas de La Opinión Austral