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Encabezado por el investigador Luis Ibarra Philemon y organizado por la Comisión por la Memoria de las Huelgas de 1921 de Lago Argentino y la Comisión por la Memoria de las Huelgas de 1920-1921 de Río Gallegos, se realizó un homenaje a Zacarías Gracián.
Desde hace varios años, cada 2 de enero, se lleva a cabo el acto en el cementerio de Río Gallegos. Este viernes, bajo una lluvia intermitente, una veintena de vecinos y familiares de los huelguistas participaron del homenaje.

Ibarra Philemon abrió el acto para luego dar lugar a Héctor Fabián Camporro, Maximiliano Cárcamo Benítez y Hugo García Camporro, familiares de huelguistas y Ernesto Zippo, integrante de la comisión local.

“Necesitábamos visibilizar la sepultura de Zacarías Gracián que pasaba desapercibida, es una figura clave en las huelgas de Santa Cruz de 1920-1921. Durante el enfrentamiento que va a tener lugar en El Cerrito, un día como hoy, muere en un tiroteo con la policía. Desde la Comisión por la Memoria de las Huelgas de 1921 de Lago Argentino, más los compañeros de la comisión local y de la Agrupación Kurt Wilckens, que fueron los que se encargaron de la restauración y puesta en valor de la sepultura, es una forma en la que sostenemos la memoria, generamos un pequeño espacio de diálogo, de debate. La enseñanza que nos dejara Osvaldo, en todo esto, es que siempre debe triunfar la ética”, manifestó Ibarra Philemon a La Opinión Austral.
Asimismo, mencionó que si bien hay otros sepulcros identificados en la zona sur, el de Gracián es el que está “más señalizado y más visibilizado”.
El investigador recordó que los restos de Gracián fueron trasladados a Río Gallegos por iniciativa del “Gallego” Soto, quien era secretario general de la Sociedad Obrera de Río Gallegos. “En una asamblea lo propone y en el invierno de 1921, se van a buscar los restos al Cerrito, se traen y se van a velar en el local de la federación y luego, con el cajón al hombro se va a marchar caminando por todo el centro de Río Gallegos entonando siempre el himno de los anarquistas. Fue una manifestación bastante espectacular, por la cantidad de gente que se ve en las fotografías que se pudieron rescatar”, repasó.
Historias que se cuentan y a veces, no
Hugo García Camporro, bisnieto de Severino Camporro, hermano menor de Armando, comentó a La Opinión Austral: “Armando creo que estaba con el grupo de Otorello, después de que lo fusilan, (el grupo) retoma por arriba del río cerca de lo que es Gregores, en la Estancia Bellavista, es uno de los primeros que fusilan por lo que deduzco que estaba de cabecilla de algún tipo de grupo. Lo que se sabe es que lo fusilan o prenden fuego o lo prenden fuego, no sé qué vino primero”.
Lo que sabe, lo sabe por los libros y por lo que Ibarra Philemon le ha contado, pero no por su familia porque como compartió Héctor Fabián Camporro durante el acto el tema era “tabú”.
“Es una historia que a mí me llega de joven, por leer, de esas tardes aburridas que tenemos en Gallegos hace muchos años, no había Internet, no había nada. Leyendo me entero que había un Camporro, pregunto a mi abuela Felipa, ella puso una cara de sorprendida y me dijo: ‘¿De dónde sacaste eso? No puede ser’. Le mostré el libro, lo leyó y me dijo: ‘No es así’. Y ahí terminó la conversación”, recordó.

“Es algo que siempre me quedó dando vueltas”, reconoció y explicó “muchas veces, me pregunto por qué no me sé callar la boca… está en mi origen, se ve que somos así genéticamente. Todos queremos saber quienes somos, de dónde venimos, quiénes son nuestros ancestros para explicarnos qué somos y por qué estamos”.
Acompañado de Philemon Ibarra, García Camporro visitó Charles Fuhr, donde vivieron sus bisabuelos. “Mi bisabuelo, sospecho, que él estaba en La Anita, pero no hay un dato fehaciente y se salva, pero el hermano, Armando, no”, comentó.
“Mi motivación es que se sepa. Cuando le cuento a mis hijos escuchan entre sorprendidos e ignorantes porque es una historia que no se conoce. Es mucho 1.500 personas fusiladas, no quiero ninguna revancha, quiero que se sepa la historia, que se cuente y que después, sigamos, pero primero hay que conocer la historia“, cerró.
En la familia Benítez, sucedió exactamente lo contrario que en la Camporro.
Maximiliano Cárcamo Benítez, bisnieto de Severo Benítez, quien fue delegado del “Gallego” Soto, relató: “Mi bisabuelo vino más o menos en el año ’20, vino con su mamá y su padrastro, un conocido estanciero. En esos años, vio la injusticia que había, en las condiciones en las que estaban los trabajadores, dormían en sacos de lana. Él tenía estudios, conocía la máquina de escribir y en esos tiempos eso era muy importante. Asumió el rol de delegado en el sector de Lago Argentino y ahí acompañó la huelga”.

La historia fue pasando a través de las generaciones. “Por mi abuelo, Dante Benítez, que falleció hace unos años. Él seguía con el relato que le contaba su padre. Se escapó de la Estancia La Anita, se refugiaron en Natales y durante muchos años, vivieron ahí, fue bombero voluntario en Puerto Natales y vino básicamente a morir a Río Gallegos. En 1982, él falleció. Recién casi a los 60 años volvió a Gallegos, por el miedo y todo lo que conllevo la tragedia”, manifestó.
Sobre cómo desde la familia viven estos actos, expresó: “Es muy emocionante. Fue un momento muy triste de nuestra historia de la Patagonia que quisieron ocultar, pero afortunadamente se ha podido seguir contando y luchando por los derechos de los trabajadores y reivindicarlos y saber que acá se fusiló gente que peleaba por mejores condiciones laborales”.
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