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Por Jorge Cicuttin
“Estamos mal, pero vamos bien”, dijo el entonces presidente Carlos Saúl Menem, en momentos complicados de su primer mandato, en un intento de frenar el descontento social y las dudas que generaban en la población los problemas económicos diarios.
“Pedimos paciencia. El rumbo es el correcto. Cambiarlo sería dinamitar lo logrado”, escribió el jueves último en X el actual presidente Javier Milei a pocos días de que se conozcan los datos de la inflación de marzo, que marcarán 10 meses de suba continua.
Frases presidenciales que, con distintas palabras, apuntan hacia lo mismo: salir a frenar un descontento creciente en la sociedad -especialmente en los propios votantes oficialistas-, por la realidad económica y social, asegurando un futuro venturoso. La luz aparecerá al final del túnel, aunque éste se alargue cada vez más y se estire la llegada del final feliz.
A diferencia de Carlos Menem, Milei mezcla el pedido empático con los mensajes furiosos. Porque la culpa de los pesares actuales y la demora en llegar al final luminoso la tienen los otros.
El pedido de paciencia se produce en momentos en que todas las encuestadoras registran un deterioro de la imagen presidencial y del optimismo sobre el futuro. Señalando culpables y a regañadientes el Presidente debió admitir que la economía se estancó después del primer trimestre de 2025 y que los próximos datos sobre inflación, pobreza y desempleo no serán buenos.
En un llamado a que renazca la esperanza, Milei prometió que “en el segundo trimestre la actividad empieza a levantar. No hay que asustarse con el número de febrero. Y la tasa de inflación va a empezar a caer. Hacia adelante vienen más actividad, más empleo, mejores salarios reales y menos inflación”, dijo, en una entrevista que le hicieron unos amigos en la televisión pública.
Ocurre que la esperanza decae en la medida en que la “zanahoria” se ubica cada vez más lejana mientras siguen los “palos”. El mismo Milei decía a finales de 2024 que “de acá en adelante solo vienen buenas noticias”. Y en el Congreso, el 1 de marzo pasado, aseguró que “la malaria se ha terminado”.
De pronto aparecen dos Milei.
El que pide paciencia porque reconoce que la situación que viven muchos argentinos es mala.
El otro es el que responsabiliza al periodismo de falsear datos y “envenenar a la gente”.
“Dicen que la gente no llega a fin de mes y que no puede consumir, pero sucede que el consumo está en máximos históricos”, lanzó sin fundamentar con ningún dato.
“El 95 por ciento de los periodistas argentinos son delincuentes” y “escriben por mandato de otros países o financiados por otros países o para medios que tienen conflicto con el Gobierno porque quieren prebendas.”
Milei salió al cruce de los datos duros de la realidad porque quien era hasta estos días su mejor y habitual vocero ya no puede hacerlo. Hablamos de Manuel Adorni, un jefe de Gabinete que lo tienen “escondido” del periodismo.
El Presidente calificó de “maravilloso” a Adorni, cuando las encuestas arrojan que el 70% de los argentinos lo cree culpable de las irregularidades de las que se lo acusa.
Pero no quedó ahí. Milei también defendió a los funcionarios que participaron del escándalo por la toma de multimillonarios créditos hipotecarios en el Banco Nación. Su argumento defensivo es, cuanto menos, polémico: “La pregunta es, ¿haber tomado ese crédito mató gente? ¿Violentó el derecho a la vida y mató gente? No. Con lo cual, el primer punto, digamos, de nuestros valores morales que definen la moral como política de Estado, no está vulnerada”, dijo y añadió otro condimento: “¿Alguien perdió la libertad por eso? No.”
Un argumento que hasta se podría aplicar a “los bolsos de José López”.
Esto puesto en la boca de un sector político que frente al kirchnerismo aseguraba que “la corrupción mata”, suena ridículo.
Este martes que viene será informado el IPC de marzo. Antes que el dato de la inflación, el INDEC publicó esta semana informes con cifras negativas sobre la industria y la construcción. Cuando se devele el número de marzo van a ser 10 meses de alza después de la reducción inicial.
La promesa presidencial que asegura que en agosto de este año la inflación comenzará con cero parece cada vez más incierta.
“Paciencia”, pide Milei, porque “estamos mal pero vamos bien”. A muchos se les hace difícil creerle.
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