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¿Qué aspecto tenía Santa Cruz cuando todavía no existía la estepa patagónica tal como la conocemos? ¿Qué animales caminaban por estas tierras? ¿Cómo era el clima antes del levantamiento de la Cordillera de los Andes? Las respuestas pueden encontrarse en los fósiles que permanecieron enterrados durante millones de años y que hoy son estudiados por investigadores de todo el mundo.

En el Museo Padre Jesús Molina de Río Gallegos, un equipo de paleontólogos trabaja por estos días con parte de ese patrimonio. Federico Seoane, Federico Seoane, investigador del IDEAN dependiente del CONICET y de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y  Santiago Hernández Pino, del Laboratorio de Paleontología de Ribeirao Preto, Universidad de São Paulo, llegaron a la capital santacruceña para revisar materiales fósiles pertenecientes que se ehan encontrado en la provincia.

En diálogo con La Opinión Austral, los especialistas explicaron qué buscan en las colecciones del museo y por qué Santa Cruz ocupa un lugar privilegiado para conocer la historia de los mamíferos que habitaron América del Sur hace millones de años.

“Vinimos a ver las colecciones, que son donde se guardan los restos que se sacan de la provincia de Santa Cruz”, explicó Seoane.

Muchos de los materiales que están analizando forman parte de un proyecto de investigación liderado por los paleontólogos Sergio Vizcaíno, Susana Bargo y Néstor Toledo, de La Plata, quienes desde hace años desarrollan campañas de prospección paleontologica en la denominada Formación Santa Cruz.

Federico Seoane, investigador del CONICET y la UBA.

Se trata de una formación geológica que corresponde al Mioceno temprano y medio, aproximadamente entre 16 y 20 millones de años atrás. El equipo se concentra principalmente en los restos de mamíferos que quedaron preservados en diferentes sectores de la provincia.

La tarea que realizan actualmente consiste en revisar los ejemplares disponibles en la colección, compararlos y determinar qué materiales pueden ser utilizados para nuevas investigaciones.

“Ahora estamos particularmente trabajando en ver si existen cambios en la diversidad, en los animales que están presentes en cada una de las localidades. Ver también la cuestión temporal, porque algunas localidades representan registros más puntuales, en términos de tiempo, más acotados que otras. Entonces ver la variación faunística en los distintos puntos”, indicó Hernández”

Una Patagonia muy diferente a la actual

Los fósiles no solamente permiten saber qué animales vivieron en Santa Cruz. También ayudan a reconstruir el ambiente en el que se desarrollaron.

Durante el Mioceno, el paisaje de la región era muy diferente. La Cordillera de los Andes todavía no se había elevado y la Patagonia no presentaba las mismas condiciones áridas. “Eran terrenos no tan esteparios, con vegetación un poco más abundante, ambientes semiabiertos, con arboledas. Incluso hasta se ha llegado a postular un ambiente semi selvático”, explicó Hernández.

Eso implica que los animales que habitaban la región lo hacían bajo temperaturas, vegetación y condiciones ambientales muy diferentes a las actuales.

Con el paso del tiempo, el levantamiento de la cordillera produjo importantes modificaciones en la circulación de los vientos y en el clima. A eso se sumaron procesos volcánicos y otros cambios que fueron transformando progresivamente el paisaje.

“Justo en el Mioceno hay una parte en la que predomina este ambiente más tropical. Y para el fin del Mioceno ya pasa a un ambiente más de estepa”, explicó Seoane.

Un cráneo de 16 millones de años

El cráneo de un antiguo ungulado nativo, uno de los ejemplares que forman parte de las colecciones paleontológicas del museo.

Entre las piezas que los investigadores revisan en el Museo Padre Jesús Molina se encuentra el cráneo de un representante de los ungulados nativos de América del Sur, un antiguo un antiguo superorden de mamíferos placentarios que caminaban apoyándose sobre el extremo de los dedos.

“Se desarrollaron mayormente durante el Cenozoico, cuando América del Sur se encontraba aislada de América del Norte”, explicó Hernández.

El investigador comparó ese fenómeno con lo ocurrido en Australia, donde el aislamiento geográfico permitió el desarrollo de una fauna con características propias.

Estos ungulados nativos sudamericanos están completamente extintos. Sin embargo, sus restos permiten reconstruir la diversidad que existió en el continente antes de que se produjera el contacto entre las faunas de América del Norte y América del Sur.

Dentro de este grupo se encontraban los notoungulados, que fueron particularmente abundantes y diversos y que tienen un parelelismo muy notorio con los mamiferos actuales. “Tenían grupos que eran muy similares a hipopótamos, vacas, ovejas, conejos, roedores. Pero que eran nativos de acá. ”, explicó Seoane.

Estos animales tuvieron su momento de gloria, pero los cambios climáticos, el levantamiento de la cordillera y la formación del istmo de Panamá modificaron el ambiente y generaron nueva competencia. A esto se sumó la actividad volcánica, cuya ceniza afectó incluso la dentición de estos animales.

Una mandíbula de entre 16 y 19 millones de años, testimonio de la fauna que habitó la antigua Patagonia.

“Yo trabajo mayormente con morfología y algunas cuestiones paleobiológicas que tienen que ver con los espacios del cráneo, entonces también voy sacando algunos datos de la anatomía externa del material y evaluando la posibilidad de ver qué se puede hacer en términos de la anatomía interna, que requieren otro tipo de estudios, pero mayormente es muestrear y visualizar qué materiales nos pueden servir para ese tipo de trabajo, dependiendo de la localización”, detalló Hernández.

