Después de 28 años, el pasado 19 de agosto, Liliana Behr realizó su último vuelo como médica aeroevacuadora. Es la doctora con mayor cantidad de viajes realizados en la provincia de Santa Cruz.
Junto a la enfermera Mónica Parra trasladaron a dos pacientes a Buenos Aires y dado que la aeronave se quedaba en inspección técnica, las profesionales regresaron en vuelo comercial.
En la madrugada del jueves 20 de agosto el capitán del avión saludó especialmente a la doctora, le deseó una feliz jubilación y toda la tripulación aplaudió.
Al pisar el Aeropuerto Internacional “Piloto Civil Norberto Fernández”, la esperaban familiares, amigos, compañeros y excompañeros para agasajarla.
Luego de la publicación de La Opinión Austral, el gobernador de Santa Cruz, Claudio Vidal la recibió en Casa de Gobierno y destacó “su humanidad, compromiso y dedicación” recordando que “durante casi tres décadas acompañó y cuidó a muchos santacruceños en momentos difíciles, cuando más necesitaban de la salud pública”.

En casi tres décadas de vuelos, la cantidad de experiencias son incontables y van desde el vuelo humanitario por la Tragedia de Mina 5, donde si bien no trasladó heridos, acompañó a una joven que entró en coma y a la que pudo diagnosticarle la cotoacidosis diabética, una paciente de 101 años que debía ser trasladada de Puerto Santa Cruz a Río Gallegos, el vuelo a la Antártida Argentina, entre muchos otros.
De Corrientes a Santa Cruz
Behr nació y se crió en Corrientes, estudió el Profesorado en Enseñanza Primaria, se recibió y cuando ya estaba ejerciendo, comenzó a cursar la carrera de medicina en la Universidad Nacional del Nordeste.

“Siempre me gustaron las Ciencias Biológicas”, afirmó a La Opinión Austral.
Se graduó de médica cirujana con especialización en Clínica Médica y sus primeros años trabajó en Mercedes, provincia de Corrientes, donde conoció a su esposo, el ingeniero agronómo Héctor Barozzi.
A principios del mes de diciembre de 1997 para el aniversario de Puerto Santa Cruz llegaron a la antigua capital y, posteriormente, en febrero 1998 se incorporó al Hospital Regional de Río Gallegos.
La Opinión Austral: ¿Cómo fue que comenzaste con los vuelos sanitarios en mayo de 1998?
Liliana Behr: En ese momento era secretario de salud el doctor (Juan Carlos) Nadalich, un día me llamó y me dijo que quería ofrecerme esa posibilidad porque había pedido referencias acerca de mi desempeño en el hospital, donde trabajaba en la guardia.
Cuando empecé a trabajar en el hospital, ingresé porque era el lugar donde hacía falta, pese a que mi especialidad era la de clínica médica.
Nadalich me ofreció esta posibilidad y le dije que yo no tenía experiencia, pero que me llamaba la atención, que me gustaba y que lo podría hacer, pero que necesitaba un adiestramiento.
Había un profesional que era el doctor (Alejandro) Cianciabella, encargado de los traslados aéreos sanitarios, y que nos iba a brindar a mí y a enfermeros, en caso de aceptarlo, las prácticas en el ambiente aeronáutico.
Le dije que me interesaba y que si habían cursos específicos de la aeronavegación y de vuelos sanitarios, después me gustaría hacerlos.
No es lo mismo el ambiente en que nos desempeñamos en tierra que el espacio aéreo, por las diferencias de presiones que existen y que tienen influencias en determinadas patologías, sobre todo de pacientes respiratorios o que estén con respirador o ventilados, también en algunas intervenciones quirúrgicas, en qué momentos poder trasladar al paciente o cuándo se contraindica en forma relativa o en forma absoluta el traslado. Teníamos que formarnos en todo para no cometer errores porque en el medio tenemos a una persona.
LOA: ¿Cómo fueron los primeros vuelos?
