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La sala del Tribunal Oral Federal de Río Gallegos volvió a convertirse este jueves en escenario de una jornada cargada de tensión, tecnicismos y momentos de profunda emoción durante la vigésima audiencia del juicio que busca determinar responsabilidades por el hundimiento del submarino ARA San Juan, la tragedia naval que conmocionó a la Argentina y dejó una herida abierta en la memoria colectiva del país.
Frente a los jueces Mario Reynaldi, Luis Giménez y Enrique Baronetto, desfilaron nuevos testigos que aportaron detalles técnicos, operativos y humanos sobre el estado del submarino y las decisiones adoptadas por la Armada antes de la desaparición de la nave ocurrida en noviembre de 2017, tal como viene ocurriendo en las últimas 16 audiencias que están siendo cubiertas de manera exclusiva por La Opinión Austral desde principios de marzo, tras las indagatorias de los acusados.
En el banquillo continúan sentados los ex altos mandos Claudio Villamide, Luis Enrique López Mazzeo, Héctor Alonso y Hugo Correa, acusados por incumplimiento de deberes, omisión y estrago culposo.
Por cuarta vez esta semana estuvieron presentes de manera conjunta las abogadas querellantes Valeria Carreras y Lorena Arias, representantes de la mayoría de las familias. En paralelo, el abogado querellante Luis Tagliapietra siguió el debate de forma virtual, mediante Zoom.
La mañana comenzó con la declaración del
, submarinista y ex jefe del Estado Mayor de la Armada, quien debió responder sobre distintos aspectos vinculados al estado operativo del ARA San Juan durante el proceso de reparación de media vida.
Ante las preguntas de las querellas y del fiscal, Erice explicó que durante ese período se había dispuesto una limitación preventiva de inmersión a 100 metros. “Podía bajar más, pero preventivamente y porque no se había realizado la prueba de profundidad se decidió la restricción”, sostuvo. La frase generó atención inmediata en la sala. La discusión sobre las pruebas pendientes y las condiciones reales de operatividad del submarino atraviesa buena parte del debate judicial.
Minutos después, al exhibírsele documentación vinculada al ingreso del submarino a dique seco, Erice reconoció que la nave debía haber sido ingresada en 2015. Sin embargo, admitió que en 2017 esa tarea aún no se había concretado y aseguró desconocer las razones. El testigo también relató cómo tomó conocimiento de la tragedia. “Me enteré al día siguiente por los medios de comunicación”, afirmó. Luego explicó que llamó al entonces jefe de la Armada, Marcelo Srur, y se puso a disposición.
En otro tramo relevante, Lorena Arias le consultó sobre el ejercicio realizado por el submarino el 11 de noviembre de 2017, conocido como “penetración del núcleo cortinado”. Erice respondió que se trataba de “un ejercicio simple y de bajo riesgo”, una afirmación que volvió a poner sobre la mesa las discusiones sobre la peligrosidad real de la misión que realizaba el ARA San Juan en sus últimos días.
Emocionante relato
Tras un cuarto intermedio, llegó uno de los momentos más sensibles de la jornada con el testimonio del
, submarinista, electricista y ex tripulante del San Juan, quien además reconoció mantener una amistad de décadas con el imputado Claudio Villamide.
Flamino reconstruyó parte de su trayectoria y recordó haber estado a bordo del submarino durante la década del noventa y posteriormente en patrullas realizadas en 2006 y 2007.
El fiscal le exhibió entonces el parte emitido por el comandante del submarino donde se informaba el ingreso de agua, el cortocircuito y el principio de incendio registrados durante la navegación previa al hundimiento. El testigo explicó que esa situación “pudo haberse producido por la válvula E19” y detalló que el inconveniente habría estado relacionado con una falla de estanqueidad. “Pudo pasar que quedó un poco abierta”, señaló.
La explicación técnica se desarrolló en medio de un silencio absoluto en la sala, donde familiares de los tripulantes siguieron cada palabra con atención. Cada referencia a fallas, válvulas o sistemas operativos parece reconstruir, pieza por pieza, las horas previas al desastre.
Más adelante, Flamino confirmó que viajó a Alemania tras el hundimiento para colaborar en las tareas orientadas a determinar qué había sucedido con el submarino.