Por qué Santa Cruz es tan importante para la paleontología

La riqueza fósil de la provincia es uno de los principales motivos por los que los especialistas regresan una y otra vez.

“La colección del museo tiene muchísimos ejemplares de distintas edades. Santa Cruz tiene un patrimonio fósil muy abundante y con piezas de excelente calidad de preservación”, destacó Hernández.

A esa riqueza se suma la variedad de grupos representados en el registro fósil: plantas, dinosaurios, anfibios y una amplia diversidad de mamíferos.

Pero el valor de la provincia va más allá de la cantidad de restos encontrados. Para el estudio del Mioceno temprano y medio de América del Sur, la Formación Santa Cruz ocupa un lugar central. “Es uno de los yacimientos, si no el yacimiento más abundante, en cuanto a restos de estas faunas”, explicó Hernández.

La denominación “Formación Santa Cruz” refiere a un cuerpo de roca que funciona también como indicador temporal y que aflora en distintos sectores de la provincia. “Está muy bien representada en el centro-sur de la provincia, a lo largo de la costa y en los margenes del río Santa Cruz”, explicó Hernández.  También hay afloramientos hacia el oeste, en zonas cercanas a Río Chalía y el lago Posadas.

“En particular, nosotros hemos trabajado desde Monte León hasta el sur de la provincia y también en la margen oeste en este proyecto”, señalaron los investigadores.

Santiago Hernández, del Laboratorio de Paleontología de la Universidad de São Paulo.
Los investigadores se encuentran trabajando desde el pasado 9 de agosto junto al personal del Museo Padre Jesús Molina.

Las jornadas comienzan alrededor de las 8:30 y se extienden hasta las 18 o 19. Durante ese tiempo realizan fotografías, mediciones de cráneos y dientes y una evaluación detallada de los ejemplares para determinar qué materiales pueden aportar a sus investigaciones.

Destacaron especialmente el acompañamiento recibido por el equipo del museo. En particular, valoró el apoyo de la directora del Museo Regional Padre Jesús Molina, Roxana Avendaño, y de Emilia Coen, jefa del Departamento de Ciencias Naturales, Paleontología e Historia, por acompañar y facilitar el trabajo de los investigadores.

“Un trato impecable, espectacular. La verdad, me siento como en casa”, señaló Seoane.

Hacer ciencia en Argentina: las dificultades que atraviesan los investigadores

Por otra parte, los investigadores se refirieron a las dificultades que atraviesa actualmente el sistema de ciencia y tecnología argentino. Señalaron que los recortes presupuestarios afectan los proyectos, las becas, las promociones y el mantenimiento de infraestructura y equipamiento.

“Se sufre en todos lados porque, más allá de lo inmediato, que es el atraso salarial que tenemos, también hubo recortes en los presupuestos, en los proyectos, en becas, en promociones, en todo aspecto”, señaló Hernández.

En paleontología, la falta de recursos impacta especialmente en el trabajo de campo y en el acceso a las colecciones, ya que las investigaciones requieren traslados, campañas y equipamiento. “¿Cómo hacemos una campaña de gente de todo el país en Santa Cruz? Hay que buscar fondos”, explicó Seoane.

El investigador detalló que, sin esos recursos, se vuelve difícil sostener incluso las tareas básicas: “No tenés fondos para ir a hacer una campaña y extraer los fósiles, no tenés para financiar al personal para preparar los materiales, no tenés para mantener la camioneta que es la que te trae hasta acá”.

La falta de financiamiento dificulta además la formación y favorece la salida de profesionales al exterior. “Argentina, en términos de paleontología y otras disciplinas, es reconocida a nivel mundial, y este recorte presupuestario está cercenando la posibilidad de formar nuevas generaciones de científicos”, sostuvo Hernández..

Aun así, ambos remarcaron que el sector mantiene un fuerte componente vocacional y que continúan buscando alternativas para sostener sus investigaciones.

El desafío de descubrir lo que todavía no se conoce

Para los paleontólogos, la satisfacción de la profesión está precisamente en poder aportar una pequeña pieza a una historia que comenzó hace millones de años.

“Uno sueña desde muy chico con salir al campo, trabajar y encontrar algo. Quizás nunca tengas el hallazgo de tu vida como lo imaginaste, pero cualquier pequeño descubrimiento, nueva interpretación o teoría sobre la evolución y la vida de estos animales genera mucha satisfacción”, explicó Hernández.

Seoane coincidió: “Puede ser descubrir algo fáctico, como ir al campo, encontrás algo  y decir ‘soy el primero que ve ese cráneo desde hace 15 millones de años, o en el caso de un dinosaurio de 100 millones de años. Pero también puede ser el hecho de descubrir algo teórico, y la emoción de todo el camino que te lleva a ese descubrimiento también es la satisfacción. Evidentemente, por el dinero no lo hacemos”.

En Santa Cruz, esa historia todavía tiene muchas páginas por escribir. Y parte de las respuestas permanece guardada en las colecciones del Museo Padre Jesús Molina, a la espera de nuevos investigadores que vuelvan a mirar esos fósiles y encuentren en ellos nuevas pistas sobre la Patagonia que existió mucho antes de que la conociéramos.

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