LB: Tenía muchas expectativas. Cuando era adolescente, me gustaban los aviones y un día le dije a mi papá que me gustaría hacer algún curso de piloto y en ese momento, él me dijo: ‘Pero a vos siempre te gustan las cosas que son peligrosas’ y yo le dije: ‘No, no es peligroso’.
Segui estudiando otra cosa, tampoco lo pensaba como una carrera, pero me llamaba la atención por eso cuando el doctor Nadalich me lo propuso, prácticamente, de inmediato, acepté.
LOA: ¿Qué situaciones se te han presentado?
LB: Siempre he trasladado pacientes adultos, han sido muy pocos los pediátricos y pediátricos grandes (NdR. El equipo de adultor traslada pacientes desde los 15 años en adelante).
Hay situaciones en las que el familiar está muy desesperado y uno trata de tranquilizarlos. Siempre que hemos tenido un paciente grave, trato de que el familiar, por más de que ya se lo hayan dicho, tome conciencia real y que nos deje actuar, nosotros después les vamos a explicar por qué hacemos tal o cual cosa.
Entre las situaciones que me han marcado, recuerdo a una nena una vez que iba con su mamá de acompañante y la mamá estaba muy conmovida, no sabíamos cómo calmarla.
Cuando los chicos o adolescentes preguntan: “¿Mi mamá se va a salvar? ¿Mi mamá va a volver conmigo?”. A veces lo que nos toca más frecuentemente son las despedidas cuando los vamos a buscar, las despedidas en la internación es, a veces, lo que a uno lo conmueve más.
LOA: ¿Sentís este trabajo te permitió desarrollar otras habilidades emocionales?
LB: A veces a los médicos nos tildan de fríos o de que no nos ponemos en el lugar del otro, pero la verdad es que uno como que hace una especie de coraza para poder atender y pensar libremente qué hacer, cómo actuar, qué hacer primero y qué hacer después, qué medicación utilizar ahora, cuál es más conveniente. Uno se crea una coraza sin pensarlo, es algo innato para separar una cosa de otra.
LOA: ¿Cuánto tiempo puede exigir cada vuelo, entre ida y vuelta?
LB: En la provincia, ahora no está en funcionamiento el 350, es un turbohélice, es un avión más lento. Ese te demanda unas 12-14 horas, depende de si tienes que hacer escalas. No es lo mismo que salgas de acá con un paciente y vayas a Buenos Aires directo que tener que ir a buscarlo a una localidad del interior de la provincia y después, realizar el traslado o a veces hacer el aprovisionamiento de combustible.
Generalmente, teníamos que hacer una escala por razones de seguridad, porque a veces llegabamos de noche entonces eso te demandaba en vuelo unas 12-14 horas, entre ida y vuelta.
Tanto el Citation como el Pilatus, que es el avión que tenemos actualmente y que estamos utilizando con mayor frecuencia, son mucho más rápidos, es como un vuelo de aerolínea.
“Las despedidas en la internación es, a veces, lo que a uno lo conmueve más”.LILIANA BEHR, MÉDICA CIRUJANA
Pero siempre tenemos toda esa etapa previa y la postvuelo porque cuando volvemos tenemos que dejar todo impecable, todo listo, pensando que dentro de una hora te pueden llamar a vos o un compañero o al otro día temprano. Todo tiene que quedar limpio y ordenado y si hay algún faltante, si llegas a las 03:00 vos no podés reponer, dejás todo anotado. Hay un libro que anotamos para que todos sepamos qué está faltando en algún bolso o en algún maletín de traslado de drogas que podemos necesitar.
No te puede faltar nada en vuelo porque no es como estar en un hospital y decirle a la clínica que nos preste algo. Si nos falta algo es exclusiva responsabilidad nuestra.
En una época éramos muy poquitos, me ha pasado de tener que llegar y volver a salir o venir darrme una ducha en mi casa y volver a salir con otro paciente, hacer dos vuelos en el día, por ejemplo, entre día y noche.
