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La reciente aparición de carne de burro en una carnicería de Trelew instaló un debate nacional sobre su consumo. Sin embargo, detrás de esa experiencia piloto existe un proyecto productivo más amplio que apunta a un negocio global: la producción de ejiao, una gelatina medicinal de alto valor en China.

El emprendimiento “Burros Patagones”, impulsado por el productor Julio Cittadini en la zona de Punta Tombo, no se limita a la venta de carne. Desde su origen, el plan al que tuvo acceso La Opinión Austral, contempla el aprovechamiento integral del animal, con foco en la exportación de subproductos derivados de la piel.

Qué es el ejiao y por qué genera interés internacional

El ejiao es un producto tradicional de la medicina china que se obtiene a partir del colágeno de la piel de burro. Se utiliza desde hace siglos para tratar afecciones como problemas sanguíneos, insomnio o mareos, aunque su eficacia científica no cuenta con respaldo concluyente.

El ejiao es un producto comercializado como suplemento de salud que utiliza colágeno extraído de la piel de burro.

La demanda de este producto creció de forma sostenida en los últimos años y dio lugar a una industria valuada en miles de millones de dólares. Solo en China, el mercado superó los 6.800 millones de dólares y mantiene una proyección en alza.

Este crecimiento generó una fuerte presión sobre la población mundial de burros. En China, el stock cayó drásticamente, lo que obligó a buscar proveedores en otros países.

Escasez global y presión sobre el mercado

El auge del ejiao provocó una crisis internacional en la disponibilidad de burros. Se estima que cada año se sacrifican millones de animales para abastecer esta industria.

En Trelew, este jueves se realizó una degustación de carne de burro.

La caída del stock en China derivó en la importación de pieles desde África, donde el comercio —muchas veces ilegal— generó impactos sociales y económicos en comunidades rurales que dependen de estos animales.

En este contexto, proyectos como el de Chubut aparecen como potenciales proveedores dentro de un mercado que busca abastecimiento constante, aunque también quedan bajo la lupa por los debates sobre bienestar animal y regulación.

Burros Patagones: un modelo productivo integrado

El proyecto desarrollado en la Estancia Guillermina propone un sistema integral que combina ganadería asinina con producción de nopal forrajero, adaptado a condiciones áridas de la Patagonia.

El trasfondo del proyecto: mucho más que carne.

El establecimiento cuenta con alrededor de 100 animales destinados a cría, con un esquema que apunta a diversificar ingresos a través de múltiples productos: carne, animales en pie, pieles y subproductos industriales.

El modelo se basa en la sustentabilidad, el uso eficiente de recursos y la integración entre producción animal y vegetal. El estiércol se utiliza como fertilizante para cultivos de nopal, mientras que esta planta funciona como reserva estratégica de alimento en contextos de sequía.

El poyecto de Julio Cittadini incluye el cultivo de nopal forrajero.

Un negocio que se vuelve rentable con escala

Según el planteo productivo, el éxito del proyecto depende de la incorporación de otros productores que permitan alcanzar un volumen suficiente para abastecer el mercado.

Julio Cittadini, productor de Burros Patagónicos, dialogó con Crónica TV.

El esquema económico prevé ingresos por carne, pieles y eventualmente ejiao. Este último representa el mayor valor agregado, con potencial de generar entre 12.000 y 20.000 dólares adicionales anuales una vez consolidada la producción.

El modelo se presenta como una alternativa viable para campos que quedaron fuera del circuito ovino y no son aptos para ganado vacuno, aprovechando la rusticidad del burro y su capacidad de adaptación.

La prueba piloto que desató el debate

La comercialización inicial en Trelew funcionó como una prueba para medir la aceptación del producto. La carne se vendió a $7.500 el kilo y se agotó rápidamente, lo que sorprendió incluso a los impulsores del proyecto.

Fuerte polémica por la venta de carne de burro en Argentina.

Además, se organizó una degustación pública que convocó a un gran número de personas, evidenciando curiosidad y apertura hacia nuevas opciones alimentarias.

A pesar del éxito inicial, la comercialización permanece limitada por cuestiones regulatorias y a la espera de habilitaciones definitivas.

Legalidad y límites en Argentina

La producción y venta de carne de burro no están prohibidas en el país, siempre que cumplan con los controles sanitarios correspondientes. En este caso, la experiencia contó con autorización provincial y supervisión bromatológica.

Sin embargo, la falta de frigoríficos habilitados para tránsito federal impide su distribución fuera de Chubut, lo que limita su crecimiento a escala nacional.

Esta barrera también condiciona el desarrollo del negocio exportador, clave para el subproducto del ejiao.

Una alternativa frente a la crisis ovina

El proyecto surge en un contexto de fuerte caída de la ganadería ovina en la Patagonia. Factores como depredadores, costos elevados y degradación del suelo llevaron al abandono de numerosos campos.

Julio Cittadini, el productor de carne de burro.

En ese escenario, el burro aparece como una opción productiva viable. Su resistencia a condiciones adversas y su menor requerimiento de recursos lo posicionan como un “comodín” para sostener la actividad rural.

Entre la oportunidad económica y la polémica global

El desarrollo del ejiao como motor económico abre una oportunidad concreta para productores argentinos, pero también plantea interrogantes.

A nivel internacional, el crecimiento de esta industria generó críticas por el impacto en la población de burros y las condiciones de producción en algunos países.

En Argentina, el desafío será avanzar en un marco regulatorio claro que permita aprovechar el potencial económico sin descuidar los estándares sanitarios y el bienestar animal.

Un mercado en construcción

El caso de Chubut marca el inicio de una actividad inédita en la región. La combinación entre producción local, agregado de valor y demanda internacional configura un escenario con alto potencial, pero aún en etapa inicial.

El futuro del proyecto dependerá de su capacidad para escalar, adaptarse a las normativas y consolidar mercados, tanto internos como externos. Mientras tanto, la carne de burro funciona como la cara visible de un negocio mucho más amplio que recién comienza a desarrollarse.

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