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A horas del inicio de septiembre, mes en el que se busca visibilizar y fortalecer las acciones de prevención del suicidio, la directora provincial de Abordaje de Conductas de Riesgo Suicida y Autolesivas, Lucrecia Molina, visitó los estudios de LU12 AM680 y habló sobre las señales de alerta, los factores de riesgo y las herramientas disponibles para acompañar a quienes atraviesan una situación de sufrimiento emocional.
La prevención del suicidio no se limita a un momento puntual. Según explicó Molina, requiere un abordaje permanente que involucre a las familias, las escuelas, los clubes, los equipos de salud y a la comunidad en general.
En ese sentido, remarcó que “cuando hablamos de suicidio, estamos trabajando con un fenómeno muy complejo y multifactorial” y explicó que no puede atribuirse una conducta suicida a una única causa o a un hecho puntual.
“Siempre la persona ha estado atravesando sufrimiento, padecimiento, alguna cuestión de vulnerabilidad que la lleva a tomar la decisión”, sostuvo. Por eso, advirtió sobre el riesgo de reducir una situación de este tipo a un único desencadenante, como una separación, una dificultad económica o la pérdida de un empleo.
Molina también destacó que detrás de determinadas conductas existe muchas veces una profunda desesperanza. “La persona que consuma el acto de suicidio no es que quiere dejar de vivir o quiere morir, sino que justamente es tal el sufrimiento, quiere dejar de sufrir”, explicó.
Salud mental en adolescentes
La situación adquiere especial relevancia entre adolescentes y jóvenes, una población atravesada por transformaciones físicas, emocionales e identitarias, además de nuevas formas de vinculación.
De acuerdo con la especialista, los padecimientos relacionados con la salud mental se presentan cada vez a edades más tempranas. “Los padecimientos de salud mental vienen en crecimiento y cada vez se ve en chicos más chicos”, afirmó durante la entrevista.
Ansiedad y depresión aparecen entre los principales motivos de consulta relevados por los equipos de salud con los que trabaja la Dirección Provincial. Molina señaló que, cuando estas situaciones se complejizan, pueden coexistir con otras problemáticas, como consumos problemáticos o conductas de riesgo.
En los adolescentes también influyen factores vinculados con el entorno familiar y social, como el bullying, la violencia, la soledad, las dificultades económicas, los consumos y el vínculo permanente con la tecnología.
“Sería un error buscarle un solo determinante”, sostuvo Molina al ser consultada sobre las causas detrás de las situaciones de riesgo en jóvenes. En ese sentido, explicó que las dificultades económicas también pueden repercutir en la dinámica familiar: “Padres y madres cada vez tienen que trabajar más horas para llegar a fin de mes”, lo que puede afectar “la disponibilidad de escucha” al regresar a sus hogares.
La tecnología es otro de los aspectos que atraviesan a las nuevas generaciones. “Ellos se vinculan a través de la tecnología”, señaló Molina, quien contó que en un consejo consultivo realizado el año pasado los propios adolescentes plantearon como preocupación “el consumo en los juegos digitales y apuestas”.
Frente a este escenario, la especialista destacó la importancia de fortalecer las redes de contención. “El principal factor de protección son las redes de contención, las redes sociales —de sociedad, no las tecnológicas— y familiares”, remarcó.
Señales de alerta y cómo acompañar a una persona en riesgo
Uno de los puntos centrales es la necesidad de reconocer cambios de conducta que puedan indicar que una persona está atravesando un momento de sufrimiento.
Ausencias frecuentes, cambios de ánimo, dificultades para dormir o pérdida del interés por actividades que antes generaban placer pueden constituir señales a las que es necesario prestar atención. “Cuando empezamos a detectar quizás un adolescente o alguien que está trabajando, que se ausenta, que cambia de ánimo, que no duerme bien, esas son señales que nos pueden dar un indicador de que algo le está pasando a la persona”, explicó.
Molina también cuestionó uno de los mitos más extendidos en torno al suicidio: la idea de que preguntar directamente sobre pensamientos suicidas puede inducirlos.
“Cuando uno de forma empática pregunta (…) si ha pensado en matarse, es el primer paso que uno tiene que hacer para que la otra persona baje sus defensas y pueda expresar que la está pasando mal”, sostuvo.
Por eso, ante una situación de preocupación, recomendó comenzar por la escucha, sin juzgar ni minimizar el sufrimiento. También señaló la importancia de no dejar sola a una persona que atraviesa una situación de riesgo y de buscar acompañamiento profesional cuando sea necesario.
En relación con las autolesiones, Molina aclaró que no siempre implican una conducta suicida, aunque sí constituyen un indicador que debe ser tomado con seriedad. Rechazó, además, calificarlas como una simple “llamada de atención”.
“No hay que tomar esto como un acto manipulativo ni llamado de atención, porque en realidad, si se quiere, es un pedido de acompañamiento”, afirmó.
“Hay un mito que dice que el que se quiere matar no avisa… La persona siempre, en el caso del suicidio, siempre da aviso”, señaló.
La directora provincial insistió particularmente en la importancia del acompañamiento posterior a un intento de suicidio. “Ese es el momento más crítico”, señaló, al remarcar que no debe suponerse que una persona dejó de estar en riesgo simplemente porque ya no expresa abiertamente su malestar.
La asistencia en Santa Cruz y el trabajo durante todo el año
Molina explicó que los 14 hospitales de Santa Cruz cuentan con guardias interdisciplinarias de salud mental, disponibles las 24 horas para situaciones de urgencia o emergencia. También se puede acceder a turnos para recibir atención profesional.
En Río Gallegos, el abordaje se organiza a través de distintos servicios vinculados al Hospital Regional. Entre ellos se encuentran SETRIPCO, destinado a problemáticas de consumo; CRISIS, orientado a la intervención en crisis; y el área de salud mental, que aborda otros padecimientos.
Además de la asistencia, desde la Dirección Provincial se trabaja en prevención, capacitación y abordaje territorial. “La prevención real, más allá de que uno pueda dar charlas y talleres, tiene que ser transversal a todos los aspectos”, explicó Molina.
La estrategia contempla la participación de las familias, las instituciones educativas, los clubes deportivos y los equipos de salud. También incluye acciones de postvención cuando ocurre un suicidio y capacitación para mejorar el tratamiento de la temática en los medios de comunicación.
Actualmente, según adelantó la funcionaria, se trabaja en el Plan Provincial de Salud Mental, que incluye el programa de prevención del suicidio. También está previsto el lanzamiento de un curso sobre salud mental y prevención hacia fines de septiembre.
“La prevención del suicidio, del consumo, de la salud mental en general, lo abarca todo. No podemos sólo abordar algo particular, porque nos quedan las otras patas de la mesa flojas”, concluyó Molina.
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