A lo mejor estás cuatro o cinco días sin ningún vuelo y de repente, te surgen tres seguidos. Hay vuelos programados, pero la mayoría tienen que salir.
Cuando el familiar sabe que se tiene que trasladar en vuelo sanitario, es difícil hacerles comprender que se puede esperar y los entiendo. Vas a querer que tu familiar o el mismo paciente esté cuanto antes en el lugar más adecuado o con mejores técnicas.
LOA: ¿Cómo ha sido para tu familia?
LB: Creo que el más chico ha sido el que más lo sintió. Cuando el que coordinaba los vuelos era el Dr. Sarmiento y él veía que decía “Dr. Sarmiento” en la pantalla del celular de vuelos, me decía: “Mami, no atiendas”, entonces le explicaba por qué tenía que atender.
Por supuesto que traté siempre de estar en los cumpleaños, en los actos de la escuela, participar en todas las actividades que pudiera, en lo deportivo, en lo social. Tratar de llegar, aunque sea al final, a las corridas, pero siempre tratar de llegar.

Juan Ignacio y Juan Manuel son excelentes hijos, estoy orgullosa de los dos. Ninguno de los dos eligió ser médico, que es lo “habitual”, pero creo ambos desde muy chiquitos tenían definida qué carrera iban a seguir.
Juan Manuel (NdR. Actual presidente del Aeroclub Río Gallegos) quería ser piloto y ponía de ejemplo a Daniel Herling (NdR. Veterano de guerra de Malvinas por la Fuerza Aérea Argentina), “Yo quiero decir como Daniel Herling”, me decía cuando era chiquito.
El más chiquito siempre dijo que él iba a ser ingeniero informático, hace unos años se recibió, es jovencito, tiene su título y está trabajando de lo que más le gusta.
¿Cómo te encuentra este último vuelo?
LB: Me tenía que haber jubilado hace unos años, pero quería seguir trabajando, me sentía bien, me sentía cómoda. Me gusta lo que hago, pero hace un tiempo que decía: “Ya tengo que dejar”. Y los chicos también me decían: ‘Mami, basta ya, basta, descansa, viaja’.
Estoy tranquila, estoy conforme con lo que hice. Creo que ayudé quizás a muchas familias que estaban desesperadas por su familiar o a los mismos pacientes.

Siempre traté de hacer lo mejor posible de mi parte para el beneficio del paciente y evitar cometer errores. Somos humanos, ser médico no significa que no puedas llegar a tener algún error, pero hay minimizar los riesgos porque eso pasa un poco por la responsabilidad de cada uno y cumplir las normas y procedimientos que son estándares en la medicina aeronáutica, en la aeroevacuación.
Hay cosas a las que hay que decir que no y que no sube el paciente hasta que no se compense porque al subirlo el riesgo es mayor, tenés presiones, ya sea de un jefe, una presión, “política”, pero uno tiene que explicar por qué sí, por qué no y la otra parte entiende, todos estamos mejor, y hacemos la tarea de la mejor manera posible.
No me puedo quejar, siempre me entendieron y muchas veces me han pedido opiniones en algunas situaciones, creo que por mi experiencia y tantos años trabajando.
Siempre traté de ser coherente, de aplicar todas las normas y los procedimientos, de respetarlos. No porque uno está acostumbrado a hacer una práctica, significa que no vas a tener una mala consecuencia. Así que siempre se busca minimizar los riesgos y no cometer errores.
La Dra. Behr reconoce que después de tantos años de trabajo va a extrañar que el teléfono suene avisándole de un nuevo vuelo sanitario en el interior de la provincia o hacia otra provincia, prepararse y acompañar al paciente. Ahora, llegó su momento de viajar por placer y como nunca realizó el curso que le mencionó hace más de 30 años a su padre, tal vez la próxima vez que Liliana Behr se suba a una aeronave ya sea como piloto.
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