Las calles del centro de la capital santacruceña amanecieron desiertas. Por la cuarentena obligatoria y el Viernes Santo, cerca de las 10 de la mañana, casi no se veían vecinos caminando ni autos circulando por la avenida Kirchner.

Mañana de Viernes Santo en el centro de Río Gallegos. Un desierto. FOTO. José Silva

Con ese panorama se encontró un conductor de unos 50 años mientras manejaba su automóvil, un Renault 9 gris, popularmente conocido como “reno”. Todo pasó cerca de la intersección entre España y Kirchner.

“Los renos”, juntos en un acto de fraternidad. FOTO. José Silva

Segundos después de salir del estacionamiento del supermercado La Anónima, el auto que conducía dejó de funcionar. Literalmente, “se paró”, le explicó a otro vecino que se ofreció a ayudarlo.

Como una gracia del destino, minutos más tarde, otro “reno”, pero color rojo, pasaba por ahí. Un señor canoso que lo manejaba sacó la cabeza por la ventana y luego de dar un ‘bocinazo’ gritó “¿Necesitás ayuda?” y se bajó “a empujar”.

“Ni el loro”. FOTO. José Silva

No fue tarea fácil. La calle España es empinada y hubo que empujar en subida. A pesar del frío, los dueños de los “renos” sudaron y la ropa que llevaban puesta quedó notablemente transpirada tras impulsar la carrocería que pesaba cerca de una tonelada.

Finalmente, luego de insistir varias veces el auto no arrancó y decidieron hacer un ‘puente’, es decir, pasar energía del Renault 9 gris para activar la batería del rojo. La imagen era celestial. Solidaridad entre vecinos, empatía entre dos seres, dueños de máquinas que sólo ellos saben domar.

Luego de insistir varios minutos, el rojo arrancó. Con una mueca de satisfacción y alegría, el hombre canoso volvió a su “reno” y se despidió desde lejos.

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