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En el marco de los festejos por los 40 años del Colegio Secundario N°19 “Cincuentenario de LU12” de Río Gallegos, el director de la Casa de la Juventud, Gabriel Pérez, participó del acto con un mensaje profundo dirigido a estudiantes y familias. Ex profesor de Artes Visuales de la institución, recordó sus inicios docentes en esa escuela y destacó el rol social que cumple dentro del barrio.

Pérez contó que ingresó a trabajar en el establecimiento el 12 de mayo de 2016 y permaneció casi una década, experiencia que marcó su trayectoria profesional y personal.

“Fue el primer secundario en el que trabajé. Casi diez años acá y muy contento de que me tengan en cuenta”, expresó en dialogo con La Opinión Austral.

Actualmente desde su rol en la Casa de la Juventud, aseguró que sigue colaborando con instituciones educativas porque considera que la docencia es un compromiso permanente. “Uno jura por la patria y por seguir enseñando. Siempre trato de acompañar a las escuelas para que los chicos tengan un mejor ambiente y puedan seguir creciendo”.

El funcionario subrayó que el Secundario 19 cumple una función clave como nexo comunitario en el barrio Belgrano y zonas cercanas, albergando estudiantes de distintos sectores de la ciudad.

“Hoy los chicos tienen miedo a equivocarse”

Durante su discurso en el acto, Pérez puso el foco en una problemática que observa en las nuevas generaciones: el temor al fracaso.

Según explicó, factores sociales y culturales actuales —incluido el impacto de las redes sociales— generan frustración temprana y presión por el éxito inmediato. “Hoy a los chicos se les inculca el miedo a progresar, el miedo a que las cosas salgan mal. Se frustran muy rápido”.

Señaló además que desde la infancia se refuerza la idea de que solo vale ganar. “Hasta en los juegos te premian por ganar, no por perder. Después de adultos cuesta mucho sobrellevar la vida”, remarcó.

Por eso insistió en la importancia de enseñar resiliencia:  “El fracaso siempre va a estar. En la vida vamos a perder, pero también vamos a ganar”.

Pérez recordó que durante su etapa docente intentó mostrarse tal cual es, convencido de que la autenticidad genera cercanía con los jóvenes. “Trataba de ser lo más auténtico posible, sin miedo a críticas. A los chicos eso les gusta”.

También destacó que la educación es un proceso recíproco donde adultos y jóvenes aprenden mutuamente. “Los chicos necesitan cariño, motivación, alguien que les saque una sonrisa y también que les hable en serio”, aseguró.

En este sentido, contó que solía compartir meriendas con sus alumnos y generar espacios de confianza, experiencias que —según afirmó— son las que realmente quedan en la memoria escolar.

El arte como herramienta de inclusión y aprendizaje

Como profesor de Artes Visuales, relató los desafíos de enseñar arte en una escuela de barrio con dificultades de asistencia y continuidad, pero también compartió una experiencia pedagógica que resultó altamente motivadora.

Se trató de un proyecto de obras colectivas que se desarrollaban a lo largo de varios cursos, donde cada grupo aportaba su intervención. “No lo pensé como trabajos de plástica sino como obras de arte. Todos participaban y terminamos exponiendo en el Centro Cultural”.

El proyecto permitió trabajar valores como la aceptación de las diferencias, el error como parte del aprendizaje y el trabajo colaborativo. “Los chicos entendieron que no se trata de dibujar bien o mal, sino de crear juntos”, aseguró.

La escuela como espacio de experiencias para la vida

Pérez sostuvo que, más allá de los contenidos, lo fundamental es la experiencia que los estudiantes construyen durante su paso por la escuela. “El aprendizaje siempre llega de alguna manera. Lo importante es qué recuerdos se llevan”, apuntó

En ese sentido, remarcó que la felicidad y el bienestar emocional deben ser parte del proceso educativo. “Que transiten la escuela de la mejor manera posible, siendo felices”.

Al cierre, el director de la Casa de la Juventud envió un mensaje directo a los padres que deben elegir institución secundaria para sus hijos.

Destacó que las escuelas periféricas ofrecen la misma calidad educativa que las del centro y cuentan con docentes comprometidos. “Que no tengan miedo de anotar a sus hijos en estas escuelas. Son lugares increíbles y con experiencias muy valiosas”, concluyó.

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