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Diego Armando Maradona jugó en distintos escenarios del mundo, pero también dejó su huella en la Patagonia. El 13 de febrero de 1980, cuando tenía 19 años, llegó a Río Gallegos con Argentinos Juniors para disputar un partido amistoso frente a la Selección local. Marcó cuatro goles, jugó los 90 minutos y deslumbró a más de 12.500 espectadores en el estadio de Ferrocarril YCF.
Este viernes 30 de octubre, el astro argentino estaría cumpliendo 66 años, recordamos su paso por Río Gallegos, aquella visita que quedó marcada en la historia deportiva de Santa Cruz.
La posibilidad de tener a Maradona en la ciudad comenzó a tomar forma cuando la Selección argentina Sub 20, dirigida por César Luis Menotti y con Diego entre sus figuras, se consagró campeona del mundo en Japón en 1979. En Río Gallegos surgió entonces la idea de organizar un encuentro que permitiera verlo jugar antes de su llegada al fútbol europeo.
El principal impulsor fue Emilio “Pichón” Guatti, quien por entonces presidía la Liga de Fútbol Sur. La gestión comenzó con una pregunta que, en principio, parecía difícil de concretar: “¿Cómo hacemos para traer a Maradona?”, planteó en una reunión con personas vinculadas al deporte.
Para avanzar, recurrió a Julio Gamboa, un vecino de la ciudad que tenía contactos con Argentinos Juniors. Las conversaciones llegaron a buen puerto y se firmó un contrato con una condición central: el equipo debía viajar con Maradona.
“Llegamos a un acuerdo y se firmó un contrato. Pusimos la base de que queríamos ver a Argentinos Juniors, pero con la presencia de Maradona”, recordó Guatti en diálogo con La Opinión Austral.
El encargado de llevar el documento hasta Buenos Aires fue Javier Águila, entonces jugador de Bancruz, quien viajó junto a su esposa el 25 de enero. “Lo entregué en una dirección que estaba escrita”, contó a este medio.
El acuerdo contemplaba 30 pasajes de avión, ida y vuelta, y la presencia de un árbitro de Primera División. El partido quedó programado para el miércoles 13 de febrero de 1980.
La incertidumbre antes de su llegada
La semana previa estuvo marcada por las dudas sobre la participación del futbolista. Desde Buenos Aires llegaban versiones de que Maradona no viajaría por un problema en una de sus rodillas.
Guatti recordó que Horacio García Blanco, periodista de La Oral Deportiva, lo llamaba para transmitirle las novedades. Según relató, le advertían que el médico Raúl Madero sostenía que Diego tenía problemas físicos.
La respuesta del dirigente fue contundente: “Si no viene él, que no me gasten los pasajes. En todo caso lo postergamos para otra oportunidad”.
Incluso cuando recibió la noticia de que Maradona viajaría, pero no jugaría, Guatti mantuvo su postura. “Le dije que si viaja, pero no juega, es como que venga un cantor y cuando llega la hora, pongas un disco. Bajo ningún punto de vista acepté esa tesitura”, recordó.
Finalmente, la delegación de Argentinos Juniors partió desde Aeroparque rumbo a Río Gallegos. En el aeropuerto local esperaba una multitud y también los organizadores, que seguían sin tener certezas hasta que apareció Diego entre los últimos integrantes del plantel, acompañado por su representante Jorge Cyterszpiler.
La llegada fue un alivio. Sin embargo, después del almuerzo comenzaron a circular nuevos rumores sobre su estado físico. Se decía que tenía dolores estomacales y que podía no jugar.
Los dirigentes de la Liga Sur se acercaron al hotel Santa Cruz para intentar resolver la situación. Allí surgió una propuesta: acercarle una pelota, porque el fútbol era su pasión.
Cuando Maradona bajó por las escaleras y vio el balón, comenzó a dominarlo en medio de la confitería, entre las mesas y los platos. La escena sorprendió a todos los presentes.
Carlos Gehl, entonces secretario de la Liga Sur, recordó aquel momento en diálogo con La Opinión Austral: “No sabíamos si era verdad o no que no quería jugar. Él es muy especial. Lo cierto es que empezó a dominar de zapatillas y quedamos sorprendidos”.
