Con 98 años recién cumplidos, Julio Monte es uno de los vecinos más longevos de Río Gallegos, provincia de Santa Cruz.
Don Julio nació el 8 de julio de 1928 en Mendoza y reside en la capital santacruceña desde fines de los años cincuenta. Junto a Elena “Gusi” Rosalba, tuvo a Mauricio, Cecilia -que vive en Mendoza-, Aurelio Julio -que vive en Río Grande-, Pablo, Esteban y Martín. Además, tiene 24 nietos y al menos seis bisnietos.
Don Julio recibió a La Opinión Austral en su casa y contó su historia. “Soy de Mendoza y me he criado en Mendoza. De joven me había empleado en una librería famosa, Peuser y después me vine para acá, a finales de 1959, contratado, encargado de una planta fraccionadora de vino que estaba en Alberdi 481″, repasó.

Cuando llegó a Santa Cruz, habían pasado sólo dos años de su provincialización. De acuerdo al Censo de 1960, Río Gallegos apenas superaba los 14 mil habitantes. “Era más chico”, observó y sobre el clima, consideró “era igual que ahora, algunos inviernos bastante duros”.
Recordó también la Nevada del Siglo, la que aconteció del 27 al 28 de julio de 1995. “Cubrió toda la ventana, era una nevada terrible”, manifestó.
“Me acuerdo que uno de mis hijos estaba en el campo perdido, tapado de nieve, estaba trabajando. Y algunas camionetas que estaban frente a mi casa quedaron inmovilizadas por la nieve, ese día no pude salir, estaba encerrado”.
El camino del comerciante
Don Julio continuó trabajando en la planta fraccionadora durante tres años. “Me separo y sigo vendiendo vino por mi cuenta”, señaló. En aquéllos años, la venta era “facilísima, vendí en toda la provincia, en Piedra Buena, Santa Cruz, en todos lados”.
No era el único vendedor en la provincia. “Había otro vendedor de vino, pero yo lo hice bolsa”, afirmó satisfecho.
La venta se diversificó, comenzó a vender “estanterías, instalaciones comerciales, cortadoras de fiambre, de todo, y después registradoras, muchas registradoras. Vendí muchísimas registradoras en toda la provincia”.

Sobre cómo conformó su familia, contó que llegó soltero al sur y después de visitar Mendoza en enero de 1960, vuelve a Santa Cruz con su esposa “Gusi”, quien era maestra, y con quien tuvo cinco hijos y una hija.
“Mi hija Cecilia es odontóloga y Esteban también es odontólogo”, mencionó.
Sobre su avidez para el comercio, manifestó: “He vendido en todos los negocios que estaban abiertos en Río Gallegos y la zona, a todos les he vendido algo”.
¿Qué es lo que tiene que tener un buen vendedor o un buen comerciante? “Ganas de trabajar, trabajar 10 horas por día”, subrayó.
Consultado, sobre si es necesario además contar con otras virtudes como la paciencia o el carisma, confirmó: “Para llevarse bien con la gente, hice amistad con todos mis clientes, todavía me saludan sus hijos”.
En su trayectoria como comerciante señaló que “en general, todo anduvo bien, salvo que a veces el clima te podría arruinar algún viaje”.
A sus 98 años, don Julio continua pintando con acuarela, una actividad que disfruta desde hace décadas. En cuanto a su natalicio, reconoció que lo encontró “asombrado, estoy asustado, nada más, no lo puedo creer”. El festejo se realizó el mismo 8 de julio, oportunidad en la que lo acompañaron todos sus hijos.
“Estoy bien, salvo los achaques de la edad, pasando el invierno, como decía Alsogaray”, completó.
A la hora de compartir una enseñanza de la vida, manifestó que “hay que tenerle cariño a lo que uno hace, mucho cariño y trabajar intensamente, con alegría, no obligado porque el trabajo obligado trae malas consecuencias” y sobre los días difíciles, indicó “hay que esperar que pasen”.
Por último, aprovechando la oportunidad de que la entrevista se realizó en vivo a través de las redes sociales del Grupo La Opinión Austral envió un saludo “a mis hijos y familia completa de Río Grande, a Aurelio Julio y a mi hija en Mendoza, Cecilia”.
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