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El 18 de febrero de 2026 quedará marcado como el día en que una de las marcas industriales más emblemáticas de la Argentina bajó la persiana. Después de más de 80 años de producción ininterrumpida, FATE cerró su planta de San Fernando y dejó a 920 trabajadores sin empleo.

La decisión fue tomada por el holding que encabeza Javier Madanes Quintanilla, presidente y principal accionista del grupo que controla tanto FATE como Aluar, la única productora de aluminio primario del país.

Javier Madanes Quintanilla, dueño de FATE y Aluar, uno de los empresarios más ricos de Argentina.

El impacto no se limita a la pérdida de puestos de trabajo. El cierre altera el equilibrio de un mercado que hasta ahora estaba dominado por tres grandes fabricantes con producción local y que ya atravesaba una crisis profunda por la caída del consumo y la apertura comercial.

El tablero tras el cierre

Trabajadores de Fate se agruparon en la histórica planta de San Fernando tras la noticia de su cierre. FOTO: Maximiliano Luna / INFOBAE

Hasta ahora el mercado local estaba conformado por tres fabricantes con planta en el país. Además de FATE, operan Bridgestone Argentina —subsidiaria de la japonesa Bridgestone, que también produce bajo la marca Firestone en Llavallol— y Pirelli Argentina, subsidiaria del grupo italiano con planta en Merlo.

Con la salida de FATE, el mercado queda reducido a dos productores locales que deben competir con un ingreso masivo de neumáticos importados, especialmente de Asia. En diciembre de 2025, el sector automotriz y de caucho registró uno de los niveles de uso de maquinaria más bajos de la historia reciente. Las plantas operaban en torno al 50% de su capacidad instalada, e incluso algunas líneas al 33%.

Las importaciones alcanzaron picos históricos cercanos a las 900.000 unidades mensuales. Los precios cayeron más de un 40% respecto de años anteriores, equiparándose a los de países como Chile o Uruguay. La simplificación de trámites como el CHAS facilitó el ingreso de cubiertas extranjeras con menores costos.

En ese contexto, FATE se convirtió en la primera gran víctima.

Fate difundió un comunicado en el que explicó que el cierre responde a un cambio en las condiciones de mercado.

“Los cambios en las condiciones de mercado nos obligan a encarar los desafíos futuros desde un enfoque diferente, sin dejar de valorar la vocación industrial que nos ha definido siempre durante todo este tiempo”, señaló la compañía.

La firma, con más de 80 años de trayectoria, remarcó su identidad como empresa de capitales argentinos y destacó su aporte histórico al empleo y al entramado productivo local.

“Fate es una empresa de capitales argentinos que durante más de ochenta años generó empleo de calidad, desarrolló proveedores locales, exportó tecnología y contribuyó al entramado productivo del país. Esa identidad nos define y nos acompañará en los desafíos que se presenten hacia adelante”, agregaron.

El efecto dominó en las terminales

El cierre impacta directamente sobre la industria automotriz. FATE era proveedor histórico de equipo original para terminales como Stellantis (Peugeot, Citroën y Fiat), Renault, Volkswagen, Ford Motor Company, Nissan, Mercedes-Benz e Iveco.

Equipaba modelos fabricados en El Palomar, Ferreyra, Santa Isabel y General Pacheco, entre otras plantas. Sin su producción, y sin tener confirmado si seguirá siendo proveedor de neumáticos importados, las automotrices enfrentan el riesgo de suspender líneas por el sistema de abastecimiento “just in time”, ya que la homologación de nuevos proveedores no es inmediata.

El dueño: fortuna, Estado y controversias

Madanes Quintanilla figura entre los empresarios más ricos del país. Según rankings de Forbes, ocupa el puesto 18 en Argentina, con un patrimonio familiar estimado en 590 millones de dólares, aunque otras estimaciones lo ubican en cifras superiores.

Controla un grupo que integra FATE, Aluar y activos energéticos. Aluar produce más de 460.000 toneladas anuales de aluminio primario en Puerto Madryn y es considerada estratégica por su integración vertical, que incluye la central hidroeléctrica Futaleufú y participaciones en transporte eléctrico.

El grupo fue beneficiario de políticas de industrialización sustitutiva y créditos estatales. En 1982, la deuda privada de FATE por 223 millones de dólares fue estatizada. Durante distintos gobiernos recibió subsidios y beneficios.

Los Madanes también aparecieron en investigaciones internacionales como Panama Papers y Pandora Papers, con sociedades offshore en Islas Cook, Bahamas, Islas Vírgenes y Panamá, con conexiones a cuentas en Suiza. Según publicaciones periodísticas, tras la difusión de esa información algunos integrantes de la familia se retiraron de participaciones societarias.

En mayo de 2024, FATE despidió casi 100 trabajadores sin presentar preventivo de crisis. La empresa también acumuló denuncias sindicales por accidentes laborales y condiciones de seguridad.

En 2020, el propio Madanes declaró: “No creo que el aporte de grandes fortunas genere un efecto beneficioso. No creo que se llegue a la rebelión fiscal si se aprueba el aporte de grandes fortunas”.

De Saavedra al mayor complejo del sector

La historia de FATE comenzó en 1940, en una planta de 1.000 metros cuadrados en el barrio porteño de Saavedra, donde producía telas impermeables y artículos de caucho. En 1945 inició la fabricación de neumáticos y con el correr de las décadas se convirtió en la única empresa de capitales 100% argentinos del sector.

Su planta de San Fernando, de 40 hectáreas y más de 150.000 metros cuadrados cubiertos, llegó a tener capacidad para producir más de cinco millones de neumáticos anuales. Fabricaba cubiertas para automóviles, camionetas, camiones, ómnibus y maquinaria agrícola, con desarrollos radiales y diagonales.

Fue pionera en 1969 al producir el primer neumático radial para automóviles en Argentina. En 2003 puso en marcha la primera y única planta nacional de neumáticos radiales de acero para camiones y ómnibus, con tecnología de la alemana Continental AG. También desarrolló líneas de diseño exclusivas junto al estudio italiano Pininfarina.

Casi el 66% de su producción se destinaba a exportaciones hacia mercados como Europa y Estados Unidos. Durante años fue líder en exportación dentro del sector.

El cierre tiene implicancias políticas para el gobierno nacional, en un contexto de reformas laborales y apertura de importaciones. FATE no era una empresa menor: era la única fabricante de neumáticos de capital nacional y un símbolo de la industria sustitutiva.

La caída de una compañía con más de ocho décadas de historia, que exportaba a mercados centrales y era proveedora estratégica de la industria automotriz, deja abierto un interrogante sobre el modelo productivo en marcha.

Con casi mil trabajadores en la calle, dos fabricantes locales enfrentando una competencia internacional feroz y terminales que deben reconfigurar su cadena de suministros, el cierre de FATE no es solo el fin de una planta. Es un punto de inflexión para un sector clave de la economía argentina.

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