Cuatro goles y una tarde histórica en Ferrocarril YCF
El estadio Aníbal Rey Méndez de Ferrocarril YCF fue acondicionado especialmente para el encuentro. El Ejército Argentino instaló tribunas desmontables y Vialidad Provincial trabajó sobre el campo de juego, que era de tierra y piedra.
La convocatoria superó las expectativas: se vendieron 12.500 entradas y llegaron espectadores de localidades cercanas e incluso del sur de Chile.
La tarde del miércoles 13 de febrero estaba nublada y fresca. La cancha se encontraba húmeda y el estadio estaba colmado. Maradona saltó al campo de juego con la camiseta número 10, la cinta de capitán y sus botines Puma.
Argentinos Juniors formó con Mario Alles; Abelardo Carabelli, Rubén Pagnanini, Néstor DAngelo, Adrián Domenech; Rubén Ríos, Daniel García, Diego Maradona; Héctor Arrieta, André y Hugo Saggioratto. El entrenador era Hugo Spadaro.
Y la Selección de Río Gallegos salió con Valerio Martínez; Jorge Cáceres, Marcos Aguilar, “Borellio” Maldonado, Aníbal Becerra; Abel Burgos, “Pipi” Calderón, Jorge Nicolai; Javier Águila, Eduardo Añón y Ángel “Lobo” Pereyra. El técnico fue Mario Rodríguez. Del Bello, acompañado por los líneas Gerez y Escudero, le dio comienzo al partido.
El encuentro comenzó con una sorpresa. La Selección de Río Gallegos se puso 2 a 0 arriba con goles de Ángel “Lobo” Pereyra y Eduardo Añón.
Pero Argentinos Juniors comenzó a imponer su jerarquía. Maradona convirtió dos goles de tiro libre y uno de penal durante la primera etapa. El primer tiempo terminó 3 a 2 a favor del equipo visitante.
Eduardo Añón, uno de los futbolistas del conjunto local, recordó una particularidad de aquel partido: “El árbitro cobraba tiros libres cerca del área para que le pegara Maradona”, contó a La Opinión Austral.
En el segundo tiempo, Argentinos Juniors amplió la diferencia. Vidal puso el 4 a 2, Pereyra volvió a descontar para los locales y luego llegaron los goles de Ríos, Maradona —de penal— y André, para establecer el 7 a 3 definitivo.
De esta manera, Diego completó los cuatro goles de su cuenta personal y disputó los 90 minutos.
Pero aquella tarde también dejó otras imágenes que sus rivales no olvidaron. Néstor “Pato” Estévez, quien ingresó y jugó gran parte del encuentro, recordó una jugada que lo tuvo como protagonista.
“Me acuerdo que nos dijeron que bajemos la pierna en el entretiempo. Después, en una jugada, Maradona me tiró la pelota por encima de rabona y asistió a Rubén Favret. Fue impresionante. Algo que puedo decir con orgullo es que luego le pude quitar la pelota. Fue un día increíble”, relató a este medio.
El recuerdo de quienes jugaron con Maradona
Después del encuentro, los futbolistas, dirigentes y miembros del cuerpo técnico hicieron fila para fotografiarse con Diego. La gente lo ovacionó y los jugadores locales se llevaron una experiencia que conservaron durante décadas.
Añón también recordó lo que significó compartir la cancha con el futbolista que ya era una de las grandes figuras del país.
“Fue hermoso compartir una cancha con Maradona. No sé cómo explicarlo. Había tanta admiración con Diego. Tenerlo ahí. Sólo lo miraba. ¡Hacía unos enganches! Y nos quedó la sensación de que no estábamos tan lejos si entrenábamos”, expresó.
La jornada continuó con una cena en el Automóvil Club de Río Gallegos. Más tarde, Maradona pasó por Luis XV, un bar ubicado sobre la calle España, donde también compartió un momento con Estévez.
Durante la madrugada, la delegación emprendió el regreso a Buenos Aires. Aquella fue la única vez que Maradona jugó en una cancha de Santa Cruz.
Después llegarían otros capítulos de su carrera: Boca Juniors, Barcelona, Napoli, Sevilla, Newell’s Old Boys y la consagración con la Selección argentina en el Mundial de México 1986.
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