Sin embargo, el momento más conmovedor llegó cuando Luis Tagliapietra le preguntó si conocía personalmente a los tripulantes del ARA San Juan. “Sí… a algunos los conocía desde chicos, adolescentes”, respondió el vicealmirante. Su voz comenzó a quebrarse. “A algunos de los chicos los retaba y los abrazaba”, alcanzó a decir antes de detenerse para tomar agua e intentar recomponerse. La escena impactó de lleno en la audiencia. El silencio volvió a dominar la sala mientras el testigo intentaba continuar con su declaración.
En otro tramo del interrogatorio, Valeria Carreras le preguntó sobre el estado operativo del submarino durante los años en que navegó en él antes de la reparación de media vida. Flamino respondió que el San Juan estaba “operativo”, aunque aclaró que durante ese período sólo navegaba en superficie.
La respuesta abrió un nuevo foco de discusión dentro de la querella. La idea de que un submarino considerado “operativo” navegara únicamente en superficie dejó flotando interrogantes sobre los estándares internos de habilitación técnica dentro de la Armada.
La tensión jurídica escaló todavía más cuando el abogado defensor Juan Pablo Vigliero pidió al testigo que describiera personalmente a Villamide, pese a reconocer que ambos mantenían una amistad de más de cuarenta años y habían compartido promoción naval.
La querella se opuso inmediatamente por considerar subjetiva la pregunta. Sin embargo, el tribunal decidió habilitarla. “Siendo que es habitual el testigo de concepto como en casos de narcotráfico, vamos a hacer lugar a la pregunta”, señalaron los jueces.
La resolución derivó en una respuesta filosa de la querella. “No formulamos reservas porque coincidimos con lo resuelto por el tribunal. Todo imputado, abusador, asesino, estafador o narcotraficante tiene derecho de defensa, incluidos los testigos familiares y de concepto”, expresaron.
Algunas “imprecisiones”
La jornada continuó con la declaración del contralmirante Rodrigo Fabián Ataún, actual director general de Administración Financiera y Presupuesto de la Armada, submarinista desde 1995 y ex jefe del Arsenal Naval Mar del Plata entre 2017 y 2018.
Su exposición estuvo marcada por cuestiones estrictamente técnicas vinculadas al funcionamiento interno del submarino y al mantenimiento de distintos sistemas. “Estaban activos los sistemas de ventilación y de control de atmósfera. Los canisters estaban funcionando y tenían un desempeño similar a los que estaban fuera de fecha de vencimiento”, explicó.
Ataún también dejó una frase que resonó con fuerza en la sala: “El problema no fue no hacer las pruebas clave, sino no haber llevado los mecanismos nuevamente a la condición de inmersión”, afirmó al referirse a los incidentes registrados con los canisters en julio de 2017.
Más adelante, describió inconsistencias detectadas en documentación técnica de octubre de ese mismo año. “Hay pequeños errores, pero sustanciales”, sostuvo al analizar planillas relacionadas con reparaciones y obras realizadas en válvulas del submarino. “Acá aparece al 80% y estaban al 100%. Me fijé porque era una de las novedades de julio”, detalló, aludiendo a los trabajos sobre las válvulas ECO 17 y ECO 18.
Pero fue el cierre de su declaración el que terminó dejando una de las frases más contundentes y emotivas de toda la audiencia.
“Me gustaría agradecer al tribunal. No está permitiendo que se trate a los 44 tripulantes como neófitos del mar que desconocían los riesgos de la profesión que todos abrazamos. No está permitiendo que se los trate como gente que fue mandada a morir”, expresó.
Y concluyó con palabras que atravesaron la sala como un golpe seco: “Por memoria de ellos, están permitiendo que se los recuerde como marinos de guerra que naufragaron lamentablemente cumpliendo un acto de servicio”.
Inspección
Para la jornada del viernes, las partes intervinientes viajarán a la ciudad de Mar del Plata para hacer una inspección. Tal como lo adelantó La Opinión Austral de manera exclusiva, este 8 de mayo se realizará una tarea en las instalaciones del ARA Santa Cruz.
El ARA Santa Cruz permanece fuera de servicio desde 2014, cuando ingresó a Tandanor para una reparación de media vida que nunca se completó. Desde entonces, no volvió a navegar. En 2019, la Armada Argentina rescindió el contrato y la nave quedó definitivamente fuera de operación. Según se indicó en el juicio, actualmente está en proceso de desguace y podría ser vendida como chatarra en el corto plazo.
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