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“Desde que tengo memoria, los animales son mi fascinación. Fui hija única y mi primera perra, que me acompañó durante nueve años, fue literalmente como una hermana para mí. En casa siempre hubo lugar para todos: desde conejos y hámsteres hasta pájaros, pero el lenguaje de los perros siempre tuvo un impacto especial en mi forma de ver el mundo”, cuenta la riogalleguense Fiorella Sampietro (29), quien actualmente reside en Villa María, Córdoba, y hace más de una década se dedica a la educación canina profesional.
Consultada sobre cuál fue su motivación para elegir esa profesión, explica a La Opinión Austral: “De chica estaba convencida de que sería veterinaria por ese amor que les tenía. Sin embargo, al terminar el secundario me di cuenta de que mi verdadera curiosidad no estaba en ‘curar‘ el cuerpo, sino en entender la mente. Quería saber por qué hacían lo que hacían y cómo comunicarnos mejor. Eso me llevó a una formación de dos años en la UBA y ahí se abrió un camino de aprendizaje que ya lleva 12 años y no se detiene”.
Actualmente, Sampietro dirige su escuela, Empatía, donde busca “transformar el vínculo entre las personas y sus perros, ya sea para la convivencia diaria o para el alto rendimiento deportivo”.
Balto llegó a su vida en 2021. “Buscaba un cachorro con características muy específicas para alta competencia, pero el destino tuvo otros planes. Después de un mes de búsqueda sin éxito, lo encontré a él: era el último de su camada, un perrito inseguro y miedoso que, técnicamente, era ‘todo lo opuesto‘ a lo que yo buscaba. Pero hubo una corazonada, algo me dijo que él era el indicado. Hoy esa conexión nos lleva a un mundial. En casa somos una familia numerosa: dos humanos, cinco perros: Roxy, Balto, Uma, Rafa y Bomba, y un gato, Oliver“.

“Siempre me quedaba hipnotizada viendo videos de perros haciendo habilidades increíbles. Al estudiar adiestramiento, descubrí que eso tenía nombre y era un deporte oficial: Dog Dancing, fue el “match“ perfecto: combina técnica, música y, sobre todo, una conexión profunda con el perro. Me enamoré de la disciplina porque es una forma artística de demostrar de qué es capaz un binomio que se entiende a la perfección”, expone.
Junto a Balto conviven los perros Roxy, Uma, Rafa y Bomba y el gato Oliver.
La prueba, explica, consiste en “una coreografía donde perro y guía realizan trucos rítmicos al compás de una música. No es sólo que el perro haga ‘monerías’; los jueces evalúan la precisión técnica, el flujo artístico y la interpretación de una historia o concepto. Pero lo más importante, lo que realmente suma, es que se note que el perro está disfrutando cada segundo del trabajo con su guía“.
Vale mencionar que la raza no es un requisito. “Es un deporte totalmente inclusivo donde pueden participar perros de cualquier raza o mestizos. Los jueces evalúan la armonía del binomio y cómo la coreografía se adapta a las capacidades físicas y al estilo propio de cada perro. ¡Cualquier perro puede bailar!“, aclara.

En Argentina, el deporte es aún muy nuevo. “Actualmente se realizan sólo dos o tres competencias al año, centralizadas mayormente en Buenos Aires. Al no haber todavía un volumen masivo de competidores, no contamos con un sistema de ranking o etapas clasificatorias nacionales formales. Por eso la participación en el mundial es directa, basada en la trayectoria y el nivel técnico que venimos demostrando para estar a la altura de una exigencia internacional”.
“Queremos demostrar nuestro proceso y todo lo entrenado”.FIORELLA SAMPIETRO, EDUCADORA CANINA
“Es un camino de pura constancia y resiliencia. En Argentina el deporte está dando pasos agigantados. Para representar al país en una instancia de la Federation Cynologique Internationale (FCI) hace falta demostrar un nivel técnico sólido y una trayectoria que avale que estamos listos para la exigencia europea. Es un honor y una responsabilidad enorme llevar nuestra bandera“, manifiesta.
En cuanto a las expectativas para el mundial, que tendrá lugar a principios de junio en Bologna, Italia, afirma que “después de tantos años de trabajo, el solo hecho de poner la bandera argentina en la pista al lado de las potencias mundiales ya es el mayor logro. Queremos demostrar nuestro proceso y todo lo entrenado, pero la prioridad absoluta es que Balto se sienta cómodo y que ambos disfrutemos la experiencia. Viajamos con la intención de aprender de los mejores y traer todo ese conocimiento para seguir haciendo crecer el deporte acá”.
Por el momento, Fiorella y Balto son los únicos argentinos confirmados entre los pocos latinoamericanos que estarán en el mundial.

Su participación es “a puro pulmón”. “Es un esfuerzo económico muy grande que hacemos de manera particular. Por eso, abrimos nuestros canales para quienes quieran ser parte de este sueño: en Instagram nos encuentran como @empatia.dogdancing. Ahí compartimos el día a día y las formas de colaborar, ya sea a través de nuestra tienda Dogtime o sumándose a mi academia online, donde cualquiera puede aprender a entrenar con su perro desde su casa”, cerró.
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