“El exceso de estímulos, informaciones e impulsos que caracteriza nuestra época modifica radicalmente la estructura y la economía de la atención”, comienza así su capítulo titulado: “El aburrimiento profundo” (*) Byung-Chul Han, filósofo surcoreano contemporáneo que realiza un interesante análisis del estado de nuestra civilización.
Por este motivo, continua, la percepción queda fragmentada y dispersa. Además el aumento de carga de trabajo requiere una particular técnica de administración del tiempo y la atención, que a su vez repercute en la estructura de esta última. A esta técnica se la llama multitasking (multi-tarea que no es una habilidad para la cual esté capacitado únicamente el ser humano moderno de la sociedad del trabajo y la información.
El multitasking está ampliamente extendido entre los animales salvajes. Es una técnica de atención imprescindible para la supervivencia en la selva. Un animal ocupado en alimentarse ha de dedicarse, a la vez, a otras tareas. Por ejemplo, mantener alejados a sus enemigos del botín, cuidarse además de no ser devorado mientras se alimenta. Al mismo tiempo, tiene que vigilar su descendencia y no perder de vista a sus parejas sexuales.
El animal salvaje está obligado a distribuir su atención en diversas actividades. De este modo, no se halla capacitado para una inmersión contemplativa.
Muchas actividades que realizamos actualmente suscitan una amplia, pero superficial atención, lo que provoca que la sociedad humana se acerque cada vez más al salvajismo.
Los logros culturales de la humanidad, a los que pertenece la filosofía, se deben a una atención profunda y contemplativa. La cultura requiere un entorno en el que sea posible una atención profunda. Esta es reemplazada por una forma de atención por completo distinta, la hiperatención. Estar ocupado en varias tareas a la vez tampoco admite aquel aburrimiento profundo, que sería de cierta importancia para un proceso creativo.
La pura agitación no genera nada nuevo. Reproduce y acelera lo ya existente, continua diciendo el autor.
Sin relajación se pierde el “don de la escucha” y la “comunidad que escucha” desaparece. A esta se le opone diametralmente nuestra comunidad activa. El “don de la escucha” se basa justo en la capacidad de una profunda y contemplativa atención, a la cual el ego hiperactivo ya no tiene acceso.
Da el ejemplo de que correr no constituye ningún movimiento nuevo, sino un caminar de manera acelerada. La danza o el andar como si estuviera flotando, en cambio, consisten en un movimiento del todo diferente. Unicamente el ser humano es capaz de bailar. La danza, con sus movimientos llenos de arabescos, es un lujo que se sustrae totalmente del principio de rendimiento.
Paul Cézanne, aquel maestro de la atención profunda y contemplativa, dijo alguna vez que podía ver el olor de las cosas. Dicha visualización de los olores requiere de una atención profunda. Durante el estado contemplativo, se sale en cierto modo de sí mismo y se sumerge en las cosas. “Al comienzo, trataba de hacerse una idea de los estratos geológicos. Después ya no se movía de su lugar y se limitaba a mirar, hasta que sus ojos”, como decía madame Cézanne, se le salían de la cabeza (?).
El arte es un “acto de expresión”. Incluso Nietzsche, que reemplazó el ser por la voluntad, sabe que la vida humana termina en una hiperactividad mortal, cuando de ella se elimina todo elemento contemplativo.
Por falta de sosiego, nuestra civilización desemboca en una nueva barbarie. En ninguna época se han cotizado más los activos, es decir, los desasosegados. Cuéntase, por tanto, entre las correcciones necesarias que deben hacérsele al carácter de la humanidad el fortalecimiento en amplia medida del elemento contemplativo. (F. Nietzsche, Humano, demasiado humano, Madrid, akal, 2007).
Bibliografía: (*) Byung-Chul Han “La sociedad del cansancio” Ed. Herder.
Lic. Natalia Pelizzetti
Equipo de Coordinación GIA- HRRG.
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