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Blanquito, Paton, Rubio, Gorda, Jemy y Gringo son seis perros que esperan encontrar un hogar en Río Gallegos. Cada uno tiene una historia distinta detrás, pero todos comparten la espera por una familia que pueda brindarles cuidados, compañía y un hogar.
La agrupación proteccionista “Valentín en cada huella” difundió este domingo sus historias a través de sus redes sociales, con el objetivo de acercar a estos animales a una adopción responsable y visibilizar la situación de quienes pasan sus días esperando una oportunidad.
Seis perros que esperan una oportunidad de adopción responsable
Blanquito es descripto como un perro alegre, cariñoso y obediente. “Es de esos perritos que saben amar con todo el corazón”, expresaron desde la agrupación, al destacar que disfruta correr, jugar y demostrar afecto con cada movimiento de su cola. También recordaron que las familias que tuvo anteriormente “no fueron las indicadas”, pero remarcaron que “Blanquito no hizo nada malo”.
Paton ingresó en julio de 2025 al corralón luego de ser encontrado abandonado en una construcción. Sus patas estaban lastimadas y, aunque mejoró, todavía necesita ciertos cuidados. Los integrantes de “Valentín en cada huella” explicaron que “le gusta que respeten su espacio y sus tiempos” y que necesita una familia “que lo entienda, lo respete y le permita adaptarse a su ritmo”.
Rubio espera una oportunidad desde septiembre de 2024. Lo describieron como un perro “súper dócil, cariñoso y compañero”, que disfruta de los paseos y del contacto con las personas. Su pedido es encontrar un hogar donde pueda ser el único animal y recibir toda la atención de una familia.
La historia de Gorda incluye una adopción que no pudo continuar. Según contaron, estuvo cuatro días en un hogar, pero después fue devuelta y volvió al lugar donde esperaba una nueva oportunidad. “Ella no entiende por qué volvió. Solo sigue esperando que aparezca esa familia que esta vez sea para siempre”, señalaron.
Jemy todavía es cachorro y conserva la energía propia de esa etapa. Es un perro juguetón, sociable y con una particular afición: las botellas son su juguete favorito. “Puede pasar horas entretenido jugando con ellas”, indicaron, además de remarcar que se lleva muy bien con otros perros.
Gringo vivió durante años en la Plaza El Gaucho hasta que fue retirado por personal de Control Animal tras una denuncia. “Es un perrito grande, de los más buenos que pueden conocer. Súper amigable, tranquilo para pasear y amante de las caricias. Nunca molestó a nadie; simplemente hacía de la plaza su hogar mientras esperaba un poco de cariño“, lamentaron.
Finalmente, el grupo recordó que muchos de los perros que se encuentran bajo resguardo pasan gran parte de sus días en el corralón y que las salidas dependen del acompañamiento de voluntarios. “Ningún perro merece vivir entre rejas. Compartí su historia y ayudémoslo a encontrar el hogar que tanto espera”, sentenciaron.
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